Calor y ruido
Soy una vecina del sur de Madrid y el pasado fin de semana, tras una larga semana de trabajo, me ha sido imposible descansar por las fiestas que se celebraban en el barrio de Butarque. ¿Por qué nos obligan a todos a sufrir algo que solo disfrutan unos cuantos? Sería tan sencillo de solucionar como no permitir a los dueños de atracciones y casetas poner la música a un volumen tan alto, que tampoco quienes acuden lo piden e incluso es posible que les moleste porque las músicas se solapan y no se distinguen unas de otras. A ello se suma el hecho de que, con el calor, no se pueden cerrar las ventanas.
Aprendamos de una vez que las fiestas de barrio no las celebran todos los vecinos y, por tanto, no pueden vulnerar el derecho al descanso.— María Miranda Taibo Gómez-Limón. Madrid.
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