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Tribuna

Comedia

El principal partido de la oposición ensaya la toma del poder. La cultura -alguien debe de habérselo apuntado- no sólo fija y da esplendor, sino que limpia, y por eso antes del verano Aznar invitaba a desayunar a los intelectuales más despiertos tan temprano. Ahora, el PP vuelve a la farándula. Nunca célebre por sus soliloquios, Álvarez Cascos se ha calentado esta vez los suyos y ha producido una bella metáfora: el Gobierno de González es una compañía de teatro que anuncia para esta temporada "una nueva comedia con el mismo guión y el mismo reparto". Mientras, el líder viaja, se hace la foto con Sábato y visita la casa de Neruda, llegando Aznar a comprar una antología del poeta comunista con dinero "de su bolsillo" (¿de qué otro podría ser?). Nadie se asombre si un día de éstos, agotado el prontuario de frases de Azaña, oímos a Brecht en la boca de Rato y a Merced de las Mercedes (¿o no es así?) citar a Espriu.Pero entre bastidores caen las máscaras. Criticada por otro director su programación del teatro Español, el señor Pérez Puig termina una réplica firmada no enjuiciando el trabajo de su colega, sino dudando de su virilidad: "Sólo le falta [al director que le crítica] plantar un árbol y tener un hijo. Veo más fácil lo del árbol". El señor P. P., cuyos cuatro años de gestión han transcurrido bajo una permanente sospecha de corrupción familiar y un demostrado gusto por el teatro retrógrado, no es sólo un alto cargo de la cultura popular; es la persona que se rumorea como responsable de la televisión institucional o la política teatral de un futuro gobierno PP, y todos le vimos repasando el papel con Aznar en los debates de junio de 1993. El estilo chulo-fascista de esos insultos del señor P. P. es el que muchos asociamos con el repertorio de su partido, y mientras los protagonistas no nos convenzan con gestos habrá que convenir que el PP lo que tiene es mucho teatro.

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