El rey Harald sostiene a la monarquía de Noruega en su peor momento de popularidad
Con un 60% de apoyo, muy bajo en la tradición nacional, la población censura la relación de la princesa Mette-Marit con Epstein, y el juicio contra su hijo Marius Borg Høiby


El rey Harald de Noruega, de 89 años, aquejado de una infección cutánea, recibió este jueves el alta hospitalaria en Tenerife, y espera seguir disfrutando de sus vacaciones en la isla con su esposa, la reina Sonia. El médico personal del soberano permanecerá con él unos días, pero la alegría por su mejoría no ha suavizado la repulsa ciudadana causada por la relación entre la princesa Mette-Marit y el multimillonario pederasta Jeffrey Epstein. Ella es la esposa del heredero, el príncipe Haakon, y en la encuesta publicada este 21 de febrero por la radio televisión nacional (NRK, por sus siglas en noruego), la popularidad de la monarquía ha bajado hasta situarse en un 60%. Diez puntos menos que el mes pasado.
Alrededor de la octogenaria pareja reinante —la reina Sonia tiene también 89 años— todo son arenas movedizas. Por un lado, la mayor sacudida hasta la fecha: la falta de transparencia de Mette-Marit, que se vio con Epstein entre 2011 y 2014, cuando ya sabía que éste había sido condenado en 2008 por inducir a una menor a la prostitución. En 2019, la princesa, llamada a ser reina consorte cuando su marido ascienda al trono, admitió su “falta de juicio”.
Entre enero y febrero de este año, emitió una disculpa formal pidiendo perdón a los soberanos, sus suegros. Y hay un golpe más: el juicio en marcha estos días contra Marius Borg Høiby, el hijo que tuvo antes de casarse, y que está acusado de 38 cargos, entre ellos violación y malos tratos. De 29 años, el joven no forma parte de la familia real, aunque se ha criado allí.
En la encuesta realizada por NRK, el rey Harald recibe una amplia aprobación de 9,2 sobre diez. La reina Sonia, un 8,6, y queda claro que la reputación de la monarquía reside en sus manos. Su hijo, Haakon, obtiene un 7,9, mientras que Mette-Marit, por el contrario, pasa de un 7,4 a un magro 3,7. A la vista de estos datos, el escritor noruego Harald Stanghelle afirma en el diario Aftenposten que “las encuestas reflejan un instante, pero el Parlamento ha demostrado un apoyo abrumador a la forma de gobierno que tenemos”. Lo dice en referencia a la votación del pasado 3 de febrero, que concluyó con 141 votos a favor de mantener la monarquía y 26 en contra.
Para Kjetil B. Alstadheim, editor político y comentarista de Aftenposten, el índice de popularidad de la monarquía “no había estado antes tan bajo”, y para entender la situación actual añade otro factor al escándalo de los papeles de Epstein. En conversación telefónica, explica que “se trata del problema no resuelto causado por el uso comercial que la princesa Marta Luisa [hija mayor de los reyes] hace de su título [de realeza]”. Todo lo que rodea a sus decisiones en ese ámbito “es conflictivo, y sigue igual desde que se casó en 2024 con Durek Verrett [empresario y terapeuta estadounidense] que se autoproclama chamán”.

Alstadheim se pregunta si no habría que evaluar “lo que significan los príncipes en este momento, cuando vemos los problemas planteados por los que están más abajo en la línea de sucesión”. Se refiere a Marta Luisa de Noruega, “pero también al británico Enrique [segundo hijo del rey Carlos III]”. Apunta que, en esa posición, “donde tal vez no se aprovecha su potencial, es tentador sacar provecho económico y aparecer en programas televisivos o convertirse en una celebridad”.
El sondeo de NRK indica que no hay descontento con la forma en que el rey Harald desempeña sus funciones, y el soberano siempre ha dicho que su juramento es de por vida. Aunque también lo fue para la reina británica Isabel II, hay un ejemplo escandinavo de lo contrario. Es el de Margarita de Dinamarca, que abdicó a los 83 años, en enero de 2024, a pesar de que prometía mantenerse en el trono hasta el final de sus días. “Ella fue adelgazando la casa real hasta dejarla en lo que es hoy, los actuales reyes, Federico X y Mary, y sus hijos, para facilitar el trabajo del heredero”, señala el experto.
El comentarista noruego Yngve Kvistad ha calificado la caída de la popularidad de la monarquía de “tarjeta amarilla” en el diario VG. Alstadheim recuerda que ya hubo una crisis cuando el rey Harald quiso casarse con Sonia Haraldsen, una plebeya. “En los años sesenta [la boda fue en 1968] hubo temor en los círculos políticos, y también entre la población, de que fuese el fin de la monarquía. La pareja tuvo que esperar nueve años hasta lograr el consentimiento, y luego se vio que ella contribuyó a modernizar la institución”, dice, para añadir: “Como ha sucedido en otras monarquías europeas”.
Con Mette-Marit, que era madre soltera y pidió perdón antes de la boda con Haakon “por un pasado salvaje”, ya hubo un sobresalto de inicio. “Pero piense que la monarquía es una institución paciente que se beneficia del factor tiempo. Puede esperar a que vengan tiempos mejores”, subraya Alstadheim. De momento, mientras llegan las nuevas explicaciones prometidas por la princesa sobre su relación con Epstein, el núcleo familiar se ha dispersado. Su hija mayor con Haakon, la princesa Ingrid Alexandra, futura reina, estudia en Australia. Su hermano pequeño, Sverre Magnus, se encuentra en Italia. Los noruegos “reconocen a una familia con problemas”, dice Alstadheim. “Es muy posible que el príncipe Haakon se sienta solo”, concluye.
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