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OPINION
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

La externalización del poder convergente

Con la muerte de Carles Vilarrubí desaparece otro de los paradigmas pujolistas de comunión entre negocios y política

La relación entre política y negocios fue muy fluida durante la presidencia de Jordi Pujol. Lluís Prenafeta, fallecido el pasado mes de febrero, fue un ejemplo de ello. También los hijos del ex president –y especialmente el primogénito, Jordi– son prueba viviente de esa espontánea simpatía y atracción entre ambos universos. De igual forma, el recientemente fallecido Carles Vilarrubí ha sido otra cara de ese prolífico prisma.

Fiel escudero de Pujol desde el inicio de Convergència, en las primeras elecciones, recorrió Cataluña acompañando al futuro presidente de la Generalitat al volante de su modesto Seat 127. En agradecimiento y sin haber cumplido los 30 años, Vilarrubí aterrizó como secretario general en Catalunya Ràdio para dar estructura empresarial y poner orden en la emisora. No fue ese su único cargo en la radio-televisión pública catalana, a la cuyo consejo de administración volvería. Luego se le encargó la delicada tarea de crear las loterías de la Generalitat. Ya como hombre de estructuras de Estado, cultivó su afición por los coches de lujo –aparcado el viejo Seat 127–, un hobbie que le unía al primogénito del presidente de la Generalitat.

Tras el pacto del Majéstic (en 1996), Pujol lo situó en Telefónica. Esa fue su entrada por la puerta grande en el mundo de la comunicación. Potenció la plataforma del TV digital de la empresa. En el año 2000, Pasqual Maragall afirmaba en declaraciones a Radio Barcelona: “Nosotros en Cataluña no tenemos a Juan Villalonga [presidente de Telefónica y amigo del presidente José María Aznar], pero tenemos a Carles Vilarrubí”. “El Gobierno catalán ha seguido una tendencia que consiste en externalizar un cierto poder para implantarlo en el sector privado. Si estas gobernando, fantástico, porque encima te acompañan; si pierdes, ya tienes tu altavoz, tus empresas y tus medios de comunicación”, agregó el entonces presidente del PSC. Vilarrubí entró también en el Grupo Godó y estuvo en el núcleo impulsor de RAC 1.

Tampoco descuidó otros campos. Fue consejero del grupo Trébol Internacional, propiedad de Diego Prado y Colón de Carvajal, próximo a Juan Carlos I. De la proximidad con la familia real da también cuenta su amistad con Iñaki Urdangarín. Sin embargo, el gran salto cualitativo en el mundo de los negocios le llegó de la mano de su matrimonio con Sol Daurella, presidenta de Coca-Cola Europacific Partners (CCEP), con una fortuna estimada de 2.900 millones de euros, según Forbes 2025. Los Rothschild lo nombraron vicepresidente para España, cargo en el que fue cesado, aseguran, por su proximidad al procés y su defensa del referéndum de independencia. Pero Vilarrubí no quemó todas las naves: continuó como senior advisor. También fue vicepresidente del Barça, cargo que dejó ante la tibieza de la directiva del club durante el 1 de octubre de 2017.

Falleció antes del macro juicio a los Pujol. Vilarrubí estaba acusado de blanqueo de capitales y falsificación de documento mercantil. Se le pedían cinco años de cárcel. Y es que siempre se movió en la ortodoxia pujolista.

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Sobre la firma

Francesc Valls
Periodista desde los setenta en 'Mundo Diario' y 'Diario de Barcelona', aterrizó en EL PAIS en 1983, después de licenciarse en Historia y Ciencias de la Información. Trabajó en las áreas de enseñanza, religión –en épocas de San Juan Pablo II– o Quadern hasta que recaló para larga estancia en política catalana. Desde 2016, observador externo.
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