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Rusos y norteamericanos presionan a Belgrado para que acepte a González

Comienza la semana decisiva para el presidente yugoslavo, Slobodan Milosevic. El número dos del Departamento de Estado de EE UU, Strobe Talbott, ya está en la zona (ayer llegó a Eslovenia). El ministro de Exteriores ruso, Yevgeni Primakov, llega hoy a Belgrado. Le seguirán sus homólogos alemán, Klaus Kinkel, y francés, Hubert Vedrine. El objetivo común es convencer a Milosevic de que acepte la mediación internacional encabezada por el ex presidente del Gobierno español Felipe González.

Aunque el plazo de 10 días dado por el Grupo de Contacto (EEUU, Rusia, Reino Unido, Francia, Alemania e Italia) expira mañana, Kinkel anunció ayer que el grupo se reunirá de nuevo el 25 de marzo en Bonn. Ése es, al parecer, el espacio de maniobra de Belgrado para esquivar las sanciones. En medios diplomáticos occidentales se da gran importancia a la gira de dos días del ministro ruso de Exteriores. Moscú, un aliado fiel de Milosevic, puede jugar un papel clave y arrancarle dos promesas: negociaciones reales en Kosovo y mediación internacional.El diálogo es inexistente, peser a la mascarada propuesta por Belgrado en Pristina. Tras tres días de espera, ningún líder de Kosovo se presentó para hablar con el viceprimer ministro serbio, Ratko Markovic. Éste, molesto por el boicoteo, advirtió a la población de los riesgos que corre debido a la actitud de sus líderes. El norteamericano Talbott tachó de "cínico" este intento de diálogo.

En Pristina, entre tanto, unas dos mil mujeres albanesas iniciaron una marcha hacia Drenica, 50 kilómetros al noroeste, para protestar por las matanzas perpetradas por la policía serbia. La policía impidió que llevaran pan a los supervivientes.

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