Más truhan que señor
Como siempre que un famoso es acusado de maltrato machista, no tardan nada en salir en tromba los defensores del orden establecido


Yo querría no tener que hablar de violencia sexual nunca más, poder escribir sobre cualquier otra cosa y olvidarme de la náusea, el asco infinito que embarga todo mi cuerpo al leer los testimonios de las víctimas. Querría olvidarme de esos autoproclamados señores que de caballeros nunca tuvieron nada, que se comportaron siempre más como depredadores que como seductores, lo que los convierte en impotentes de la verdadera erótica. La gran frustración vital de Julio Iglesias será la de haber fracasado estrepitosamente como buen amante porque para follar bien hay que reconocer el deseo de la deseada en tanto que ser humano, hay que prestarle más atención de la que uno presta al propio colgajo hiperactivo. Lo que vemos en las imágenes de estos días, el trato dado a las periodistas, no es sexo sino ejercicio de poder. Sus fervientes defensores quitan importancia hasta a lo que vemos con nuestros propios ojos, profesionales de la comunicación agredidas ante las cámaras, zafándose como pueden de los besos ni deseados ni consentidos. Si esto les hacía a las que lo recibían en los platós en público, ¿por qué deberíamos creer que en privado era más comedido, más respetuoso? Como siempre que un famoso es acusado de maltrato machista, no tardan nada en salir en tromba los defensores del orden establecido. Ponen en duda el testimonio de las víctimas, que mienten siempre, resentidas, envidiosas, interesadas, frías y calculadoras. La maldad intrínseca de la mujer sigue bien viva y más si es pobre y es de uno de esos países paradisíacos que tan bien les vienen a los millonarios colonizadores. ¿Qué ganan ellas enfrentándose a una todopoderosa estrella mundial?
Un amigo del cantante, de cuyo nombre espero no acordarme nunca, salió en el programa de Sonsoles Ónega a decir algo así como que si te violan cada día ya nos es violación, que si no lo has denunciado la primera vez después no te quejes. Esos truhanes aduladores de los patéticos machos alfa más deleznables forman parte del problema, de la estructura de impunidad que se establece alrededor de esos dioses tan mundanos. Si hay que sacrificar a las vírgenes en su honor, sean sacrificadas. Pero claro, no son solo hombres los que hablan por Iglesias y desprecian a las denunciantes, también algunas señoras mostraron su falta de empatía alzando la voz a favor del tótem nacional. Será que no saben lo que es ser agredidas sexualmente o creerán que sumándose a las filas del supremacismo machista a ellas no les pasará, que ellas no serán nunca como esas pobres criadas: víctimas.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.
Sobre la firma































































