Atrapados en la era Trump
El presidente de Estados Unidos ha cambiado en un año su país y el mundo, pero se puede resistir y evitar el peor escenario


El presidente de Estados Unidos anuncia que impondrá aranceles de hasta el 25% —del 10% a partir de febrero— a ocho países europeos por haber enviado tropas a Groenlandia como mensaje de advertencia contra una posible invasión de la isla, territorio de la OTAN, por parte de Estados Unidos. Una ocurrencia más, un titular que hace solo un año, un par de días antes del pasado 20 de enero, habría sido política ficción. Es el día a día de la presidencia de Donald Trump: una demolición del orden conocido que se ejecuta al ritmo vertiginoso de las redes sociales y para la que el mundo, Estados Unidos, e incluso sus propios votantes, no estaban preparados.
Las advertencias se quedaron cortas. Donald Trump no es el mismo de su primera presidencia. Esta vez, el daño es imposible de ignorar. Rodeado de un equipo de aduladores y fanáticos, investido de un manto de inmunidad e indultado por las urnas de graves crímenes, Trump actúa sin límites. Estados Unidos y la escena internacional llevan así doce meses —el martes se cumple un año de su toma de posesión— a merced de los caprichos, los insultos y las amenazas de un presidente decidido a ejercer un poder autoritario, reventar las costuras de la democracia y vengarse de sus enemigos, una lista que engorda cada vez que alguien levanta la voz contra él.
En política exterior, ha convertido a Washington en un Estado amenazante que interviene militarmente en América Latina y humilla a sus aliados europeos en una apuesta de alto riesgo que está dando alas a China, su gran rival geoestratégico. En el interior, ha sido el año de la impotencia: el sistema de contrapesos institucionales se ha rendido ante el avance autoritario de Trump gracias a un Supremo cómplice y a un Partido Republicano sometido. La demolición institucional no era ningún programa oculto. Trump dijo siempre lo que iba a hacer y está todo por escrito en el programa oficioso de extrema derecha Project 2025, que ha seguido al pie de la letra.
Hay señales de resistencia. Un puñado de jueces y altos funcionarios no han tenido miedo de llevar la contraria al presidente. Las protestas en las calles empezaron tímidamente y han ido creciendo al mismo ritmo que aumentaba un despliegue de tropas nunca visto que realiza detenciones de manera arbitraria como en un Estado policial. El Partido Demócrata, paralizado durante meses sin liderazgo ni mensaje, comienza a utilizar su poder institucional. Una serie de victorias locales el pasado noviembre devolvieron algo de autoestima a millones de votantes demócratas que sienten que no tienen nada que decir en lo que está pasando.
Aquí está el verdadero factor de esperanza. Los votantes estadounidenses pusieron a Trump en la Casa Blanca y solo ellos pueden limitar su poder y, eventualmente, echarlo. Las elecciones legislativas de medio mandato el próximo noviembre se presentan como un momento de doble o nada. Una Cámara de Representantes en manos demócratas supondría un freno instantáneo a cualquier avance legislativo, más un poder casi ilimitado para investigar al Ejecutivo. Trump teme un impeachment. Por eso se puede esperar de Trump y de los republicanos el peor comportamiento posible de aquí a noviembre. La guerra sucia ha comenzado cambiando las leyes electorales y el mapa de las circunscripciones para favorecer a los republicanos.
Echar la vista atrás a 2025 hace temer lo peor para los próximos tres años de mandato de Donald Trump. Hay que animar y defender todos los focos de resistencia a este atropello. Dentro de Estados Unidos, con candidatos demócratas que sean capaces de entender que la angustia económica de la clase media ha desbordado las ideologías, con jueces e intelectuales sin miedo, y con instituciones autónomas que no se sometan a los caprichos del presidente. Fuera, con respuestas mucho más contundentes ante la provocación, la humillación y el desprecio a la legalidad y la historia. Todos tenemos que salir del shock. Ya ha quedado claro que esta era quedará definida por Donald Trump y aún quedan tres años. Pero cómo será el mundo cuando esto acabe es algo que se empieza a decidir ahora.
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