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15 años recorriendo aulas para deslegitimar la violencia de ETA sin politizar el dolor: “Las víctimas educadoras son los testigos morales del pasado”

El Memorial del Terrorismo y la Fundación Buesa difundirán a todos los centros educativos de España vídeos con los testimonios de 23 víctimas ante estudiantes durante los últimos tres años. Este modelo contrasta con el uso político del terrorismo que busca Isabel Díaz Ayuso

Un niño mira un retrato de Miguel Ángel Blanco, en la manifestación en Madrid tras el asesinato del concejal del PP de Ermua (Bizkaia) en 1997.CRISTÓBAL MANUEL

Las víctimas educadoras, que acuden a las aulas a relatar sus vivencias motivadas por el terrorismo, coinciden en rechazar el odio y la venganza hacia sus agresores, pero divergen en su posición sobre el perdón y los encuentros con terroristas. Reclaman que se sepa la verdad de lo que les sucedió y rechazan que se las utilice políticamente. Es la conclusión de los testimonios de 23 de ellas sobre 29 temas abordados en sus intervenciones para jóvenes estudiantes en los últimos tres años. Los testimonios han sido grabados en vídeo por el Centro Memorial del Terrorismo y la Fundación Fernando Buesa, ambas con sede en Vitoria, que los publicarán próximamente. Los testimonios proceden mayoritariamente de víctimas de ETA, pero también de la ultraderecha, los GAL, el yihadismo y el Grapo.

La experiencia de las víctimas educadoras, con 15 años de ejercicio en España, está inspirada en la gestión de la memoria del Holocausto en Alemania, Países Bajos e Italia, según Raúl López Romo, del Centro Memorial del Terrorismo, quien recuerda cómo el escritor italiano Primo Levi, superviviente del campo de concentración de Auschwitz (Polonia), desarrolló en sus textos su actividad como víctima educadora en las aulas italianas.

La iniciativa de las víctimas educadoras surgió en Euskadi en 2011, al finalizar el terrorismo, cuando era lehendakari el socialista Patxi López. Actualmente, un centenar de víctimas educadoras ejercen por toda España con especial presencia en las aulas de Euskadi, Navarra, Comunidad Valenciana y Castilla y León, si bien el Ministerio del Interior coordina su expansión a otras comunidades autónomas. “Existe una importante demanda juvenil por conocer el pasado y del profesorado por tener instrumentos adecuados para explicarlo”, señala López Romo, que anuncia que los vídeos se enviarán a todos los centros escolares de España.

La Comunidad de Madrid, presidida por Isabel Díaz Ayuso, se ha desmarcado de esta iniciativa nacional y ha adoptado un programa de contenido político, Tu historia, mi memoria. Su consejero de Presidencia y Justicia, Miguel Ángel García, lo ha anunciado para universitarios madrileños, con participación de víctimas, con el objetivo político de denunciar a “aquellos que ponían bombas y ahora ponen su voto para condicionar la gobernabilidad de España”. Eduardo Mateo, responsable de proyectos de la Fundación Fernando Buesa, responde: “Los testimonios de las víctimas ante la comunidad educativa deben ser pedagógicos, pacifistas, con fines educativos y contexto histórico, no partidistas. Su finalidad es hacer memoria y que la historia no se repita. Las víctimas actúan como testigos morales. Mezclarlas con ideología política es demoledor”.

Las víctimas educadoras rehúyen unánimemente la definición política en sus intervenciones y algunas subrayan su rechazo al uso partidista del terrorismo. Otras recuerdan su tardío reconocimiento, en 1999, con la Ley de Víctimas del Terrorismo, e incluso consideran que su presencia molesta a los políticos. La reclamación del conocimiento de la verdad es otra clave de sus intervenciones, sobre todo, entre víctimas cuyos casos no se han resuelto. “Lo legal y lo ético chocan con frecuencia”, señalan algunas.

La actitud ante el perdón a los terroristas y la posibilidad de reunirse con ellas suscita divergencias. Coinciden en que perdonar es cuestión personal, pero algunas aseguran tajantemente que nunca perdonarán a los terroristas mientras otras lo condicionan a su actitud e incluso otras adelantan haber perdonado, en algún caso por razones religiosas. En cuanto a los encuentros, algunas aseguran que nunca se reunirán con terroristas y otras que esa experiencia les ha resultado reconfortante.

El denominador común de las intervenciones de las víctimas educadoras es su transmisión a los jóvenes del rechazo al odio y la venganza y la delegación en el Estado de Derecho de la respuesta al terrorismo. Son unánimes en considerar que el principal perjudicado por el odio es la víctima y su ámbito familiar. “Destruye la felicidad”. “El odio no te deja crecer”. Son expresiones de las víctimas. También son relevantes los testimonios de hijos o hijas de víctimas que señalan cómo sus madres les inculcaron rechazar el odio y que contribuyen a explicar, en el caso de ETA, la ausencia de respuestas violentas a sus actos.

Pluralidad de las víctimas educadoras

Los criterios de selección y preparación de las víctimas educadoras son rigurosos, resalta López Romo. Suelen ser hijos, viudas o hermanos de víctimas asesinadas. También hay heridos que sobrevivieron a los atentados terroristas. “Para intervenir en las aulas, las víctimas educadoras deben estar emocionalmente preparadas. Su papel consiste en relatar a los jóvenes su experiencia personal para deslegitimar el terrorismo, preservar la memoria de las víctimas y defender valores democráticos con el objetivo de no repetir la historia. Las víctimas educadoras no son historiadores. Tampoco pueden dar mítines políticos. Deben evitar el partidismo. Son plurales y en sus intervenciones no representan siquiera a las asociaciones de víctimas a las que algunas pertenecen”, precisa el representante del Memorial del Terrorismo.

La pluralidad es otra clave de las víctimas educadoras. En los vídeos del Memorial de Vitoria y la Fundación Buesa, quienes se dirigen a los jóvenes son mayoritariamente hijos de víctimas de ETA; entre otros, José Luis Elespe, Ana Aizpiri, Sara y Marta Buesa, Naiara Zamarreño, Angel Altuna; así como guardias civiles heridos gravemente por la banda terrorista; y supervivientes como José Aguilar y Koldo San Martin, Alberto Muñagorri, herido de gravedad en su niñez, y la periodista Aurora Intxausti.

También participan víctimas del yihadismo, como Esther Sáez y Antonio Utrera; Maider García, hija de una víctima de los GAL, y Juan Carlos Cuervo, a cuyo hermano asesinó la ultraderecha, entre otros. Del centenar de víctimas educadoras intervienen 23, que abordan 29 temas que plantean los jóvenes. Los profesores, a su vez, informan a los alumnos del contexto histórico en que se produjeron los ataques terroristas, antes y después de las sesiones, señala López Romo. “Tampoco se puede eludir que detrás de los terrorismos hay aspectos políticos, hay un proyecto de poder. El profesorado debe explicarlo a los jóvenes profesionalmente”, señala Eduardo Mateo, de la Fundación Buesa.

El debate sobre el perdón

La experiencia de estos 15 años concluye que los jóvenes coinciden básicamente en preguntar a las víctimas educadoras si perdonarían a los terroristas, si se reunirían con ellos o si han superado el dolor, señala Eduardo Mateo. En Euskadi una pregunta añadida suele remitirse al comportamiento familiar y de los amigos tras el atentado terrorista, añade López Romo.

En línea con la experiencia educadora de Primo Levi sobre el Holocausto, López Romo destaca cuatro aspectos transmitidos a las aulas vascas: si la sociedad vasca era consciente del alcance del terrorismo o lo eludía, especialmente en sus primeros años; el debate sobre el perdón; el valor del testimonio que se extiende de la denuncia del terrorismo a la violencia de género y a otras violencias vigentes —durante la actividad educadora de Levi era la guerra de Vietnam—; o al hecho de los amenazados por el terrorismo que no huyeron y fueron asesinados.

El responsable del Memorial del Terrorismo concluye que “el 80% de los jóvenes asistentes a sesiones con víctimas educadoras quedan impactados por la experiencia y la difunden”. “Les deja huella”, añade. “El impacto de la comunicación directa con las víctimas es muy superior al de los libros”. En cuanto a las víctimas, destaca cómo “la experiencia demuestra que quienes han dispuesto de un apoyo social se han recuperado más rápidamente que las que no lo tuvieron; lo demuestra la comparación de las víctimas de ETA de los años setenta con las de los años noventa en adelante y las del 11-M”. La experiencia de las víctimas educadoras contribuye a ello.

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