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“Quien canta, reza dos veces”: pop cristiano para 85.000 feligreses en el centro de Madrid

Hakuna, Gipsy Kings y Boney M. ofrecen un concierto en la plaza de Cibeles que congrega a familias, estudiantes y religiosos

El público de la Fiesta de la Resurrección, en la plaza de Cibeles de Madrid.Santi Burgos

Quien canta, reza dos veces. La célebre frase atribuida a San Agustín sirvió al papa Francisco para apoyar la primera Fiesta de la Resurrección de Madrid. En una carta abierta a la comunidad cristiana, Bergoglio recordaba la idoneidad de celebrar la fe a través de la música y animaba a los asistentes a que alzaran sus voces. La cuarta edición de este acto tras los pasos de la Semana Santa ha abarrotado el sábado la Plaza de Cibeles con 85.000 asistentes a las actuaciones de Gipsy Kings, Boney M. y Hakuna, según la policía. “Celebramos el que para nosotros es el acontecimiento más importante de la historia”, proclama Alejandro Carballo, coordinador de acción social de la Universidad CEU San Pablo. La institución ha desplegado para la causa a dos centenares de voluntarios identificados con chalecos amarillos y azules que custodian los accesos al recinto. El fervor religioso embarga a la capital.

Numerosas familias, estudiantes y grupos de monjas llegadas de toda España se congregan frente al Palacio de Cibeles. Pueden verse abrazos y besos, afectos que van y vienen como manifestaciones de un amor fraternal. “Los jóvenes españoles estamos en búsqueda de algo más”, sostiene Marcos Liria, de 22 años y pasante de abogado. “Eso que nos falta solo podemos encontrarlo en el Señor”, defiende. El Ayuntamiento reserva desde hace años esta plaza cargada de simbolismo a las celebraciones del Real Madrid, los fastos del 12 de octubre y la Fiesta de la Resurrección. Aquí también tendrá lugar en junio el encuentro y la vigilia con el papa León XIV, como desvela en primicia el obispo de Madrid, José Cobo, al dar la bienvenida al público. “Gracias por que un año más podamos alegrarnos de la resurrección con nuestros vecinos”. El maestro de ceremonias, Dj Pulpo, pide a los asistentes que levanten las manos al cielo.

El evento está impulsado por la Asociación Católica de Propagandistas (ACDP), una entidad de fieles laicos con más de 20 centros educativos adscritos por todo el país y propietaria del medio digital El Debate. El organismo ejerce una nada desdeñable influencia en la capital, donde ha organizado en el último cuarto de siglo de manera ininterrumpida un congreso sobre el papel del creyente en la vida pública. Allí han intervenido el opositor venezolano Lorent Sale y MacFarlane‑Barrow, premio Princesa de Asturias por su batalla contra la desnutrición en África. También el actual presidente de Chile, el ultraderechista José Antonio Kast, y la exdiputada vasca del PP María San Gil, que se ha dejado ver por Cibeles. “Somos una Iglesia en salida, queremos hacer acto de presencia en la sociedad”, sentencia el presidente de la ACDP, Alfonso Bullón de Mendoza, quien observa con orgullo el éxito de su convocatoria.

Lo cierto es que un concierto de Hakuna en Madrid ya asegura multitudes. Máxime si es gratuito como este. La formación ha logrado reunir en dos ocasiones a más de 15.000 personas en el WiZink Center de la capital. Un fenómeno pop digno de estudio que comenzó su andadura con la idea de renovar el repertorio de la música de alabanza y ha llegado a acumular casi un millón de oyentes mensuales en Spotify. “Esta fiesta ha conseguido que un tema que hasta hace poco se veía como algo privado sea accesible para los jóvenes y se viva en público”, defiende María Herránz, de 38 años, que carga a hombros con uno de sus dos hijos. La familia al completo viste camisetas blancas de una fundación católica que funciona como grupo de presión en defensa de la educación concertada.

Hasta la diosa Cibeles está tentada de mover las caderas cuando suenan los primeros compases de una rumba de los Gipsy Kings. “Yo los conocí por la canción con C. Tangana, luego me he dado cuenta de que tienen algunas letras espirituales”, cuenta Lucía Trapero, de 18 años, rodeada de sus amigas. La fe ofrece a los jóvenes una promesa de salvación cuando todo parece arder en el fuego del caos y la desesperanza. La Fiesta de la Resurrección es capital en el despertar religioso de muchos. Una de las integrantes del grupo musical Hakuna que frisa la veintena confiesa que acudió a la primera edición del acto “sin estar bautizada”. Esta experiencia se le quedó muy dentro y avivó su curiosidad por las enseñanzas de Cristo. Tras recibir el sacramento, este sábado es uno de los casi 40 músicos de Hakuna sobre el escenario.

El público ruge cuando comienzan a tocar. En las primeras filas se alzan carteles con extractos de sus letras. “Estoy aquí, en el silencio. Estoy aquí, en este viento. Estoy aquí, soy este trozo de pan”, puede leerse en uno de ellos. El origen de Hakuna hay que encontrarlo en un movimiento juvenil con el que comparte nombre y que nació en torno a las llamadas horas santas. Una fórmula de adoración eucarística que combina la música en vivo con la contemplación y los testimonios. Fundado por el sacerdote José Pedro Manglano, conocido como Josepe, antiguo miembro del Opus Dei, Hakuna está diseminado por unas 60 parroquias de todo el país. Sin el éxito de este movimiento no podría entenderse que el catolicismo esté ganando presencia en el debate político a la par que avanza la secularización en la mayor parte de las capas de la sociedad.

Hakuna también auspicia retiros espirituales rodeados de un halo de secretismo que preocupan a los obispos. La Conferencia Episcopal (CE) publicó en marzo una nota doctrinal en la que advertía —sin citar nombres— del “abuso espiritual” de este tipo de movimientos basados en “el bombardeo emocional”. Lo religioso adquiere mayor importancia entre el votante de la derecha, como se desprende del hecho de que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, proclame ahora su fe por primera vez. El último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) refrenda con datos esta intuición. Con todo, en Cibeles este sábado nadie quiere hablar de política de manera explícita. Los músicos de Hakuna finalizan su actuación con la Salve Rociera, que aúna fe y tradición. Corean todos unidos de las manos y balanceándose sobre el escenario. Solo hay que observarlos con detenimiento para comprobar que quien canta, reza dos veces.

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