Adamuz: podríamos haber sido nosotros
La red ferroviaria es una de las grandes expresiones del Estado y el interior de los vagones el lugar donde todos los ciudadanos compartimos el mismo deseo: llegar


Mi hermana a veces me manda vídeos en los que se pueden ver convoyes japoneses haciendo un plácido recorrido frente al mar. Atardece y el cielo es tan azul como naranja. El interior de los vagones está ya encendido y las personitas en sus asientos son marionetas de un guiñol de sombras. Parecen escenas reales de El viaje de Chihiro. Me los manda sin decir nada y las dos sabemos que nos recuerdan a aquellos minutos repetidos tantas veces al volver del pueblo de la abuela al final del día, cuando el coche familiar se paraba frente a un paso a nivel. Si a lo lejos una sirena enloquecida llenaba el aire crepuscular significaba que después se bajaba la barrera, con sus rayas negras y blancas y sus luces rojas. Cuando por fin pasaba el tren nos quedábamos maravilladas mirándolo mientras el efecto Doppler disolvía las campanas. Había un consuelo indescriptible en la visión de aquel gusano metálico y todavía no entendíamos por qué. Éramos demasiado pequeñas para comprender que la barrera era un símbolo de protección, el movimiento perpetuo contra el paisaje quieto, de un sistema común que late; las vías, la evidencia de una red compartida y las siluetas humanas dentro de cajas de luz, un recordatorio de que siempre hay alguien, que como nosotras, solo quiere volver a su hogar. No sabíamos entonces que la red ferroviaria es una de las grandes expresiones del Estado, la infraestructura pública por excelencia (con permiso de los hospitales), y el interior de los vagones el lugar donde todos los viajeros compartimos el mismo deseo: llegar. El desgarro por un accidente como el de Adamuz se siente inmenso porque es colectivo y ciudadano. Muchos lo conocíamos ya del accidente de Angrois, aquel que hizo responsable de la temeridad institucional a un simple maquinista. Esta vez, uno de los conductores no ha vivido para que le echen esa carga a la espalda. Hay un lema que nació tras un atentado infame que al igual que este desastre llenó de amasijos de hierro unas vías: “Todos íbamos en aquel tren”. La noche de Adamuz, podríamos haber sido nosotros.
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