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Pierre Niney: “Nunca he recurrido a un ‘coach’ para interpretar, me cuesta mucho dejar que un extraño entre en mi cocina”

El francés que conquistó al mundo interpretando a Yves Saint Laurent se mete ahora en la piel de un maquiavélico mentor, una criatura híbrida entre emprendedor, ‘influencer’ y ‘showman’

A Pierre Niney (Boulogne-Billacourt, Francia, 36 años) no le asustan los papeles de envergadura. Tampoco los monstruos sagrados, porque ha interpretado a varios. Uno de ellos, el que le dio carta de naturaleza en el cine europeo, fue el del diseñador Yves Saint Laurent, a quien dio vida en el agridulce biopic homónimo de Jalil Lespert. Por aquel entonces Niney ya era conocido: llevaba desde los 21 años en la Comédie Française, el olimpo del teatro francés, y había obtenido dos nominaciones a actor revelación en los premios César. Su interpretación de un Saint Laurent neurótico, atormentado, genial y despótico le hizo valedor del premio a mejor protagonista. Niney tenía 25 años y era el actor más joven en lograrlo. Desde entonces no ha parado de trabajar y, el año pasado, su interpretación de Edmond Dantès en la más reciente —y, posiblemente, la más ambiciosa y lograda— adaptación de El conde de Montecristo, un taquillazo rotundo. “Fue mágico hacer esta película”, recuerda ahora, antes de confesar que, a raíz de esta película, se ha tatuado la imagen de Dantès en barca. “Lo he hecho para no olvidar lo que hemos vivido”.

Su último proyecto tampoco se caracteriza por la mesura. Gurú, dirigida por Yann Gozlan, se estrena en enero en Francia y supone un cambio de registro. En este thriller psicológico, este francés de rasgos afilados, ojos enormes y gesto de estar siempre tramando algo en segundo plano, interpreta a un coach maquiavélico, una criatura híbrida entre emprendedor, influencer y showman que representa, mejor que ningún otra nueva profesión, los fantasmas y la desmesura del capitalismo tardío. “Es una tendencia innegable de estos últimos años, sí”, concede Niney. “Las redes sociales han fomentado la idea de que todos somos emprendedores en potencia, que hay que saber venderse y subirse al escenario. Y eso es aplicable a todos los ámbitos. Matt, el personaje que interpreto, está en la cumbre de esta cadena y potencia ese individualismo a ultranza. El desarrollo personal es fundamental para él. Es su ADN. Cree que cada uno es responsable de su felicidad, que ‘querer es poder’ y todo eso. La película explica que esa filosofía genera monstruos”.

Cuenta Niney que en el fondo de este auge de la autoayuda y las recetas de éxito por TikTok se encuentra la misma inquietud que movía a Saint Laurent y al Montecristo de Dumas. “Creo que se trata de una búsqueda de sentido”, afirma. “Vivimos en un guijarro que gira a 100.000 kilómetros por hora alrededor de una bola de fuego. La política, la religión e incluso las ciencias pierden terreno. En una sociedad que exalta el rendimiento y socava lo colectivo, el coach promete un manual de instrucciones que inspira confianza”.

A pesar de su bagaje en la interpretación académica —entre 2010 y 2015 Niney fue residente de la Comédie Française— el actor no cree en las recetas mágicas. Su trayectoria, construida a pulso junto a directores como François Ozon (Frantz, 2016), Cédric Klapisch (Tan cerca, tan lejos, 2019) o el propio Gozlan, con quien rodó Un hombre ideal (2015) y Black Box (2021), muestra una preferencia por esa gozosa complejidad psicológica que define buena parte del cine francés contemporáneo. Su papel en Gurú le ha exigido documentarse viendo horas de charlas motivacionales de profesionales franceses y estadounidenses. “Pero nunca he recurrido a un coach para interpretar”, confiesa. “Hace poco un amigo actor me recomendó a alguien, pero de momento me cuesta mucho la idea de dejar que un extraño entre en mi cocina. Por otra parte, creo que preferiría acudir a un psiquiatra si algún día necesito ayuda para un papel concreto. También he trabajado en la sinceridad absoluta del personaje. Matt no es un cínico que se mueve solo por dinero o poder. Cree en sus métodos. Ayuda de verdad a algunas personas. Es bueno en lo suyo”.

Resulta tentador, especialmente para un periodista, pensar si esta película podría esconder, en un giro inesperado, un autorretrato tenebroso de Pierre Niney, que suele ofrecer una imagen muy luminosa. “¡Espero que no!”, responde con vehemencia. “En Matt hay algo monstruoso que me fascina. Sin llegar a esos extremos, creo que estos personajes nos permiten reconocer todos nuestros defectos y vicios. Cuestionan nuestra moral y nuestra sed de amor o de poder. Matt es uno de los papeles más aterradores y catárticos que he interpretado, y de hecho no está tan lejos del Conde de Montecristo. En ambos casos, la idea es visitar las profundidades del alma humana, con lo mejor y lo peor que tiene”.

En 2025, para encontrar el lado tenebroso de la vida basta con abrir cualquier periódico. El auge de los neofascismos, la crisis climática, la proliferación de verdades alternativas, los peligros de la inteligencia artificial y las guerras en curso no invitan al optimismo. “Es imposible no asustarse, salvo que seas un cíborg o estés hecho de piedra”, afirma. “Seguir haciendo cosas es el único remedio, creo. Implicarse, reconstruir el tejido social, los vínculos… Todo cuenta, incluso a pequeña escala. Y también contar historias como la de Gurú, que muestra el advenimiento de un reino de la emoción donde los hechos desaparecen ante las opiniones, donde un buen relato prima sobre la verdad científica”.

Una de esas verdades científicas es que, a los 36 años, Niney ya lleva 20 años de carrera profesional. El verano pasado se estrenó como amigo de la relojera Omega. Pero no suele recrearse en sus éxitos pasados. “Los artistas, los actores, nos movemos a ojo, creo. Pero me gusta esa imprecisión. Sobre todo en este mundo de rendimiento y de estrategia individual”, afirma. “Respecto al pasado, no soy nada nostálgico. Tengo buenos recuerdos de rodajes, de momentos y papeles específicos. Pero siempre tengo ganas de empezar la próxima aventura”.

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