“Lo suyo no era ligar, era una masacre”: Patty Pravo, la rubia italiana que escandalizó antes que Madonna
La cantante estadounidense ha versionado ‘La Bambola’, cerrando así un círculo de homenajes e inspiración: mucho de lo que hizo Madonna ya lo había hecho Pravo

Los rumores en redes sociales de que Madonna podía estar grabando una versión de una canción de la italiana Patty Pravo comenzó meses atrás. Casi todas las fuentes mencionaban Pazza idea, uno de sus títulos míticos de finales de los setenta, con un contenido que se acercaría mucho a los temas habituales de la americana. Se sabía, también, que estaba trabajando de nuevo con Stuart Price, el productor británico con el que hizo Confessions on a Dance Floor hace justo 20 años, por muchos considerados su último gran disco redondo. Lo cierto es que Madonna solo ha publicado tres versiones de canciones ajenas en sus 40 años de carrera: Fever, de Peggy Lee, American Pie, de Don McLean, y I want you, de Marvin Gaye.
Por fin, el 9 de enero, se lanzaba la nueva campaña para el perfume de Dolce & Gabbana, The One, protagonizada por Madonna, amiga y musa de la firma desde los ochenta, en la que versiona La bambola, un tema mítico de la historia del pop italiano y europeo que han cantado desde Marta Sanchez en su etapa en Olé Olé hasta Lolita o Sergio Dalma en nuestro país, Dalida en Francia y Sara Lov, en un registro mas indie. Es, por tanto, la enésima resurrección de un clásico y también una buena ocasión para recordar la increíble carrera de su primera intérprete.
La chica del Piper
Nacida en Venecia en 1948, Nicoletta Strambelli fue una niña dotada para la musica que a los 10 años ya dominaba el piano. Como a sus padres les costaba llegar a fin de mes la enviaron a vivir con su abuela, que le proporcionó un nivel económico mas holgado, incluyendo viajes a Inglaterra para aprender inglés. Allí la adolescente Nicoletta entró en contacto con la revolución musical del swinging London.


Comenzó a cantar en los años sesenta bajo en nombre de Guy Magenta y, a mediados de la década, se mudó a Roma y conoció el mítico Piper Club, la discoteca que se convirtió en lugar de encuentro y símbolo de la modernidad musical italiana. Alli, se supone que fue descubierta por Alberigo Crocetta, uno de los dueños del club y donde eligió su nombre artístico, tomado de la Divina Comedia de Dante. En 1966 grabó Ragazzo triste, una versión en italiano de But you are mine de Sonny and Cher, que triunfó en la radio y se popularizó en los televisores que empezaban a llenar los hogares de la segunda generación de los italianos del milagro económico.
Muy delgada, como marcaba el gusto de la época, pelo rubio casi blanco, guapísima y con un vozarrón grave inesperado para alguien de su estatura, Patty encarnó el ideal de la chica beat: fuerte, libre, sexual, algo andrógina. Lo mismo aparecía con minifaldas diminutas que con un smoking de hombre. Sin vergüenza, sin permiso, sin importarle lo que pensasen de ella, se convirtió en un prototipo rebelde para su generación. De esta época es la anécdota que contaba Franco Battiato. En 1967 asistió a un concierto de The Who en Milan, de los que ella era la telonera. Cuando apareció en el escenario con una minifalda mas corta de lo normal y sus éxitos pop, el público, testosterónico y machirulo, comenzó a silbar. La respuesta de ella fue continuar cantando mientras, con dos dedos, procedía a, en palabras de Battiato, a “masajearse con dos dedos, haciendo movimientos helicoidales, a la altura del sexo”.

La Pravo, conocida ya como la ragazza del Piper, encadenaba un éxito tras otro: muchos son versiones italianas de éxitos internacionales, una practica muy habitual de la época, como Qui e la o Se pero te, pero ya empezaba a conseguir también que algunos de los grandes autores de la época le ofreciesen sus temas inéditos. Pravo era rebelde, pero práctica con las cuestiones del mundo. “El dinero hace falta para ser libre. Para vivir en esta sociedad, sin tener problemas, hay que tener dinero”, declaró en televisión en 1969.
Y llegó La bambola
La canción que se convertiría en el gran éxito en Italia del verano de 1968 llevaba ya un tiempo rondando las discográficas, pero nadie se atrevía a cantarla. Escrita por el letrista de la mítica Neo blu dipinto di blu (que tal vez usted conocerá mejor como Volare), nadie la quería porque no terminaban de entenderla, según sus autores. No entendían que la protagonista se negase a ser una bambola, una muñeca a la que su amante toma y deja como a cualquier otra. “Estaba convencido de haber escrito una canción feminista, pero no lo entendían” declaró su autor, Franco Migliacci. Ante el rechazo, se planteó cambiar el género y que la cantase un hombre. Finalmente Pravo, reticente al principio, acepta y la graba de una sola toma.

Vendió mas de un millón y medio de ejemplares y se convirtió en un éxito total, global, con una versión en español casi tan popular como la original. Con los años llegarían las de otros cantantes: la de Dalida en francés, la de Heidi Brühl en alemán, una en sueco... Para Pravo supuso su consagración como estrella y su imagen, con la melena rubia platino cardada y toda de blanco, vestido minifaldero y botas altas, se convertiría en una estampa clásica de los sesenta.
Ideas locas y pensamientos estupendos
Pero fue en los setenta cuando Patty empezo a ser ella misma en todos los sentidos. Para empezar, rompió con su manager y contrató en su lugar... a su astróloga. Su comportamiento empezó a ser calificado como “de diva”. Su repertorio empezó a alejarse de lo anglosajón para mirar mas a la chanson francesa y especialmente a Jacques Brel. Y a la vez, empezó a ganarse el respeto de la crítica.

En 1973 publicó Pazza idea. Cuenta la historia de una mujer que, mientras hace el amor con su amante, imagina que lo está haciendo con su ex. Puro Patty Pravo. Fue éxito comercial con versiones en castellano (Una locura), francés (Quelle idee folle) y alemán (Komm’ in mein Haus). “Una idea loca hacer el amor con él/pensando estar todavía junto a ti/Loca, loca, loca idea el tenerte aquí/mientras cierro los ojos soy tuya”. Al hombre medio italiano y europeo de los años setenta le iba a gustar poco descubrir que su chica pensaba en otro mientras estaba con el. Los setenta de Patti Pravo son los setenta de las drogas y los escándalos. Posó para Playboy. Con su marido, Paul Jeffrey, guitarrista, vivía en hoteles y se abrió a una relación a tres con Paul Martinez, también músico.
Oficialmente, Pravo ha estado casada en cuatro ocasiones (o cinco, según las fuentes) con una clarísima debilidad por los músicos. “Estar con un músico es una cosa diferente”, confesó en una entrevista del 2003. “Nunca he conseguido estar con otro tipo de hombres”. Por su relación con el batería de los Pooh se la ha llamado lo Yoko Ono italiana y se decía de ella en la época que “lo suyo no era ligar: era una masacre”.
Lo cierto es que Patty vivió (y vive) su vida sentimental y sexual a fondo, sin vergüenza ni arrepentimiento. Y como es una estrella de la canción, todo ocurría a la vista de todos, perfectamente reflejado por la prensa de un país todavía católico y pacato. Biafra, de 1976, fue un disco casi experimental que todavía hoy se resiste a las clasificaciones. Le siguió Miss Italia, al año siguiente, que es tan políticamente comprometido que la distribuidora censuró la canción homónima, que se publicó aparte (no sentó bien que se utilizase el nombre del concurso para atacar a los valores conservadores del país). Pero el disco contenía el que fue el otro gran éxito de la Pravo en esa década.


1978, en un programa de la RAI, el presentador Pippo Baudo dio paso a una Patty Pravo con un peinado que desafiaba la ley de la gravedad y la comprensión humana, un cable de teléfono enrollado al cuello, un body plateado que no dejaba nada a la imaginación y una expresión de estar bajo los efectos de algún estupefaciente. Ella cantó su nuevo sencillo, Pensiero stupendo. La letra decía: “Y tú/Y nosotros/Y ella entre nosotros/Querría… No se”. Efectivamente, la Pravo está cantando sobre un trío con un hombre y otra mujer. De nuevo el escándalo y de nuevo el éxito de ventas. Probablemente los ochenta en Italia empezaron en realidad en 1978 con esa canción, esa actuación y esa imagen.
Patty pasó los siguientes años envuelta en escándalos: accidentes de coche, fotos con los pechos al aire (posadas, robadas o accidentales), apariciones en televisión que denotan un cierto estado de intoxicación de algún tipo… Cuando anunció su presencia en el festival de San Remo de 1984, las expectativas se dividieron entre quien preveía un desastre y quien deseaba que su diva se redimiese. Patty había planeado ese retorno hasta el más mínimo detalle. Cuando apareció en lo alto de la escalera del teatro Ariston, el publico soltó un suspiro de alivio y admiración.
Vestida con un traje de Versace pegado al cuerpo, de los que solo el propio Gianni sabía hacer, y con un peinado digno de asistir a una comunión en Dune (de David Lynch), la Pravo descendió la escalera con la seguridad de una diva crecida encima de un escenario. Cantó Per una bambola, una cita clara a su mayor éxito pero, sobre todo, una canción que habla de rebeldía e inocencia, del paso del tiempo y de la redención del amor. Por cierto, se dice que Versace, fan irredento de Pravo, moldeó la imagen de su hermana Donatella y su cabello rubísimo para imitar a Pravo.
Cielos inmensos
En una entrevista en el programa Belve de la Rai en 2003 se preguntó a Pravo si no se arrepentía de alguno de sus múltiples retoques estéticos. “Nunca me he hecho nada, como se puede ver”, respondió ella. Los dos segundos de silencio incrédulo de su interlocutora merecen pasar a la historia de la televisión. Exactamente igual que a Madonna, se le ha acusado de ser un producto comercial, de antipática, de explotar la sexualidad, de inmoral. Se la ha criticado por su vida privada y por su carrera pública y, mas recientemente, se le ha recriminado su afición al quirófano. Pero lo cierto es que su carrera dura ya mas de siete décadas, un récord difícil de igualar. Que tiene un puñado de canciones que son parte de la musica pop universal. Que con su uso de la moda ha sido la imagen de la cultura de su tiempo. Que se ha reinventado varias veces, sin miedo a lo que pensaran los demás. Patty Pravo ha sido, probablemente, la primera ambición rubia.


En una entrevista concedida a Rolling Stone en 2025, dijo: “¿Sabes? Yo he vivido. Son los demás los que han visto los tabúes que he roto. Yo sólo he hecho lo que sentía, desde que tenía 15 años e incluso desde antes”. En 2016 ganó el Premio de la Crítica en el Festival de San Remo con Cieli immensi, una canción que suena a clásico suyo de siempre y en la que parece decirlo todo: “Y reír mirando el mundo/con la felicidad de cuando/el cielo es inmenso/ y nunca olvidar/lo que te ha hecho vivir”.
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