Dimite el director de personal de la televisión vasca
La dimisión del director de personal de la televisión vasca Euskal Telebista (ETB), la decisión por parte de los trabajadores de continuar la huelga intermitente que mantienen desde el pasado fin de semana, y la dura réplica del comité de empresa a las manifestaciones del director del ente público Radio Televisión Vasca, ante la comisión parlamentaria de medios comunicación, son las últimas manifestaciones de la crisis laboral por la que atraviesa dicha entidad.En su comparecencia parlamentaria, el director del Ente Público, Andoni Areizaga, cuya dimisión fue solicitada por la asamblea de trabajadores, acusó a éstos de pretender "trabajar menos y cobrar más" y de "poner en peligro el futuro de la televisión vasca". El comité de empresa rechazó ayer tales acusaciones y argumentó que el problema de fondo es la negativa de la dirección a fijar un cuadro estable de relaciones laborales que evite la permanente sensación de improvisación.
Pero más allá de lo estrictamente laboral, el actual conflicto -materializado en la ola de dimisiones y en la suspensión de emisión es los domingos y lunes- parece poner de relieve la entrada en crisis del diseño de televisión autónoma aprobado en su día. Dicho diseño, elaborado por una firma alemana, era el apropiado para una televisión local, de dimensiones y pretensiones modestas. Sin embargo, la actual dirección, animada quizá por los resultados de encuestas favorables, se planteó metas más ambiciosas, incluida la de intentar competir en determinados espacios con las dos cadenas nacionales, sin variar los criterios organizativos y técnicos iniciales.
Por otra parte, dos años y medio después del inicio de las emisiones, y una vez pasada la fase de expectativa popular que suele suscitar toda novedad, la audiencia, según datos recientes, no sólo no aumenta, sino que tiende a disminuir. Pero, sobre todo, y más allá del aspecto estrictamente cuantitativo, la influencia social de ETB en la vida real de Euskadi, el 80% de cuya población es incapaz de seguir un programa en euskera, es mínima, pese a su presupuesto de 3.800 millones de pesetas para este año. La frustración creada por esa realidad en los propios profesionales del medio, explica en parte la crisis actual.
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