Tutu dice que el cambio pacífico en Suráfrica es casi imposible
El premio Nobel de la Paz Desmond Tutu declaró ayer que Suráfrica está al borde de la catástrofe y que la única esperanza para evitar un baño de sangre es una rápida intervención mundial. "Las posibilidades de un cambio pacífico en este país son virtualmente nulas", añadió el obispo negro anglicano durante una conferencia de prensa organizada tras el discurso pronunciado el jueves por el presidente surafricano, Pieter Botha. Tutu manifestó que iba a reconsiderar la posibilidad de pedir sanciones económicas internacionales contra el régimen racista de su país.
"Salvo un milagro o una intervención decisiva de la comunidad internacional, estamos perdidos", aseguró Tutu, quien calificó el discurso del presidente surafricano de "batiburrillo sin sustancia". Botha presentó el jueves en Natal, ante el congreso provincial del gobernante Partido Nacional, un catálogo de intenciones, pero ninguna medida política inmediata y concreta en favor de la mayoría negra. El jefe de Estado surafricano rechazó la posibilidad de acordar el sufragio universal para la población negra y la liberación del líder del Congreso Nacional Africano (ANC), Nelson Mandela, encarcelado desde hace 21 años. Tutu, por su parte, calificó de imperdonables las palabras de Botha sobre Mandela y manifestó que el país tenía necesidad de una "declaración clara y sin ambigüedad" que anunciara la supresión del apartheid.Para el obispo negro, Botha planea "uña total sumisión" de los negros, con apoyo del presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan; la primera ministra británica, Margaret Thatcher, y el canciller alemán, Helmut Kohl. "No creo que Botha tenga interés en una negociación pacífica, puesto que es consciente de su fuerza militar", agregó el premio Nobel de la Paz, que también criticó el electoralismo y falta de visión de futuro del presidente.
El Frente Democrático Unido (UDF), agrupación de cientos de organizaciones antiapartheid, considera que Botha declaró su fracaso al proponer de hecho un incremento de "la brutalidad del sistema". El UDF se comprometió paralelamente a intensificar la lucha para acabar con el apartheid y lanzó un llamamiento a la comunidad internacional para que deje de apoyar al régimen de Pretoria.
Por su parte, Oliver Tambo, líder del Congreso Nacional Africano (ANC), anunció desde Lusaka (Zambia) que "la lucha armada debe continuar y continuará". Tambo hizo un llamamiento a todo el pueblo surafricano para que se les una en la "lucha para destruir el monstruoso Frankestein del apartheid'. Desde posiciones más moderadas, Gatsha Buthelezi, jefe del grupo zulú Inkatha, declaró en Jerusalén que: Botha "no ha tenido el valor de tomar las decisiones necesarias".
El rechazo internacional al discurso del presidente surafricano fue generalizado, a excepción de Estados Unidos y el Reino Unido, y algunos Gobiernos han anunciado un incremento en la presión sobre el régimen del apartheid. Francia considera que el discurso de Botha "no parece aportar ningún elemento que permita aliviar las tensiones existentes", según indicó ayer el ministro francés de Asuntos Exteriores, Roland Dumas. También el Gobierno de Bonn se mostró disgustado por la decepcionante intervención del presidente surafricano.
La Casa Blanca ocultó, bajo tina cautelosa actitud de espera, la decepción de los asesores del presidente Ronald Reagan por la aparente renuncia del Gobierno de Suráfrica a concretar medidas para terminar con el separatismo racial del régimen del apartheid, según informa desde Washington el corresponsal interino. En el Congreso norteamericano, los críticos del segregacionismo surafricano aseguraron que el discurso del presidente Botha no hará más que incrementar las presiones legislativas para que Reagan dé su visto bueno a la imposición de sanciones económicas a Pretoria.
El impacto de la aparente disposición del Gobierno de Pretoria a entablar negociaciones con los dirigentes de la mayoría negra de penderá en gran medida de la credibilidad que éstos otorguen a las ofertas que Botha esbozó el jueves en un mensaje a sus correligionarios en Durban, dijo -poco después del discurso- el consejero presidencial de Seguridad Nacional, Robert McFarlane.
Decisiones osadas
El funcionario trató de poner buena cara al mal tiempo que augura para la Administración la postura adoptada por Pretoria pocos días después de que tanto la Casa Blanca como el Departamento d Estado instaron al régimen de Pretoria a tomar "decisiones osadas" para poner fin al separatismo racial. La Administración hizo su dramático llamamiento poco después de que McFarlane advirtiera a los surafricanos -en una reunión celebrada en Viena (Austria)- de la probable impotencia de Reagan para sostener el veto presidencial a la imposición de sanciones legislativas.
La reservada reacción de la Casa Blanca contrastó con las duras expresiones de condena de los opositores del apartheid al tono desafiante y la vaguedad de los conceptos de Botha. "Es, trágicamente, la misma" actitud adoptada previamente por el Gobierno de Pretoria, dijo el presidente del Comité de Exteriores de la Cámara de Representantes, el demócrata Dante Fascell. Por otra parte, 12 senadores norteamericanos enviaron ayer un cheque por valor de 6.000 dólares (casi un millón de pesetas) a la esposa de Mandela para ayudarle a reparar su casa, gravemente dañada hace unos días por un incendio provocado.
En el Reino Unido, igualmente opuesto a cualquier sanción contra Pretoria, la viceministra de Asuntos Exteriores, Young, lamentó que Botha no haya respondido favorablemente a la petición británica de liberación de Mandela y mostró su decepción porque "no se mostrara más preciso en ciertos aspectos". No obstante, el Foreign Office considera que el discurso constituye "una prueba más de que el Gobierno surafricano está comprometido en un proceso de reformas".
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