Por qué todos nos parecemos en el perfil de Tinder: “Los usuarios prefieren resultar deseables a auténticos”
Un estudio de la Universitat Oberta de Catalunya revela que la mayoría de las personas que usan aplicaciones para ligar repite patrones visuales al elegir sus fotos


Un chico está creando su nueva cuenta en una aplicación para encontrar pareja. Lleno de esperanza, elige las fotos que los usuarios de la plataforma verán de él. Duda entre una imagen mirando a cámara o una que parece más espontánea (aunque, realmente, tampoco lo sea). Descarta otra porque no se ve muy favorecido. Elige, finalmente, una que cree que gustará. Pero esta decisión, que parece muy personal, quizá no lo sea tanto.
Eso es lo que analiza un reciente estudio de la Universitat Oberta de Catalunya impulsado por el investigador Alejandro García Alamán, profesor de la UOC y miembro del CIRCLE Lab, que se publicó en la revista The Journal of Sexual Medicine en septiembre de 2025. Para realizarlo, se recopilaron datos de mil perfiles reales de Tinder del área de Barcelona. El trabajo confirma algo que muchos usuarios ya intuían: no somos demasiado originales a la hora de elegir nuestras fotos para los perfiles de las aplicaciones de ligar. En concreto, el estudio identificó nueve formas de presentarse que se repiten con una regularidad sorprendente.
La idea nace, en parte, del malestar creciente entre los usuarios de las aplicaciones para encontrar pareja que se observa en las consultas de los psicólogos. García Alamán explica cómo la fatiga, el hastío y la decepción son sentimientos que se detectan con mucha frecuencia: “Me di cuenta de que, además, se correspondían con los tres síntomas típicos del burnout (el agotamiento emocional, despersonalización y baja realización personal que produce el exceso de trabajo)”. Algo que tenía mucho sentido, teniendo en cuenta que este tipo de apps suelen ser percibidas por muchos de sus usuarios como una especie de trabajo. “Los pacientes exhibían una relación amor-odio con estas: no querían estar, pero no podían dejar de usarlas. Volver a Tinder para algunos era volver ‘a la quinta galería’, pero en última instancia volvían. Esto era así ya antes de la pandemia, pero durante el covid hubo un bum de estas aplicaciones que provocó un efecto rebote aún mayor. Hoy ya se estudia lo que se conoce como swipe fatigue, que se refiere específicamente a este fenómeno”.

La mayoría de usuarios, según el estudio, convergen en unas pocas fórmulas visuales. Por citar solo algunas, la primera y más frecuente es el retrato de medio cuerpo mirando a cámara, que usa casi una cuarta parte de los perfiles analizados. Muestra a personas vestidas, con una mirada directa y en entornos urbanos o domésticos. Una presentación neutra y socialmente aceptada. La segunda corresponde a personas que aparecen mirando hacia otro lado. Son fotografías que, en teoría, resultan más espontáneas, que transmiten informalidad y cierta distancia, y en las que el cuerpo se puede mostrar de forma parcial o total. Otras formas utilizadas frecuentemente incluyen las fotos con gafas de sol, en traje de baño o haciendo actividades en la montaña o el mar.
García Alamán confiesa que no se sorprendieron al encontrar estos patrones tan definidos. “Era la hipótesis de partida del estudio”, asegura, “pero sí fue sorprendente la consistencia con la que el algoritmo identificó algunos de los tipos, como el de las gafas de sol, por ejemplo. La mayor paradoja de los resultados creo que es esa, que en un terreno tan personal también tendemos a uniformizar y echar mano de patrones preestablecidos”, explica el especialista.
“Lo que nosotros interpretamos de estos resultados es que preferimos ser conservadores, ir a lo seguro y recurrir a formas de presentarnos que sabemos, o creemos, que resultarán más atractivas y aceptables socialmente”, continúa el psicólogo. “Es una tendencia que ya ocurría en otros ámbitos, pero que en el terreno digital da mucho juego, porque las opciones para elegir una estrategia de presentación propia son mayores”, señala el investigador.
Gustar antes que ser
Por tanto, estas estrategias de presentación no tienen como objetivo mostrarnos tal y como somos, sino como creemos que deberíamos ser para resultar atractivos en un entorno muy competitivo donde las decisiones se toman en unos breves instantes.
“Los usuarios prefieren resultar deseables a auténticos, por lo que nuestro verdadero yo se diluye”, desarrolla García Alamán. “Este efecto es mayor en función del tipo de audiencia y del propósito. Si se trata de relaciones, hay más miedo al efecto doloroso de no ser elegido y, por tanto, más prudencia. Además, muchos usuarios optan por intentar gustar al mayor número de personas, por lo que liman los aspectos más polémicos, originales o únicos de su personalidad. La deseabilidad social induce conformidad y encaje a ciertos patrones que sabemos que son válidos socialmente hablando”.

Según el citado estudio, la edad constituye un factor clave a la hora de elegir cómo nos mostramos en este tipo de aplicaciones. Pero llama la atención que sea el factor más relevante por encima del género o la orientación sexual. Según García Alamán, “nos preocupa muchísimo el envejecimiento y sabemos que nuestra imagen corporal es lo primero que se ve y valora en aplicaciones como Tinder. Tratamos de ocultar los efectos del paso del tiempo en aquello que es a la vez más visible y más íntimo, como es el cuerpo. Arrugas, calvicies y demás son objeto de ocultación o camuflaje, tanto con filtros digitales como eliminándolas de la composición de la foto. Conforme aumenta la edad, esa tendencia es mayor”.
Otro tema sería que esas estrategias de ocultación acaban justamente siendo una forma de comunicar lo que intentan ocultar. En realidad, todas las opciones elegidas acaban mandando señales para aquellos que las saben interpretar, aunque sea de forma no consciente, ni por el emisor ni por el receptor. Además, “la imagen codifica una serie de mensajes implícitos que resaltan aspectos como la salud, la vida sana, la sociabilidad, el estatus social o académico o el erotismo a través de ciertos marcadores”, apunta el experto. “La foto haciendo yoga en el bosque, la típica del escalador o con el perro, no son inocentes, transmiten mensajes. En cierto modo, la identificación de patrones me recuerda a las convenciones artísticas del arte cristiano medieval: había un grupo reducido de imágenes válidas que se referían a ciertos temas litúrgicos centrales. En el siglo XXI y sin una autoridad reconocida que dictamine un canon, resulta que entre todos hemos creado uno sobre cómo presentarnos en medios digitales”, sostiene.
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