La revolución feminista
He leído varias cartas y artículos con firmas masculinas que nos recuerdan a las mujeres que si queremos obtener la igualdad de derechos y obligaciones con el hombre debemos exigir para nosotras el servicio militar.En su lucha por la igualdad, las mujeres, cuando aún no tenían derecho al voto no pidieron nunca que los hombres perdieran el suyo. Cuando alcanzaban la mayoría de edad, unos años después que los hombres, no lucharon por retrasar la emancipación de éstos. Tampoco se les ocurrió nunca pedir la cárcel para el adúltero, a pesar de que muchas mujeres se hallaban a la sombra por ese motivo.
Las mujeres podemos responder ante la historia con un pasado muy pacífico. Nuestra revolución -la feminista- fue la única revolución sin víctimas. Las pistolas, los tanques y los misiles son artilugios masculinos, que gustan, ya desde pequeños, a los hombres. No creo que las mujeres hayamos venido al mundo para matar. No estamos por la labor. Y, sin embargo, basta echar un vistazo a las cifras de bajas en la población civil durante la segunda guerra mundial para comprobar lo intensamente que ha participado la mujer, como víctima, en los conflictos de los hombres.
Me parece que ya va siendo hora de que los hombres pidan la igualdad de derechos con nosotras. Pero si no consiguen dejar de ir a la mili, al menos les quedará el consuelo de no servir a las órdenes de ninguna generala ni de defender las prerrogativas de ninguna dictadora.-


























































