Misioneros del ruido
La duración de las obras que se llevan a cabo en los Misioneros Combonianos de la calle de Arturo Soria con la de Emilio Vargas (un nuevo Escorial) iba a ser de seis meses, pero ¡ya llevamos nada menos que dos años soportando ruidos infernales! Estamos de acuerdo con una lectora de EL PAÍS que escribía sobre contaminación acústica; cuando el ruido es continuo y sobrepasa los decibelios permitidos por la OMS, cosa habitual en Madrid, crea una gran tensión, mal humor y una sensación de angustia difícil de entender si no se padece. Los camiones, además de deteriorar la acera, han llegado a destrozar un árbol de la misma. Sobre las ocho de la mañana nos despiertan con un ruido infernal, y a las nueve hacen un descanso de 45 minutos para el bocata. Sabemos que este ruido matinal lo producen para molestarnos. Juegan con mucha ventaja. Somos esclavos de los combonianos y de sus ruídos. En casa, ni se estudia, ni se trabaja, ni hay siesta ni televisión. Sólo mucho ruido. Y sí queremos amortiguarlo mínimamente hay que cerrar persianas y ventanas y convertir en hornos las viviendas. En lugar de una apisonadora utilizan una pequeña máquina eléctrica de muy sonoras vibraciones que puede hacer estallar nuestras cabezas. Los obreros y los encargados se ríen de nosotros y nos insultan porque protestamos por el ruido. Por desgracia, no nos iremos de vacaciones y ellos seguirán perturbando nuestros sueños y machacando nuestros tímpanos hasta volvernos locos. Nos preguntamos: ¿De dónde sacan el dinero? ¿Por qué no lo invierten en ayudar a los pobres?, ¿No es ésa su misión?-


























































