Vigesémicos
A. B., "Sin duda, hay esperanza para la Humanidad. Para nosotros, en cambio, no hay sino la certeza de que mañana seremos condenados, (el estúpido siglo XX), primitivos y salvajes vigesémicos, con el mismo fervor con que abolimos a los decimonónicos autores, con sus ideas, sus actos e invenciones del siglo XX, el siglo que no existe, sino en la imaginación de quienes miran crecer la noche en este campo de sangre, este planeta de alambradas, este matadero sin fin que está muriendo bajo el peso de todas sus victorias".
El fragmento de uno de los poemas inéditos que José Emilio Pacheco leyó en Valencia durante los recitales nocturnos que los organizadores de las jornadas sobre Hispanoamérica y la modernidad convocaron con la Unió d'Escriptors del País Valencia, refleja la lúcida conciencia de una época, de una modernidad que se agota, en el discurso -¿postmoderno?- de uno de los más representativos escritores de la actual literatura mexicana.
Pacheco, nacido en 1939, considerado uno de los más importantes sucesores de Octavio Paz y autor de libros como No me preguntes cómo pasa el tiempo (1969) e Islas a la deriva (1976), tiene por principio no conceder entrevistas pero ha reflejado en Valencia el estado de ánimo de una buena parte de la intelectualidad latinoamericana.
Citando un texto de Henríquez Ureña, maestro de la generación mexicana de 1910, según el cual "la utopía de América es la única esperanza de paz en medio del infierno social que atravesamos", Pacheco finalizó su conferencia en Valencia con esta consideración: "La justificación de América es realizar la utopía, establecer un mundo en que las diferencias, en vez de significar división y discordancia, se combinen como matices de la unidad humana. Esa utopía del nuevo mundo ha empezado a cumplirse desde hace por lo menos un siglo en la poesía y la literatura. Hoy es preciso extenderla a todas las actividades, como única alternativa contra la barbarie, la injusticia y la violencia que cercan a Hispanoamérica por todas partes".
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