El Despertar, una rebeldía financiada
El malestar de una generación se canaliza desde espacios conservadores mientras la izquierda sigue creyendo que el voto joven le pertenece

“Una generación que ya no espera. Actúa y transforma. Nos prometieron que estábamos progresando. Pero no caímos en que ese progreso no unía, no pagaba el alquiler, ni daba sentido a la vida. Sabemos lo que duele. Pero también, que estamos a tiempo de cambiarlo” dice el manifiesto de El Despertar, el evento que congregó el pasado sábado, en el Palacio Vistalegre, a unas 6000 personas, entre ellas, muchos jóvenes de pitillo beige.
Los organizadores, It’s time to think se presentan como un movimiento sin ánimo de lucro. No tienen intención de lucrarse porque su financiación procede de una de las fundaciones más ricas de España, la Fundación Tatiana. La fundación lleva el nombre de Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno y Seebacher, condesa de Torre Arias, última propietaria privada del parque de la Quinta de los Molinos, que en 1986 cedió gratuitamente al Ayuntamiento de Madrid con la condición de que se destinara de forma obligatoria a parque público y a servicios para la ciudad. Hoy esta Fundación da becas, financia investigaciones y tiene diversos proyectos enfocados en la gestión del entorno natural. Es, por cierto, entidad colaboradora del Museo del Prado.
Junto a esta Fundación, It’s time to think monta lo que denominan los Thinkglaos, encuentros donde el estalinista Santiago Armesilla, el tradicionalista católico Juan Manuel de Prada o la exalcaldesa que ya no sabe ni dónde va, Manuela Carmena, “nos hacen pensar”. El Despertar es una ampliación de este modelo de encuentros con el objetivo de “romper la polarización y buscar respuestas a los grandes retos de nuestra generación”. El cartel de ponentes lo integraban escritores y pensadores del conservadurismo clásico y del conservadurismo caradurista y religiosos con sotana (influencers de misa) y religiosos sin sotana (influencers de Instagram). El público, poco diverso, demostró una larga experiencia en el agite de servilleta al ritmo de Tu sei de Gabry Ponte: no hay boda pija en la que no suene este tema y por eso tampoco podía faltar en el cierre del gran “evento de pensamiento”: lo, lololó, lololó, lolo, lolo lolo, lo.
Hay una parte de mí que se alegra de ver cómo los jóvenes conservadores de ahora tienen su pequeño evento revolucionario pagado (como los de izquierdas tuvimos nuestro 15M de forma gratuita) donde pueden unirse a gritar: “no nos representan”, “PSOE y PP la misma mierda es” o, mi favorito: “me sobra mes a final de sueldo”.
No estuvo, creo, un tipo, Carlos H. Quero, que me gusta mucho y al que sigo desde hace tiempo, que dice proclamas similares a las que se hicieron en El Despertar. Él es un adulto-joven, de pelo rizado, piercing en el trago, aro en la oreja izquierda y barbita desaliñada que dice frases del tipo: “gracias al PP y al PSOE los más precarios vivirán como sus abuelos hace 100 años: escasez, familias amontonadas, pisos colmena, vidas apretadas y una clase trabajadora que ya no tendrá acceso a una vivienda. Una vuelta a Dickens, a Cela, a los cuartos subdivididos y a la falta de privacidad e intimidad”. Ya era hora de que volviesen los bohemios transgresores de la política que citan libros como hacían los de Podemos. ¡Olé! La cosa es que, si uno se fija, también dice fascistadas del tipo: “la inmigración masiva se ha convertido en la mayor herramienta de los poderosos” porque el tío, claro, es diputado nacional por VOX. No falla, el discurso migratorio es el que siempre los delata.
No creo que los que acudieron a El Despertar fueran todos fachas. Al menos, no todos. Creo que hubo estalinistas, católicos, chavales peperos, hijos de gente con dinero que no quiere perder la tradición de la pedida de mano y algún que otro incel que vio en el youtuber René ZZ un modelo a seguir. Son los que iban a misa o los que estaban a punto de ir a misa. Los que necesitaban pensadores contemporáneos de derechas, los Rigobertos Hidalgos de la vida. Tampoco me dan tanto miedo. Me aterran más los criptobros, los biohackers y los chavalitos (sobre todo chicos) que aspiran a convertirse en Elon Musk o Donald Trump. Que no tienen moral, que montan podcasts y empresas de “pollofres” y que hacen creer a los jóvenes que el futuro es la tecnocracia.
De la misma manera, tampoco creo que esta nueva ola de jóvenes derechizados y conservadores modernos reflejen el total de la juventud en España. Hay jóvenes que no tienen a la Fundación Tatiana pagándoles el chiringuito, que pasan la mañana en la universidad y la tarde en el curro, que cuidan a sus padres, a sus amigos, a sus parejas. Que no fueron a El Despertar pero que van, semanalmente a charlas y ponencias a la La Casa Encendida, el espacio Afro, Matadero, el Círculo de Bellas Artes, la Parcería o a las librerías y bibliotecas públicas de Madrid. Que están ahí siempre debatiendo sobre filosofía, vivienda y modelos de vida más amables y sostenibles. Que se manifiestan. Que cobran sueldos bajos, que comparten piso, que casi nunca les hacen caso, que los políticos y medios dan siempre por sentado.
Eso es lo que más miedo me da. Me da miedo que “el despertar" no lo hagan los jefes y los políticos, me da miedo pensar a quién votarán (y si votarán) todos esos jóvenes que creen en los derechos humanos, el derecho de los trabajadores, el ecologismo, el feminismo, el movimiento LGTBIQ+, el derecho a una vivienda digna y a una educación y sanidad públicas. La izquierda se equivoca si piensa que esta decepción generalizada no va con ellos.
Soto Ivars empezó su discurso en El Despertar diciendo “soy el nieto de un abuelo rojo y un abuelo facha” y hay un tufillo que se expande lentamente por todas partes que compara “la moderación” o “la tolerancia” o “la anti-polarización” con el sentido común. Que no se equivoquen. Yo también soy nieta de un abuelo rojo y un abuelo facha. Y de una madre de derechas y un padre de izquierdas. Y hoy pueden y podemos decir cosas como estas porque nuestros abuelos rojos lucharon contra una dictadura censora y asesina. Siempre se escucha más alto y se le hace más caso a los voceadores que juegan a ir a la contra que a los que trabajan en silencio por el verdadero progreso, el de conseguir una sociedad mejor para todos y todas. Igual tenemos que hacer un lo, lololó con la sintonía de Bricomanía.
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