Ayuso organizó durante semanas la visita a España de María Corina Machado, que no ha pedido por ahora reunirse con Pedro Sánchez
La opositora venezolana ha demostrado una sintonía con la presidenta de Madrid muy distinta a la que mantiene con Sánchez


Los equipos de Isabel Díaz Ayuso y María Corina Machado llevaban semanas preparando la visita a Madrid de la opositora venezolana. El enorme despliegue de seguridad que rodea a Machado y la cantidad de compromisos que tendrá la semana que viene, durante su visita a España, ha obligado a los asesores de ambas ha mantener una continua comunicación. La sintonía entre ellas es total, explican en Sol.
No ocurre lo mismo con Pedro Sánchez. Ni Machado ni su entorno han pedido por ahora reunirse con el presidente español, según confirman desde el Ministerio de Exteriores español. “Ha hablado con nosotros las veces que lo ha pedido, no hay ningún inconveniente. Por ahora no hay solicitud”, añaden. La tensión entre la Premio Nobel y el Gobierno es más que evidente. En unas declaraciones en marzo que descolocaron a la Moncloa, la opositora criticó a España por no haber ejercido “el liderazgo” en Venezuela que ella esperaría.
Para Machado, según fuentes de la oposición venezolana, España ha sido demasiado pasiva con el chavismo, cuando no directamente colaborador. Todavía no ha pedido verse con Sánchez, algo que sí ha hecho con Donald Trump (al que ofreció el Nobel); el presidente chileno, José Antonio Kast; o Felipe VI. La opositora no tiene en cuenta que Sánchez reconoció en 2019 a Juan Guaidó como presidente legítimo de Venezuela, lo que supuso una humillación para el Gobierno chavista, o que nunca dio como ganador de las elecciones de julio de 2024 a Nicolás Maduro. Precisamente fue el candidato de Machado, Edmundo González, el que probablemente venció en esa contienda, de acuerdo a las actas oficiales recabadas por la oposición.
El ministro José Manuel Albares jugó un papel decisivo en el exilio de Edmundo. Sin embargo, el entorno de Machado no quedó satisfecho por cómo se manejaron las cosas. Además, a esto hay que sumar el papel de José Luis Rodríguez Zapatero, que Machado siempre ha observado con desconfianza. Zapatero ha conseguido la liberación de decenas de presos políticos, que le han reconocido su labor, como el importante opositor Enrique Márquez o la experta en asuntos militares Rocío San Miguel. A la oposición más dura, la que lidera Machado, sin embargo, le parece que el expresidente español ha ayudado a legitimar el Gobierno chavista, aunque Zapatero nunca haya hecho declaraciones en ese sentido.
Machado vive horas decisivas. En Madrid quiere celebrar un acto masivo con los venezolanos. Ella es la principal opositora al chavismo y con bastante diferencia, si se tienen en cuenta los resultados de unas primarias entre opositores y las elecciones generales, incluso las encuestas más fiables. Su intención es gobernar el país en el corto plazo. Sin embargo, cuando Estados Unidos se llevó a la fuerza a Maduro de Caracas el 3 de enero, no la puso a ella en su lugar, sino a Delcy Rodríguez, vicepresidenta y chavista de pro. La jugada de la Casa Blanca descolocó a la oposición venezolana. El Wall Street Journal publicó después que la CIA recomendó mantener a los herederos de Chávez en el poder por su control de las fuerzas armadas. El New York Times añadió que Marco Rubio, secretario de Estado, respaldó esta idea porque un golpe de timón supondría desestabilizar aún más el país y requerir una presencia militar estadounidense más robusta.
Los opositores no se dan por perdidos y quieren celebrar elecciones lo antes posible. Donald Trump no ha dado muestras de tener ninguna prisa y, aunque ha elogiado a Machado, también lo ha hecho con Rodríguez, de la que ha dicho que es “una persona estupenda”. Marco Rubio, gran valedor de Machado en Washington, habló a los pocos días del derrocamiento de Maduro de un primera fase de estabilización, una segunda de recuperación y una tercera en la que se vislumbrarían unas elecciones. Ahora, la situación parece más confusa. La opositora quiere ir a las urnas porque considera que, a día de hoy, las ganaría.
Sánchez levanta recelos entre Machado y su gente. Creen que la izquierda latinoamericana y la española han sido permisivas con el chavismo. No gusta el presidente español, pero tampoco el colombiano Gustavo Petro ni el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, y menos el mexicano Andrés Manuel López Obrador. Estos últimos invitaron a Maduro a negociar su salida con Edmundo, Estados Unidos, y ellos mismos como garantes. Los presidentes llegaron a plantearse sacar de esas conversaciones a Machado, pero al final todo eso quedó en nada. La oposición ni se lo planteó y Maduro agendó una reunión con los presidentes. Cuando estos lo estaban esperando, ni se presentó ni respondió al teléfono. “Si nos hubiera hecho caso, todo eso no le hubiera pasado”, dice una fuente que estuvo al frente de esas discusiones. (Maduro se encuentra encarcelado en Brooklyn y procesado en un juicio por “narcoterrorismo”),
Machado también mantiene una estrecha amistad con Cayetana Álvarez de Toledo, diputada del PP, muy dura en su discurso contra Sánchez y Zapatero, radical en muchas posturas en política española, al punto de insinuar que el Gobierno de Sánchez se maneja de forma dictatorial. Todo eso, según los que han tratado a Machado, ha permeado la visión que Machado tiene de España. Ella encuentra el entendimiento que no tiene con el presidente español en Ayuso, tremendamente popular entre la comunidad venezolana que vive en Madrid.
La presidenta ha criticado sin ambigüedad al chavismo. También lo hace desde una posición más cómoda, la regional, que no tiene necesidad de mantener relación diplomática de ningún tipo con otro país. El Gobierno español, Zapatero y el colombiano Petro comparten la tesis de que aislar al chavismo y cortar cualquier vínculo hubiese agravado la situación del país. Eso ha alejado a Machado de Sánchez y la ha acercado a Ayuso. Por eso, uno sabía de su visita y otro no. Venezuela, otro asunto de discordia entre los dos políticos con más tirón de España.
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