Baile bajo tierra
Cientos de viajeros presenciaron la 'Danza en el metro'
El escenario, los pasillos del suburbano; la escenografía, fotomatones y máquinas expendedoras. Y el público, los usuarios del metro. Por segundo año consecutivo, Danza en el metro cogió por sorpresa a los viajeros, que sólo salían de su asombro cuando una persona de la organización les entregaba una hoja: "¡Ah!, es un espectáculo del Festival de Otoño", se tranquilizaba una señora. Antonio Palazón, director y creador de Danza en el metro, no tiene noticias de que exista otra ciudad que convierta las galerías del suburbano en espacios para la danza.
A las doce de la mañana de ayer, las cuatro bailarinas del grupo Contrapunto, acompañadas por guitarristas y cantaores comenzaban un espectáculo en el vestíbulo central de la estación de Callao. Unas 300 personas se esforzaban en estirar el cuello para no perderse nada. "Así se rompe la idea tan errónea que la gente tiene de la danza", comentaba Palazón.
Danza en el metro no interrumpe la actividad normal de este transporte. "Hay que montarlo todo, los suelos, las luces y transportar el equipo técnico, sin cortar el servicio", explica Palazón. Los camerinos son los cuartos de los empleados. No hay bastidores, por eso los bailarines entran en escena abriéndose paso entre los viajeros.
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