"Si no bailo se me para el corazón"
Con 17 años, Álvaro Prieto está a punto de dar el salto definitivo al mundo profesional de la danza. Estudia 6º de grado medio de danza clásica en el Real Conservatorio Profesional de Danza de Madrid y empezó muy pronto, con apenas siete años. "Mi madre es una gran aficionada al ballet y desde que fuimos pequeños a mi hermana y a mí nos apuntó en la Academia de Luisillo, en Tres Cantos [Madrid]". Allí estuvo dos años. Y siempre con ganas. "Salía del cole con ilusión y me decía: 'Y ahora, a bailar un poquillo". A sus padres le dijeron enseguida que el niño "tenía futuro" y que sería conveniente que le llevaran al conservatorio.
Y ahí está desde los nueve años. Con un horario que pocos aguantarían. Se levanta a las siete de la mañana para ir al conservatorio, a las 16.00 se marcha al instituto Cervantes a estudiar 2º de bachillerato y no llega a casa hasta pasadas las 22.30. Durante los dos últimos años tampoco ha tenido vacaciones de verano, pues se ha integrado en una pequeña compañía para alumnos que se dedica a dar funciones por toda Francia. El esfuerzo lo lleva bien. "Es lo que me llena. Creo que he nacido para esto y si no bailo, se me para el corazón", dice con una ilusión que contagia a cualquiera.
El próximo 14 de diciembre tendrá su primera audición profesional en el Foro de Danza de Mónaco. Allí compañías del mundo entero seleccionarán a jóvenes bailarines para integrarles en sus equipos. Para llegar hasta aquí, Álvaro primero ha tenido que pasar una preselección mandando un vídeo y demostrando cómo sabe bailar. De lo que se trata es de conseguir un contrato para el año que viene. "Yo con tal de bailar, lo que sea". Pero por soñar, dice que se iría fuera de España, por ejemplo, al Ballet de San Francisco. Hasta la fecha, su vida se ha reducido a un triángulo: bailar, estudiar y dormir. Nada de discotecas ni botellones. No ha tenido tiempo. Y ahora está todo por ver.
Ahora empieza lo de verdad.
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