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El Partido Conservador del Reino Unido purga sus filas para frenar más deserciones a la ultraderecha de Farage

La líder Kemi Badenoch expulsa a su portavoz de Justicia, el popular Robert Jenrick, antes de que abandonara el partido

Robert Jenrick y Kemi Badenoch

El Partido Conservador del Reino Unido, que durante décadas fue descrito como la máquina electoral perfecta y ha gobernado el país casi durante 50 años desde el final de la II Guerra Mundial, se resiste a hundirse en la irrelevancia. Su líder, Kemi Badenoch, ha tomado este jueves una decisión drástica con la pretensión de demostrar firmeza, pero con el efecto inevitable de revelar debilidad. La número uno de los tories ha expulsado del Gabinete en la Sombra (como se llama en la política británica al equipo que construye a su alrededor el líder, un espejo del Gobierno en el poder) a Robert Jenrick, que ocupaba el puesto de ministro de Justicia en la sombra. Al mismo tiempo, le ha expulsado del grupo parlamentario conservador y ha suspendido su militancia en el partido.

La razón: Jenrick, según su hasta ahora jefa, estaba a punto de desertar a las filas de la ultraderecha, al partido Reform Uk que lidera Nigel Farage.

“Se me presentaron pruebas claras e irrefutables de que [Jenrick] estaba maniobrando en secreto para desertar, de un modo diseñado para hacer el mayor daño posible a sus compañeros del Gabinete en la Sombra y al propio Partido Conservador”, ha relatado Badenoch en un vídeo donde ha anunciado la expulsión.

El partido vive desde hace meses una constante fuga de miembros, tanto históricos como en activo —al menos 20 de ellos—, hacia Reform UK, al que todas las encuestas sitúan en primer lugar en las preferencias de los votantes. El Gobierno laborista de Keir Starmer cambió su estrategia, en el congreso de Liverpool del pasado octubre, para declarar a Farage el enemigo a abatir y, de paso, constatar la irrelevancia de los conservadores.

La popularidad de Jenrick

Hace apenas una semana, quien fuera el último ministro de Economía con la malograda primera ministra Liz Truss, el político de origen iraquí Nadhim Zahawi, anunció a bombo y platillo su salto a las filas de Reform UK, declaró al Partido Conservador “una marca difunta” y se mostró convencido de que el Reino Unido necesitaba a Farage como su próximo primer ministro.

Pero la deserción de Zahawi es casi una broma comparada con el terremoto que supone la de Jenrick. Se trata de uno de los políticos más populares entre los afiliados y votantes conservadores, por la sencilla razón de que su discurso lleva ya mucho tiempo asemejándose en dureza y radicalismo al de la ultraderecha.

Badenoch, según ha explicado la dirección del partido, ha llegado a ver un borrador del discurso de dimisión que su rival tenía ya preparado para cuando llegara el momento de anunciar su abandono.

Paradójicamente, la trayectoria pública de Jenrick comenzó de un modo que no hacía presagiar la deriva actual. Su posicionamiento ideológico estaba en el sector más moderado de la formación, y fue de los que defendió con ahínco la permanencia del Reino Unido en la UE.

Cuando formó parte del Gobierno de Boris Johnson se convirtió en un devoto de la causa, aunque mantuvo un perfil moderado. Rishi Sunak, su rival político en aquel Gabinete, lo rescató más tarde como secretario de Estado de Inmigración.

Fue en ese momento, ha explicado Jenrick ,cuando tuvo su particular caída del caballo y endureció su discurso xenófobo. Hasta el punto de abandonar el Gobierno y asestar un duro golpe político a Sunak en diciembre de 2023, cuando acusó al entonces primer ministro de no aplicar con suficiente mano dura la política de deportaciones a Ruanda de inmigrantes.

Jenrick se convirtió en un fanático de las redes sociales, mejoró su imagen con una notable bajada de peso (gracias a las milagrosas inyecciones), y, dicen las malas lenguas, duplicó sus ambiciones públicas con el impulso y su alianza de su mujer, la abogada estadounidense-israelí, Michal Berkner.

Intentó pelear por el liderazgo del partido en el 2024, pero perdió ante Badenoch, que decidió, a su pesar, seguir la máxima de mantener a los amigos cerca, y a los enemigos más cerca aún.

El regocijo de Farage

La posibilidad de una deserción de Jenrick se había convertido en un secreto a voces en las últimas semanas. Diputados del partido han confirmado a la BBC que había corrido la noticia de una cena secreta del político con Farage, además de sus múltiples consultas a colegas y periodistas sobre cuál sería la reacción si se decidiera a dar el paso.

“Por supuesto que he hablado con él”, ha dicho Farage al ser preguntado por la noticia. “Pero no estábamos a punto de firmar documento alguno”, insistió. “Creo que muchos conservadores son conscientes de que en las elecciones municipales del próximo 7 de mayo, el Partido Conservador desaparecerá como formación nacional, y están considerando la idea de abandonar el barco”, se regocijó el político populista y cada vez más de ultraderecha.

No solo Farage ha celebrado la noticia. El primer ministro, Keir Starmer, cuyo índice de popularidad está por los suelos a medida que crecen los rumores de una revuelta interna en el laborismo, también ha utilizado el anuncio como alivio personal de sus propios problemas: “Demuestra lo débil que es la situación de Badenoch, que solo ha podido expulsar a Jenrick cuando estaba a punto de irse”, ha dicho.

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Sobre la firma

Rafa de Miguel
Es el corresponsal de EL PAÍS para el Reino Unido e Irlanda. Fue el primer corresponsal de CNN+ en EE UU, donde cubrió el 11-S. Ha dirigido los Servicios Informativos de la SER, fue redactor Jefe de España y Director Adjunto de EL PAÍS. Licenciado en Derecho y Máster en Periodismo por la Escuela de EL PAÍS/UNAM.
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