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Los mercenarios rusos de Africa Corps incorporan a Madagascar en su expansión por el continente

El patrón de cooperación militar a cambio de recursos que nació en RCA y se extendió luego al Sahel progresa en África

Una delegación rusa de unos 40 miembros encabezada por el general Andrei Averianov, jefe de la milicia Africa Corps, se reunió a finales de diciembre con el presidente interino de Madagascar, el coronel Michael Randrianirina. Durante dicho encuentro, Rusia ofreció protección personal al líder malgache, quien ha asegurado en varias ocasiones sentirse amenazado. De esta manera, el líder ruso Vladímir Putin pretende sumar a Madagascar a la creciente lista de países africanos bajo su influencia directa siguiendo el mismo patrón de protección y cooperación militar a cambio de acceso a recursos, en la que ya se encuentran República Centroafricana (RCA), Malí, Burkina Faso, Níger, Libia y Guinea Ecuatorial, entre otros.

Durante el encuentro, que fue confirmado por el presidente interino del Parlamento malgache, Siteny Randrianasoloniaiko, a través de las redes sociales, los representantes rusos donaron armamento, en particular 16 drones kamikazes, 50 pistolas y 50 Kaláshnikov, a la Guardia Presidencial malgache, encargada de la protección del presidente. Rusia expresó “su disposición a apoyar y asistir a Madagascar, especialmente en el ámbito del entrenamiento y el fortalecimiento de las capacidades de las Fuerzas Armadas”. También confirmaron que, si se considera oportuno para el interés nacional, esta cooperación podría extenderse a la economía.

A principios de diciembre, el presidente malgache se trasladó en secreto a Dubái para negociar distintos proyectos económicos con inversores. “Hay personas que quieren atentar contra mi vida”, dijo posteriormente para justificar la opacidad de su desplazamiento. Este sentimiento de inseguridad de un militar que llegó al poder tras el golpe de Estado de octubre es, precisamente, una de las puertas de entrada de la influencia rusa en África. Idéntico patrón ha seguido Moscú, por ejemplo, en República Centroafricana, uno de los casos de mayor éxito para Rusia en el continente africano.

A finales del pasado año, en plena campaña para las presidenciales del 28 de diciembre, aparecía en Bangui, capital del país, un gigantesco mural en el que se podía ver al presidente, Faustin-Archange Touaderá, estrechar la mano a Putin, ambos flanqueados de soldados y paramilitares. Esta obra propagandística es la mejor expresión de la influencia rusa en este país, al que llegaron los primeros mercenarios de Wagner en 2018, tras la retirada francesa en 2016, con el país inmerso en una guerra civil.

La milicia rusa, que protege a Touaderá, reelegido presidente, y que combate junto al ejército, ha contribuido decisivamente a infringir severas derrotas a los rebeldes a cambio de acceso al oro centroafricano. El apoyo ruso prácticamente garantiza la reelección del presidente este domingo.

La otra gran puerta de entrada a África de Rusia fue Libia. En 2019, años después del inicio de la guerra desencadenada tras la caída de Muamar el Gadafi en 2011, ya era notable la presencia de mercenarios de Wagner luchando en el bando del mariscal Hafter, quien controla importantes yacimientos de un petróleo usado como moneda de cambio por el apoyo militar. La influencia rusa no se ha limitado al campo de batalla. Su respaldo a varios partidos políticos muestra hasta qué punto intenta extender sus tentáculos en Libia y la región. La base militar de Maaten as Sarra es uno de los centros neurálgicos de esta presencia militar, desde donde también Moscú juega la carta de la injerencia en los vecinos Sudán y Chad.

El modelo centroafricano se exportó a Malí después de que, en 2020, militares de este país protagonizaran un golpe de Estado. La secuencia de acontecimientos fue similar: expulsión de los militares franceses, llegada de mercenarios rusos que combaten junto al ejército contra los grupos armados, en este caso yihadistas y rebeldes tuaregs, y comisión de masacres y todo tipo de abusos contra la población civil que vive en la zona de conflicto. En Malí, sin embargo, Wagner ha dado una de cal y varias de arena: aunque su participación fue clave en la recuperación de la ciudad de Kidal de manos de los rebeldes, también ha sufrido severas derrotas, como la de Tinzawaten en 2024.

Tanto en Malí como después en Burkina Faso y Níger, las manifestaciones de apoyo a los militares que tomaron el poder venían adornadas con banderas rusas, una muestra material de las campañas virtuales emprendidas por Moscú para allanar el camino a sus tropas. Sin embargo, mientras el régimen del general Assimi Goïta en Bamako abría las puertas de par en par a Wagner, sus homólogos Traoré y Tiani, en Uagadugú y Niamey, respectivamente, han optado por un modelo más discreto, con decenas de instructores y soldados rusos para protegerse y formar a su ejército, pero dejando el despliegue sobre el terreno a voluntarios y fuerzas nacionales.

Apoyo a Obiang

El viaje del general Averianov a Madagascar no es el único realizado a África en las últimas semanas. El pasado mes de noviembre, el responsable de Africa Corps, la nueva marca de mercenarios creada tras la muerte del líder de Wagner, Yevgeny Prigozhin, se trasladó a Guinea Ecuatorial donde sus hombres operan desde agosto de 2024, tanto en Malabo como en Bata, en apoyo del régimen dictatorial de Teodoro Obiang.

“Guinea Ecuatorial y la Federación de Rusia tienen firmados acuerdos de beneficio recíproco en áreas de formación de militares ecuatoguineanos por instructores rusos. También, en esta política de entendimiento, existe un profundo interés en inversiones rusas en los sectores energético, ciberseguridad y la posibilidad de una misión espacial conjunta”, asegura el Gobierno ecuatoguineano a través de su página web. El petróleo y el gas ecuatoguineanos están sobre la mesa de negociación.

Para Rusia se trata de recursos, pero también de romper el aislamiento político y económico que Occidente pretende imponerle desde la invasión de Crimea en 2014, que se intensificó a partir de la reciente guerra en Ucrania. Para los regímenes africanos militares o dictatoriales que están rompiendo sus lazos con Europa, como los del Sahel, la cooperación militar con Moscú es una alternativa muy sólida. Pero no son los únicos. Las cumbres África-Rusia de Sochi, en 2019, y de San Petersburgo, en 2023, vieron desfilar a la práctica totalidad de los dirigentes africanos deseosos de crear nuevos lazos con Moscú. Un tercio de las armas que compra África procede de Rusia, según el Instituto de Estudios para la Paz de Estocolmo, y sus principales destinos son Egipto y Argelia, pero también Angola, Malí, Nigeria o Sudán.

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Sobre la firma

José Naranjo
Colaborador de EL PAÍS en África occidental, reside en Senegal desde 2011. Ha cubierto la guerra de Malí, las epidemias de ébola en Guinea, Sierra Leona, Liberia y Congo, el terrorismo en el Sahel y las rutas migratorias africanas. Sus últimos libros son 'Los Invisibles de Kolda' (Península, 2009) y 'El río que desafía al desierto' (Azulia, 2019).
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