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Cartas al director

No solo ocurre en la Barceloneta

La situación que denuncian estos días los vecinos de la Barceloneta por el desmadre del “turismo de borrachera” es moneda corriente desde hace años en el centro de Madrid. Vivo a medio camino de la Puerta del Sol y la plaza de Santa Ana, en uno de los lugares más emblemáticos de la que presume de ser una de las capitales de moda de Europa.

Lo que antes eran unas calles amables, a las que abrían sus puertas pequeños negocios familiares, se han transformado en la última década en un parque atestado de terrazas, bares de copas y, lo último, apartamentos turísticos ilegales. Como es fácil imaginar, el sueño de los residentes se ha convertido en misión casi imposible ante las turbas nocturnas que, en plena calle, protagonizan grupos de jóvenes para quienes la única vía de comunicación es el alarido (y no es broma) tribal.

De nada sirve quejarse a la Policía Municipal, que aunque anotan amablemente por teléfono la denuncia, jamás aparecen.

Esto, para quien quiera verlo, tiene lugar a diario, en sesión continua, a 20 pasos de la Puerta del Sol, Madrid, España. Ese delicioso lugar para disfrutar de una “relaxing cup of café con leche”. ¿En serio? ¿Pero dónde diablos vive Ana Botella?— Ángel Arriví Diéguez. 

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