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La Casa Blanca revisará a fondo los protocolos de seguridad para Trump

La cercanía de acontecimientos como el Mundial de fútbol, que Estados Unidos coorganiza, precipita el estudio de cambios para evitar posibles nuevos intentos de atentado

Cole Allen, tras su detención, el domingo en Washington.FOTO: Molly Riley (White House/Zuma Press/EP)

La Casa Blanca planea una profunda revisión de los protocolos de seguridad después del tiroteo del sábado por la noche en las proximidades de la cena anual de corresponsales en la que participaba por primera vez el presidente Donald Trump. La visita de Estado que comienzan este lunes los reyes de Inglaterra, Carlos y Camilla, a Estados Unidos va a representar la primera prueba para la seguridad presidencial —y de las autoridades internacionales de visita— de Donald Trump tras el suceso, aparentemente el tercer intento de acabar con la vida del mandatario en menos de dos años.

El dispositivo desplegado en torno a la sala de baile del hotel Hilton de Washington y los cerca de 2.500 invitados a esa cena, que incluían a la mayoría de los miembros del Gobierno y numerosos legisladores, funcionó en última instancia. El incidente se saldó sin víctimas mortales ni más heridos que un agente al que el chaleco antibalas le detuvo un proyectil que le alcanzó. El hombre que supuestamente pretendía atacar a cuantos miembros pudiera de la Administración republicana fue interceptado a tiempo y a suficiente distancia. Pero el mero hecho de que el sospechoso pudiera saltar, casi literalmente, el puesto de control ha obligado a replantearse los dispositivos de seguridad presidencial. La todopoderosa jefa de Gabinete de la Casa Blanca, Susie Wiles, ha convocado una reunión esta semana para analizarlos.

En esa reunión estarán presentes representantes clave de las principales agencias de seguridad, para revisar con lupa los protocolos de seguridad en los acontecimientos a los que asista el presidente. Participarán, según ha confirmado la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, “altos cargos del liderazgo del Departamento de Seguridad Nacional, del Servicio Secreto y de nuestras propias operaciones (en la sede presidencial), para garantizar la seguridad del presidente, dados los numerosos acontecimientos en el calendario próximo”.

El calendario, efectivamente, viene cargado de acontecimientos en los próximos meses, tanto al aire libre como bajo techo. Trump debe supervisar el desarrollo del Mundial de Fútbol, del que Estados Unidos es coanfitrión junto a México y Canadá. También va a presidir las conmemoraciones por el 250 aniversario de la independencia estadounidense. Y antes de las elecciones de medio mandato el próximo noviembre, en las que estará en juego el control del Senado y la Cámara de Representantes —y, con él, la capacidad de bloquear o no las iniciativas del Gobierno estadounidense, o de abrir juicios políticos a miembros de la Administración—, participará en toda una serie de mítines en apoyo de candidatos de su Partido Republicano.

“Si hay que hacer ajustes para proteger al presidente, se harán”, prometía la portavoz en su rueda de prensa este lunes, la última antes de empezar una baja por maternidad. Pero también advertía que el presidente no prevé recortar su agenda. “No quiere que estos lunáticos enloquecidos y estos actos graves de violencia política cambien nuestro modo de vida estadounidense. Le sería muy fácil quedarse atrincherado en la Casa Blanca, donde sabe que está seguro. Pero quiere moverse por el país, reunirse con estadounidenses. Quiere celebrar el 250 aniversario de nuestro país, celebrar un combate de lucha libre en los jardines de la residencia. Hay muchos acontecimientos en los que quiere participar. No está dispuesto a renunciar a ello”.

Tanto el propio Trump como la Casa Blanca han asegurado que mantienen una completa confianza en el director del Servicio Secreto, Sean Curran. El presidente estadounidense alabó el papel de la agencia y de la Policía de Washington a la hora de protegerle a él y al resto de invitados en el incidente del sábado. Leavitt ha reiterado este lunes, en una rueda de prensa en la residencia presidencial, el respaldo de la Administración al buen hacer del responsable de la seguridad del jefe de Estado.

Pero la cena de corresponsales, pese a contar con la presencia de Trump; del vicepresidente J.D. Vance; del secretario de Estado, Marco Rubio; el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, y numerosos otros líderes, no estaba incluida en el listado de acontecimientos de máxima prioridad en cuanto a seguridad. Los huéspedes alojados en el hotel, pese a la cercanía de tantos dirigentes, no tenían que pasar por ningún control especial para acceder a las instalaciones, cuando para asistir a cualquier tipo de mitin u otro evento en el que participe Trump es necesario cumplir una serie de medidas estrictas, que incluso limitan la entrada de objetos como paraguas.

Ya incluso antes de esa reunión, los responsables de la seguridad al más alto nivel estadounidense se han visto obligados a revisar sus medidas para los próximos días. Este mismo lunes comienza la visita de Estado de los reyes de Inglaterra, que incluye actividades fuera y dentro de la Casa Blanca hasta su conclusión el jueves.

Aunque desde Londres se insiste en el que no ha habido alteraciones en el programa tras el tiroteo del sábado, un portavoz del palacio de Buckingham sí ha reconocido que “como es previsible, nuestros equipos y los de nuestros colegas estadounidenses han debatido a lo largo del día (este domingo) hasta qué punto lo ocurrido esa noche puede impactar en el plan operativo de la visita”.

La agenda de los soberanos comenzará con una visita de cortesía a la Casa Blanca tras su aterrizaje en Washington, en la que el líder estadounidense y su esposa, Melania Trump, compartirán un té con sus invitados antes de guiarlos a una visita a la nueva colmena instalada en los jardines de la residencia presidencial. Los reyes concluirán su jornada asistiendo a una fiesta en su honor en la embajada británica, antes de que el martes comiencen los actos formales de la visita.

Ese día comenzará con una ceremonia formal de bienvenida en los jardines de la Casa Blanca, y una reunión oficial entre Trump y Carlos de Inglaterra en el Despacho Oval para tratar de normalizar unas relaciones bilaterales que han sufrido duros golpes a raíz de la guerra de Irán y la negativa del Reino Unido a formar parte de una coalición que forzara la reapertura del estrecho de Ormuz, vital para el flujo global de petróleo, después de que Teherán lo bloqueara. Carlos de Inglaterra se convertirá también ese día en el primer rey británico en dirigirse a ambas cámaras del Congreso en el Capitolio estadounidense desde que lo hizo su madre, Isabel II, en 1991.

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