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Especial publicidad

Tres días que saben a mucho entre Toulouse y el Alto Garona

En el cuadrante suroeste de Francia saben combinar a la perfección la esencia del célebre ‘art de vivre’ francés, el turismo fluvial y el contacto con la naturaleza. Desde Toulouse, la capital de Occitania, hasta los bosques y pueblos pintorescos del Alto Garona, río arriba, hay un destino ideal para descubrir en 72 horas... al menos. Porque aquí todo es ‘slow travel’

La Gran Noria de Toulouse, que suele instalarse en verano en Port Viguerie (margen izquierda del río Garona), ofrece vistas privilegiadas del casco histórico, el Pont Neuf y la cúpula de La Grave.rémi deligeon

Los salmantinos y los boloñeses, orgullosos de la marcha universitaria en sus ciudades, suelen quedarse boquiabiertos cuando llegan a Toulouse, su homóloga francesa en inquietud y dinamismo. Tan acogedora como llena de vida y juventud, la denominada ciudad rosa por las fachadas de sus monumentos es un destino inolvidable, sobre todo en los seis meses con más presencia de la luz natural. Justo cuando las márgenes floridas del río Garona invitan al pícnic, la tertulia y el solárium y los edificios que escoltan al Canal de Midi impresionan a los barcos de recreo, senderistas y ciclistas.

Toulouse abarca todos los estilos arquitectónicos, desde el románico en la basílica de Saint-Sernin, al gótico del convento de los Jacobinos, o el neoclásico en el edificio de la Plaza del Capitolio

El río y el canal, prodigio de la ingeniería de tiempos de Luis XIV que une el Mar Mediterráneo y el Océano Atlántico, abrochan un entorno de mucha belleza que enamoró y enamora a la Unesco. Hasta siete lugares son por aquí Patrimonio de la Humanidad. El propio canal celebra este año los 30 años de su obtención de ese título, y la ciudad de Toulouse tiene otro glorioso sambenito: el de City of Music. Cuenta con orquesta residente en el Capitolio y varios festivales en verano: Rio Loco (curioso y explícito nombre), en junio, y Les Siestes Électroniques y Rose Festival, ambos en agosto. Marcha, exposiciones y planes para estudiantes y mayores, hay. Al menos, tantos como en Salamanca, Bolonia... o Edimburgo.

La ciudad abarca todos los estilos arquitectónicos, desde el románico en la basílica de Saint-Sernin, al gótico del convento de los Jacobinos, o el neoclásico en el edificio de la Plaza del Capitolio. Tampoco hay que pasar de puntillas por la basílica de Saint-Sernin ni por las callejuelas que llevan al río Garona –omnipresente– para terminar en el convento de los Jacobinos.

En la agenda cultural del paseo, hay que incluir el Museo de los Agustinos (el museo de bellas artes), reabierto a finales de 2025, y Les Abattoirs, espacio de arte moderno y contemporáneo que hasta agosto recoge L’Imagination au pouvoir, un homenaje al diseñador Jean-Charles de Castelbajac.

De Toulouse al espacio

Toulouse es epicentro de la industria aeroespacial europea (aquí se alumbraron los pujantes cohetes Ariane), y se puede seguir su estela en varios iconos. Unos 400.000 viajeros visitan cada año la Cité de l’Espace, donde exhiben modelos a escala real del Ariane 5 o la estación espacial Mir y es posible percibir sensaciones similares a las que podrían experimentarse en Marte, en la exposición Le Terrain Martien.

Desde hace dos años, el simulador LuneXplorer permite vivir en primera persona la experiencia de un astronauta en una misión a la Luna, ahora tan en boga. Además, en el museo aeronáutico Aeroscopia, al noroeste de la ciudad (cerca de los talleres de montaje del Airbus A380), hay leyendas voladoras como el Concorde, el Airbus 300B o el Súper Guppy.

Pero la tecnología de Toulouse no se limita al espacio. Regala también un repaso al ingenio del ser humano durante siglos. La Halle de La Machine es un moderno hangar que alberga una exposición de curiosas máquinas (algunas descorchan incluso botellas de champán) y más tributos a los pioneros de la aviación. Entre otras atracciones de feria, llama la atención Asterión, un minotauro de 14 metros que puede transportar hasta a 50 personas.

La Halle de La Machine es un moderno hangar que alberga una exposición de curiosas máquinas (algunas descorchan incluso botellas de champán) y tributos a los pioneros de la aviación. Entre otras atracciones de feria, llama la atención Asterión, un minotauro de 14 metros que puede transportar hasta a 50 personas

Para chuparse los ‘doigts’

Como en casi toda Francia, la gastronomía es una parte fundamental en Toulouse. Platos como el cassoulet –un guiso tradicional a base de alubias blancas, cerdo negro de Bigorre, confit de pato y la célebre salchicha de Toulouse– o toda la charcutería imaginable protagonizan la carta en los restaurantes y tiendas gourmets.

Y conviene recorrer sus mercados. El de Víctor Hugo tiene más de 80 puestos con productos frescos regionales. Los restaurantes del primer piso utilizan la materia prima del mercado. El de Carmes, en el barrio homónimo, expone frutas y verduras exóticas, carnes, quesos, panes, pasteles... Al la hora de comer los pequeños locales de alrededor ofrecen, entre otros, platos típicos de Toulouse. El de Saint-Aubin, en el entorno de la iglesia homónima, combina puestos de productores orgánicos, artesanos, de libros, joyería o gastronomía internacional con pasteles marroquíes o platos indios.

Una buena opción de conocer la ciudad, combinando historia y gastronomía, es la original propuesta de showcooking del chef español Alejandro Javaloyas: recorre en bici la ciudad rosa, narrando momentos clave de su historia y degustando productos o elaboraciones representativas que termina de preparar en el momento. Por ejemplo, el Gran incendio de Toulouse, de 1463, se acompaña de los macarons de la pastelería Au Poussin Bleu o la receta de repostería más antigua en la catedral Saint-Étienne.

Alto Garona, histórico y natural

A solo unos pasos de Toulouse, el departamento del Alto Garona esconde tesoros de montaña y algunos de los pueblos más bonitos del país. Con estaciones de esquí, 18 cimas de más 3.000 metros y 12 lugares con la cotizada vitola Natura 2000, es un referente en ecoturismo y sostenibilidad. La región bien merece reservar un día a perderse por su naturaleza o conocer los oficios y tradiciones artesanas de sus pueblos.

Son buenas excursiones de un día La fiesta de las flores, en Luchon –inolvidable la etapa pirenaica de Miguel Indurain en el Tour de 1991– que se celebra desde hace 120 años el último fin de semana de agosto. O el festival gourmet de Cadours, famoso por su ajo morado, también a finales de agosto.

Pero, dejando el coche de lado, toda la región está conectada gracias a líneas de tren y autobuses que permiten atravesar el departamento de norte a sur y de este a oeste. Por no hablar de los impecables carriles-bici junto al río o los canales, como la vía verde Rigole de la Plaine. Y los senderos de Gran Recorrido como el GR® 653, La Vía de Arles, que conecta Revel con Toulouse. Hay rutas temáticas, como los Senderos de la libertad, que recorren los Pirineos tras los pasos de los miembros de la resistencia, y Senderismo tras las huellas del oso.

Ciudades con (mucho) encanto

A menos de una hora en tren de Toulouse, a los pies de los Pirineos, Saint-Bertrand de Comminges es una joya medieval en el Camino de Santiago francés. Además de patear por las callejuelas de este pueblo, considerado uno de los más bonitos de Francia, hay que buscar entre las esculturas de la imponente catedral de Sainte-Marie el cocodrilo suspendido en el coro.

La basílica románica de Saint-Just-de-Valcabrère y los vestigios de la mítica ciudad galorromana de Lugdunum-Convenae completan la visita. Además, el Museo Arqueológico de la ciudad cuenta con un interesante programa de exposiciones temporales que explican en el histórico edificio de Les Olivétains, la oficina de turismo situada en el atrio de la catedral.

De vuelta a Toulouse, Laréole presume de un castillo renacentista. Fue propiedad de un rico comerciante que hizo fortuna con el pastel y es muy conocido por la alternancia rayada de piedra y ladrillo en la fachada, lo que le da un aspecto muy original.

Si el viajero se regala algún día más y le quedan ganas de sumergirse en la historia de Europa a través de sus fortalezas, a una hora de Toulouse tiene Albi, ciudad natal de Toulouse-Lautrec, también declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco; Carcasonne, un conjunto fortificado único en Europa, y Foix, con un castillo medieval de tres torres. En este rincón de Francia, la Edad Media es un paseo.

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