Poca urbanidad
Hace apenas cincuenta años, el 50% de los españoles vivía en el campo. Hoy, esa media España ha emigrado mayoritariamente a las ciudades, pero muchos aún no se han urbanizado, civilizado del todo en sus costumbres, ni las sucesivas administraciones públicas han ayudado a ello.En algunos casos, como el de los decibelios que tanto dañan nuestra salud, más bien ha sucedido lo contrario: esas autoridades han fomentado la poca urbanidad, la poca educación a la convivencia. Así lo encontramos reflejado en la prensa, que recoge -máxime en verano- tantas quejas de ciudadanos que no pueden ni vivir ni dormir. Y esto, no sólo por la incultura cívica de algunos vecinos -gritos, televisiones a todo volumen, etcétera-, sino incluso por ruidos oficialmente permitidos y autorizados: establecimientos de distinta índole, terrazas e incluso fiestas al aire libre... al alcance auditivo forzoso de docenas de miles de personas, cuya vida perturba y cuya salud daña en modo especialmente grave cuando esas personas son niños, ancianos, enfermos, etcétera. Recordemos un caso bastante grave por su extensión, intensidad y horario: provenientes de los cuatro puntos cardinales, muchas noches de verano miles de ciudadanos de Madrid sufren el despertar violento de su primer sueño con petardos y cohetes que, con permiso oficial y financiados por sus mismas víctimas, en vez de ser utilizados -de ser imprescindible hacerlo (¡!)- cuando empieza a anochecer se espera sádicamente a que pase la medianoche.-


























































