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Manual del placer en tres actos: una clase de cocina, un masaje drenante y un cambio de look

Pastelle Kitchen, Magic Redux y Maison Eduardo Sánchez son tres tentaciones bien justificadas para este fin de semana en Madrid

El interior de Maison Eduardo Sánchez. Imagen cedida.
Lucía Franco

Hay semanas en las que lo único sensato es rendirse ante los placeres culposos: a una masa hojaldrada recién salida del horno, a unas manos expertas que moldean el cuerpo con firmeza, a un corte de pelo que no solo cambia el look, sino también el ánimo. Esta edición de Madrid te enreda no va de moderación, va de placer. Del bueno, de ese que reconcilia con uno mismo y no pide permiso. Tres paradas para entregarse sin culpa a lo que apetece. Porque, a veces, ceder ante la tentación es la mejor forma de vivir en Madrid.

Postres con alma y cucharas compartidas en Chamberí

Debbie Simhon, en su cafetería Pastelle Kitchen, en Chamberí. Imagen cedida.

Pastelle Kitchen (calle Luchana, 28) acaba de abrir sus puertas y ya ha encandilado al personal con sus postres. “Es un lugar al que uno quiere volver antes de irse”, asegura uno de los comensales. Con apenas unas mesas y la calidez que suele reservarse para las cocinas de casa, esta pastelería ofrece desayunos, brunch, postres recién salidos del horno y un café que se puede acompañar por ejemplo de una cookie.

Pero detrás del mostrador hay más que vitrinas bonitas: hay una historia familiar tejida entre tortas y generaciones. “Crecí entre postres y tortas, construyendo los mejores recuerdos alrededor de la cocina”, cuenta Debbie Simhon Camhi, fundadora del proyecto, nieta de la pastelera Myriam Camhi y heredera de una tradición pastelera que cruza continentes.

Además de su carta dulce y salada, Pastelle Kitchen funciona como un taller gastronómico. En una cocina amplia y luminosa, ofrecen más de 40 cursos de cocina y pastelería —desde tartas de cumpleaños hasta cócteles— pensados para todo tipo de públicos: desde niños hasta equipos de oficina en busca de experiencias distintas. “Queremos que quien venga se sienta como en la cocina de su casa”, dice Simhon. ¿El plan ideal? Un paseo por Chamberí y terminar el recorrido con un chocoflan y una charla pausada. O apuntarse a una de sus clases, que incluyen la copa de vino. El ticket medio ronda los 6,5 euros.

El mejor lugar para un cambio de look para el buen tiempo

Eduardo Sánchez, en su peluquería Maison Eduardo Sánchez, en Madrid. Imagen cedida.

Maison Eduardo Sánchez (calle de Claudio Coello, 57) es uno de esos lugares que no se parecen a nada. Sí, es una peluquería, pero también es un salón donde la precisión se convierte en arte y el mimo se nota desde que se cruza el umbral de la puerta. Ubicado en la Milla de Oro, este espacio mezcla el savoir faire francés con una mirada global, pensada para mujeres y hombres de todas las edades y estilos.

Eduardo Sánchez, el estilista colombiano que da nombre al salón, lleva décadas perfeccionando una técnica que va más allá del corte. “Trabajamos con una técnica de corte y color muy específica, siempre cuidando mucho el cabello porque lo merece”, explica. Antes de cada servicio se hace un análisis detallado del rostro, la textura y las necesidades del pelo. El objetivo es crear cortes con estructura, que duren semanas sin perder forma. “Nuestra meta es que cuando llegues a casa y te laves el pelo sigas disfrutando del corte que hemos creado especialmente para ti”.

El color es otro de sus puntos fuertes. Fueron pioneros en introducir en España el balayage, una técnica que consiste en aplicar reflejos al cabello a mano alzada para lograr un efecto natural y luminoso. También ofrecen coloraciones vegetales y tratamientos a medida.

“Me gusta que mis clientes se sientan queridos y atendidos con la misma dedicación que a mí me gustaría recibir”, dice Sánchez. Y lo consigue. Aquí el cabello no es solo cabello: “Es un lienzo”, dice. Y cada visita, una obra de arte.

Un masaje para drenar los excesos

El local de Magic Redux, en Madrid. Imagen cedida.

En una ciudad en la que los cuidados cada vez se dejan más frecuentemente a cargo de todo tipo de máquinas, Magic Redux (calle de Alcalá, 121) recupera lo esencial: las manos. Lo que empezó como una necesidad personal de su dueña —”No encontraba en Barcelona un buen tratamiento manual como los de mi país, Colombia”— se convirtió en un concepto con nombre propio. Karen Lucena, la fundadora, decidió abrir en Madrid el centro que a ella misma le habría gustado encontrar, un lugar especializado en masajes reductores y drenantes.

Magic Redux no es una clínica ni una cabina al uso. “Queremos que se sientan como en casa”, dice Lucena. Cada tratamiento comienza con una valoración corporal y termina con fotos del antes y después para que el cambio no solo se sienta, sino que también se vea.

El más demandado es el Magic Redux, un masaje manual que trabaja abdomen, piernas, glúteos, brazos, flancos y espalda. No solo mejora la silueta, sino que también activa la circulación, ayuda al sistema linfático y relaja. Combinado con entrenamiento y buena alimentación —la filosofía que defienden—, los efectos se multiplican. El precio por sesión es de 90 euros.

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Sobre la firma

Lucía Franco
Es periodista de la edición de El PAÍS en Colombia. Anteriormente colaboró en EL PAÍS Madrid y El Confidencial en España. Es licenciada en Comunicación Social por la Universidad Javeriana de Bogotá y máster de periodismo UAM-EL PAÍS. Ha recibido el Premio APM al Periodista Joven del Año 2021.
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