Von der Leyen plantea acabar con la unanimidad en la toma de decisiones en la UE ante bloqueos como el de Hungría
El ejemplo de los chantajes del primer ministro húngaro Viktor Orbán y el miedo a que la ultraderecha de Le Pen llegue al Gobierno en Francia espolean el debate europeo para pasar a las votaciones por mayoría cualificada en política exterior


¿Se puede desterrar el veto como arma política en la Unión Europea? El ejemplo de Viktor Orbán, que ha mantenido bloqueado al club comunitario en decenas de decisiones, ha avivado el debate sobre terminar con la toma de decisiones por unanimidad en la Unión. Tras la gran derrota electoral del primer ministro húngaro nacionalpopulista, la Comisión Europea ha puesto sobre la mesa lanzar reformas cruciales para avanzar hacia esa vía. Y lanzarlas lo antes posible ante la incertidumbre política que imbuye también al viejo continente, en el que tratan de ganar poder la ultraderecha y las fuerzas populistas que, como el derrotado Orbán, tratan de dinamitar el modelo europeo desde dentro.
“La transición a la votación por mayoría cualificada en política exterior es una forma importante de evitar bloqueos sistemáticos, como los que hemos visto en el pasado, y debemos aprovechar este impulso para avanzar en este tema”, remarcó el lunes la jefa del Ejecutivo comunitario, Ursula von der Leyen.
El tema, no obstante, es controvertido porque algunos países pequeños y medianos, como Chipre o Malta, ya han mostrado que no les gusta una idea que, consideran, les quitaría control en política exterior. Defienden que la unanimidad protege el consenso entre los Estados e iguala a los Estados grandes con los pequeños.
La Comisión Europea debe ahora presentar una propuesta para ello al Consejo Europeo de la mano de la alta representante para Política Exterior y Seguridad, Kaja Kallas, según explica Doménec Ruiz Devesa, investigador del centro de análisis CIDOB y eurodiputado hasta 2024. “Ahora mismo, tras la derrota de Orbán, se abre una ventana de oportunidad muy interesante de un año, hasta las elecciones francesas, en previsión de lo que pueda pasar entonces”, apunta Ruiz Devesa. Precisamente, el riesgo de que gane esos comicios la ultraderecha euroescéptica de Marine Le Pen es un acicate poderoso para esa reforma, señala el exeurodiputado.
El debate sobre acabar con la unanimidad en política exterior y de seguridad ha crecido desde 2022 en la Unión Europea. Sobre todo, con la perspectiva de una nueva ampliación que sumará nuevos miembros al club comunitario y añadirá dificultad en la toma de decisiones. Ese año, el presidente francés, Emmanuel Macron, ya propuso extender la mayoría cualificada que funciona para alrededor del 80% de la legislación, como por ejemplo los asuntos comerciales.
Sin embargo, desde entonces, apenas se ha avanzado, aunque se han formado grupos de países para presionar el avance hacia esa vía, como el grupo de amigos de la mayoría cualificada, del que forma parte España junto a otros como Francia, Alemania e Italia.
El gran bloqueo de Budapest

Hungría es un ejemplo extremo que ha arrojado lecciones muy valiosas, señalan varias fuentes comunitarias. Con el Gobierno del nacionalpopulista Orbán, Budapest ha bloqueado con su veto 21 decisiones desde 2011. Sobre todo, temas relacionados con Ucrania, como las sanciones o elementos relacionados con la ampliación de la UE; pero no solo, también boicoteó la imposición de más sanciones a colonos israelíes violentos. Hungría ha vetado más que cualquier otro Estado miembro, según el análisis de Michal Ovádek, profesor de la University College London, que ha rastreado 48 vetos de 15 países sobre 40 asuntos desde ese año.
Se puede pasar de la unanimidad a la mayoría cualificada en las decisiones de política exterior y seguridad reformando los tratados, algo muy poco probable. También se pueden activar las llamadas “cláusulas pasarela”, un mecanismo que permite modificar el procedimiento de toma de decisiones sin reformar formalmente los tratados y que facilita el paso de la unanimidad a la votación por mayoría cualificada. Aunque para activarlas, recuerda Ruiz Devesa, hace falta unanimidad. Y eso puede desbaratar la propuesta, ya que algunos Estados miembros pequeños y medianos no quieren perder ese poder de veto. “Sería bueno que la Comisión hiciera la propuesta para abrir el melón y que quedaran retratados ante la opinión pública quienes se oponen”, dice Ruiz Devesa.
Hay otra vía para evitar la unanimidad que cada vez suena con más fuerza: la llamada cooperación reforzada, un sistema que permite a los Estados miembros avanzar por equipos o en coaliciones en determinados asuntos (como la Unión del Mercado de Capitales). Aunque para ello necesiten el permiso también de los que no han querido participar (así se construyó precisamente el préstamo de 90.000 millones para Ucrania).
Esa Europa a varias velocidades es la fórmula más factible para evitar la parálisis en una Unión Europea que necesita urgentemente reformas y decisiones en un momento muy convulso a nivel internacional. La cooperación reforzada, además, puede suponer un incentivo para que aquellos países que no se han sumado piensen en hacerlo por temor a perderse ciertas ventajas.
Sentimiento antieuropeo
Aun así, nada es tan sencillo. Zselyke Csaky y Charles Grant han advertido en un reciente análisis para el centro de pensamiento Centre for European Reform que eliminar la unanimidad tiene sus inconvenientes. Si un Estado miembro es superado sistemáticamente en votación sobre temas nacionalmente sensibles, podría aumentar el sentimiento antieuropeo, apuntan. Además, suprimir la unanimidad no garantiza necesariamente una toma de decisiones fluida; solo ofrece una solución en casos donde existe un pequeño número de Estados miembros recalcitrantes.
Los grupos que incluyen a los Estados miembros más grandes aún podrían bloquear las decisiones en el caso de la votación por mayoría cualificada, el procedimiento de votación estándar de la UE, ya que ese sistema requiere que el 55% de todos los Estados miembros (actualmente 15 de 27) y el 65% de la población total de la UE voten a favor. Esto significa que Alemania y Francia, los dos países más grandes de la UE, necesitan el apoyo de solo unos pocos Estados miembros para alcanzar el 35% y lograr una minoría de bloqueo (que requiere al menos cuatro países). Además, su capacidad para bloquear decisiones permanecería inalterada, incluso si todos los países de los Balcanes, Ucrania y Moldavia se unieran a la UE.
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