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Jóvenes atrapados por las llamas en la fiesta de Año Nuevo en Crans-Montana: “Teníamos muchos amigos dentro de los que no hay noticias”

El fuego en la estación de esquí suiza convierte la celebración de Año Nuevo en una tragedia

Isra, Matteo y Leon salieron el día 31 a festejar el fin de año. Querían haber ido al bar Le Constellation para reunirse con algunos de sus amigos, pero estaba lleno y no había sitio, así que finalmente se dirigieron a la plaza central de Crans-Montana, un bucólico pueblo en los Alpes junto a una estación de esquí en el cantón de Valais, al sur de Suiza. De madrugada, en el local donde estos chicos se encontraban, corrió el rumor de que se había desatado un incendio. Ellos se acercaron, pues estaban a escasos metros. “Vimos fuego, muchas ambulancias, gente quemada en la calle y otros corriendo en todas direcciones”, señala Isra, de 16 años.

La tragedia ha sacudido este pueblo, donde lucen aún las luces en los árboles de Navidad, pero donde a última hora de la tarde de este jueves decenas de personas, muchas de ellas adolescentes, acudían en silencio con ramos de flores a rendir homenaje a las 40 víctimas y 130 heridos cifrados hasta el momento por las autoridades.

Le Constellation, un bar regentado por dos franceses originarios de Córcega, es un establecimiento sobre todo “para gente joven, de 15 o 16”, coinciden los testimonios, así que muchos tenían a algún amigo dentro. Es el local donde toda una generación de chavales ha ido para divertirse antes de cumplir la mayoría de edad. Los tres amigos, que viven en un pueblo cercano, tienen algunos “que están en el hospital con quemaduras y uno en coma artificial”. “Le acaban de trasladar al hospital de la ciudad francesa de Lyon”, les advierte Matteo tras recibir una llamada. Hay otro amigo del que no tienen noticias.

El año que arrancaba se ha acabado de la manera más abrupta posible en Crans-Montana, tanto para los vecinos como para quienes tienen una residencia secundaria y habían ido a pasar las fiestas. Es el caso de Alessio y James, que viven en la ciudad suiza de Lausana. Llegaron justo el día 31 y el jueves por la tarde se encontraban en los alrededores del bar para rendir homenaje a las víctimas, entre ellas algunos amigos cuya suerte desconocen.

Solían frecuentar el local cuando eran jóvenes, pero “ya con 20 años vamos a otros sitios”, dicen. Salieron del bar en el que estaban para encontrarse con algunos amigos que quedaron dentro del bar incendiado. James cuenta entre lágrimas lo que vio: “La gente gritaba como si se fuera a morir, corrían por todos sitios y rompían las ventanas, era un auténtico caos. Había personas tiradas en el suelo”.

“Tenemos muchos amigos que estaban allí y de los que no tenemos noticias. No sabemos si se quemaron dentro”, dice este joven de 20 años. “No se puede describir lo que vimos y lo que ha pasado. No es normal que ocurra algo aquí, en un sitio Suiza, donde tenemos una cierta seguridad ¿Qué pudo fallar?”, dice Alessio.

Justine y su hermana Flavia, que viven en el pueblo cercano de Sierre, tenían que haber salido después de las campanadas. “Al final no lo hice y me quedé en el pueblo. Mi buena estrella me dijo que no viniera”, señala la segunda. A las cinco de la madrugada le llamó una amiga para contarle lo sucedido. Tiene otra conocida en el hospital, con quemaduras, pero “que saldrá adelante”. Su madre participó en las labores de rescate y su padrastro es uno de los bomberos del amplio dispositivo formado para sofocar las llamas.

El bar Le Constellation tiene capacidad para unas 300 personas. “Es verdad que es un sitio un poco sombrío, donde te puedes sentir encerrado”, explica Gabriella, otra adolescente de 15 años, vecina de la zona, que también ha dejado flores. Las autoridades mantienen acordonada la calle donde se sitúa la discoteca.

Crans-Montana, a 1.500 metros de altitud, cuenta con una estación de esquí y tiene unos 10.000 habitantes, aunque en temporada alta se duplica. Bernard Schumacher es francés y tiene allí una vivienda: “Es una estación muy alegre, con buena nieve, llena de vida. Anoche me desperté porque escuché ruido de helicópteros, pero me he enterado esta mañana. La gente viene aquí para festejar. Nadie se esperaba un accidente, como este, en Crans-Montana. Llevamos toda la mañana traumatizados por lo sucedido. Siempre festejamos el Nuevo Año aquí, pero este no comienza bien”, contaba ayer por la tarde.

Se pregunta también si en este bar “pudieron fallar las medidas de seguridad. Aunque el riesgo cero no existe, se trata de jóvenes que han sido atrapados por el humo y las llamas”, señala.

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