Piruetas
La amargura pesa más que la perplejidad cuando un partido que se llama Esquerra Republicana sostiene a un socio ideológico del PP con la esperanza de rascar un buen resultado en las municipales

La perplejidad no excluye la amargura. El ejercicio de funambulismo táctico que va a permitir a Mas seguir ocupando el poder sin preocuparse mucho por ejercerlo ofrece aspectos que se sitúan entre la picardía y el pintoresquismo. Convocar unas elecciones anticipadas con nueve meses de adelanto y que cuele, logrando de paso que su gran rival en las próximas convocatorias le salve —de momento— del pantano Pujol y hasta le apruebe los presupuestos, representa una pirueta asombrosa. Presentar como plebiscito unas elecciones a las que ni siquiera va a concurrir un frente común es el más difícil todavía. Otra cosa es que, así, los políticos españoles hayan logrado que la gente identifique la política como algo ajeno a la ideología, a las convicciones, a los principios, al pensamiento crítico, al afán legítimo de transformar la realidad y trabajar por el bien común. Luego se llenan la boca hablando de populismo, pero me gustaría saber cómo define Junqueras la abdicación absoluta del espíritu de su partido que supone su pacto con CiU. La amargura pesa más que la perplejidad cuando un partido que se llama Esquerra Republicana sostiene a un socio ideológico del PP con la esperanza de rascar un buen resultado en las municipales. El neoliberalismo pesa menos que los sueños, replicarán ellos, pero me sigo preguntando por la naturaleza concreta de su sueño. ¿Qué independencia tendrá Cataluña, la de CiU o la de ERC? Es la misma, insistirán, pero eso es mentira. Tan mentira como que las ideologías no cuentan, que han muerto, o que sólo se puede hacer una política económica en Europa, gobierne quien gobierne. Por eso, mientras son independientes o no, Junqueras se haría un favor a sí mismo cambiando el nombre de su partido.
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