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COLUMNA
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La portera

La vida nos educa y hay gente sin reconocimiento público que nos regala sus lecciones, su manera de ser, al cruzarse en la vida con nosotros

Uno se acostumbra a agradecer las enseñanzas de los grandes maestros. Artistas, escritores, periodistas decentes o catedráticos universitarios son parte decisiva de nuestra formación. Pero no conviene olvidar que la vida nos educa y que hay gente sin reconocimiento público que nos regala sus lecciones, su manera de ser, al cruzarse en la vida con nosotros. Aprendemos de un vecino del barrio, una compañera de estudios, el camarero del bar de siempre o la señora que lleva la tienda de la esquina. Según pasan los años, me acuerdo mucho de Enriqueta, la portera del edificio en el Paseo de la Bomba al que mis padres se mudaron cuando yo acababa de cumplir 11 años. La recuerdo en el portal, sentada con la costura en sus manos y con una paciencia amable para soportar las travesuras de los niños del edificio y de los amigos del barrio. La bomba del Paseo se relacionaba con una antigua bomba de agua, pero los niños éramos un bombardeo muy ruidoso, una crispación que subía o bajaba las escaleras con los zapatos sucios y los gritos en la boca.

Enriqueta tenía mucha paciencia. Mientras llegábamos en tromba o desaparecíamos, nos miraba con tranquilidad y nos pedía que tuviésemos cuidado para no hacernos daño. Luego se levantaba, buscaba una escoba, una fregona, y procuraba limpiar la crispación para que la convivencia de los vecinos volviese a la normalidad. Me enseñó poco a poco a respetar los suelos y a respetarme a mí. Cuando entro en algún sitio intento no ensuciar y cuando los rencores se ponen a llover sobre mi país, mis ideas, mi mundo, intento que los zapatos no se manchen de barro, me esfuerzo en saber dónde piso. Enriqueta fue una buena lección de vida. Con ella subí una tarde a la azotea, me vi envuelto por las sábanas blancas tendidas bajo el cielo y amé los paisajes de Granada, una ciudad en la que los edificios mantienen conversaciones estrechas con los campos, la nieve y el Sur.

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