El paseo marítimo de Matalascañas, en el aire
La reunión entre Transición Ecológica y el Ayuntamiento de Almonte para restaurar los graves daños de la urbanización onubense acaba sin acuerdo


Tras el tremendo oleaje que hace dos semanas arrasó el paseo marítimo y dejó expuestos al mar varios edificios de la macrourbanización de Matalascañas (Almonte, Huelva), ha llegado la resaca política con desencuentro. Este miércoles el Ayuntamiento de Almonte y el Ministerio para la Transición Ecológica demostraron que arreglar los daños costará sudor y lágrimas. La cuestión más relevante para los 150.000 veraneantes que acuden a este tramo de la costa pegada a Doñana, es si el paseo marítimo estará arreglado este verano. Pero parece muy cuesta arriba.
El temporal arrasó con 1,5 kilómetros de paseo marítimo ―de los 4,3 que abarca Matalascañas― y arreglar el firme y los accesos a la playa llevará tiempo, mucho más que seis meses. “Vamos a intentar que el paseo esté lo más decente posible, pero es imposible garantizarlo”, admiten fuentes municipales del Ayuntamiento de Almonte, de quien depende la macrourbanización. Además, dos familias han sido desalojadas y 50 viviendas fueron afectadas por el temporal.
Mientras el Consistorio insta a actuar con celeridad para recuperar la normalidad turística en verano, cuando renace esta ciudad costera, el Ministerio apuesta por una solución estudiada que permita “reordenar y reforzar el borde litoral frente a los temporales y los efectos del cambio climático”.
El alcalde de Almonte, Francisco Bella (independiente), censura: “No hemos encontrado sensibilidad por parte del Ministerio, que mantiene una actuación a largo plazo para un anteproyecto con retranqueo [del paseo] (…) estaríamos hablando como mínimo de dos años. Si han tardado siete años para un proyecto de arena, imagine lo que tardarán para uno de un kilómetro y medio de paseo marítimo. Declararemos la emergencia, actuaremos en la obra para restaurar el paseo y seguiremos pidiendo ayudas para la declaración de zona catastrófica”.
El regidor lamenta que Transición Ecológica ya realizó en 2018 un estudio para el problema recurrente de Matalascañas, y concluyó que era necesaria el aporte de 700.000 metros cúbicos de arena para frenar la fuerza del mar con los temporales. Pero esa obra solo empezó una semana antes de la borrasca Francis. Es decir, seis años después. Los camiones tuvieron que parar ante la crecida y solo han recuperado los trabajos la semana pasada, después de los bocados del mar que pulverizó el paseo.

El Ministerio recuerda que la desaparición de la playa y los daños causados son una consecuencia clara del cambio climático. “El planteamiento pasa por encargar a los servicios técnicos del Ministerio el estudio de la alternativa más adecuada, en colaboración con el Ayuntamiento, al tratarse de ámbitos de competencia municipal, con el objetivo de mejorar la seguridad, la resiliencia y la integración ambiental del frente urbano”, resumió en un comunicado el Departamento de Sara Aagesen.
Las críticas del Ayuntamiento de Almonte son duras contra el Ministerio, mucho más templado: “Lo ocurrido en Matalascañas no es solo un episodio de erosión costera: es la constatación de una debilidad estructural del Estado para responder con eficacia cuando una catástrofe supera el marco administrativo ordinario (…) El Miteco no ha ofrecido una respuesta de auxilio real, sino una sucesión de argumentos competenciales y propuestas a largo plazo que, en la práctica, no resuelven nada”. El Consistorio, que ha valorado en 10 millones los daños causados, hace hincapié en los efectos económicos tras la desaparición de cuatro chiringuitos, pero también sobre la planificación del verano por la merma de reservas hoteleras y presencia de turistas la próxima temporada.
El Ministerio insiste en que es posible retranquear el paseo marítimo para mitigar el efecto de las olas, pero el Ayuntamiento sostiene que no hay espacio porque las primeras viviendas están pegadas al paseo. Si la semana pasada Transición Ecológica apostaba por un gran proyecto que contemplaba expropiar los edificios y chalés de esa primera línea de playa, con un coste estimado de 600 millones, ahora ha dado marcha atrás y sostiene que dichas expropiaciones no son necesarias. “El alcalde se resiste a una inversión para reubicar el paseo tierra adentro, en una actuación que asumiría al 100% la Demarcación de Costas, pero necesitamos conveniar con el Ayuntamiento una aportación de terrenos para ejecutar la obra y ganar playa”, afirmó hace 10 días el secretario de Estado de Medio Ambiente, Hugo Morán.
Bella achaca la falta de arena a los espigones de Juan Carlos I en Huelva y al de Mazagón, construidos hace décadas, y que impiden el aporte de arena que los ríos hacían a Matalascañas con 300.000 metros cúbicos de arena al año. Estos espigones crearon otra playa antes inexistente junto a Huelva capital.
Mientras, rodeados de las máquinas excavadoras en la playa que movían la arena de sitio y el suelo suspendido en muchos tramos, los vecinos y empresarios se han concentrado en la zona de Caño Guerrero con pancartas de “Matascañas se hunde, SOS”, para así reclamar soluciones urgentes a las Administraciones.
La estampa del turismo familiar tiene un difícil arreglo urgente en esta playa, con la zona del Pueblo andaluz y el edificio Alcotán como los más afectados. Este último requirió la intervención de la Unidad Militar de Emergencias (UME) para garantizar la seguridad de los vecinos. Sin embargo, el miedo, con varias casas al borde del colapso ante la playa, está justificado porque la semana que viene arreciará otro temporal. Está por ver cómo responden las olas al reciente aporte de arena que estos días intenta ensanchar esta playa menguante. El mar aún no ha dicho su última palabra este invierno en este tramo de costa.
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