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Cartas al director

Desvelo policial

El pasado 8 de julio, en Arcos de la Frontera (Cádiz), un par de rateros, por el clásico procedimiento del tirón, se, llevaron el bolso de mi mujer, a pesar de la instintiva carrera que emprendí tras ellos.Guiados por un vecino acudimos al cuartelillo de la Policía Municipal a interponer la correspondiente denuncia. Vana pretensión: el escribiente (así le llamaban) entraba a trabajar dos horas más tarde (a las seis), de modo que o nos quedábamos haciendo compañía a los dos agentes que allí reposaban, o proseguíamos el sofocante recorrido turístico -ya sin devoción- a la espera de que el escribiente tomara posesión. Puestos en esa tesitura a 40 grados a la sombra, mi mujer preguntó ingenuamente al que parecía más jefe: "Bueno, ¿y qué efectos puede tener la denuncia?". "Pues, hombre", respondió el agente al ralentí, "molestias para ustedes, más que otra cosa. Tengan en cuenta que luego tendrían que acudir al juicio... En fin...".

No pretendía yo que se movilizara toda la Policía Municipal para localizar el bolso, lo juro; pero, hombre, tampoco esperaba que ante la intención de denun-

ciar el hurto nos desanimaran los mismísimos agentes del orden.-.

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