Un lenguaje para cambiar la vida
Le ruego publique esta carta como un llamamiento a todos y, muy especialmente, a los medios de difusión: tanto o más que todos los artículos de sociólogos, intelectuales y filósofos, que todos los editoriales de buena voluntad y que todas las quejas solitarias cuando vemos la tele en el salón de nuestra casa, puede ayudar a cambiar esta sociedad el que hagamos todos el esfuerzo de empezar a reflejar en el lenguaje que usamos cada día esas ideas que decimos que defendemos: la igualdad entre el hombre y la mujer, la existencia de otros modelos y conductas sociales diferentes a los tradicionalmente considerados como únicos, la no uniformidad de ambiciones y necesidades a nivel individual: no todas las personas son heterosexuales, no todas las madres tienen un marido, no todos los hombres son cabeza de familia.¿Por qué no empezamos a usar las terminaciones femeninas de todas las profesiones y no sólo de aquellas a las que ya estamos habituados? (el habla, dicen, hace la norma, y la norma el sistema). ¿Por qué no empezamos a llamar padres y madres a los padres y madres en lugar de maridos y mujeres? (si realmente aceptamos que hay padres y madres que no son maridos y mujeres). ¿Por qué no empezamos a dirigirnos a las personas que hacen las tareas domésticas y no a las amas de casa? (cada día hay más hombres relacionados con tareas como limpiar, cocinar...).
Creo que es a través del lenguaje que usamos como modelamos nuestra conducta y la de la sociedad en que vivimos. Sé que usted sólo puede actuar desde su periódico: ya es bastante. Y, por favor, ¿podrían alternar la imagen del ejecutivo internacional del anuncio Lea EL PAÍS con la de una ejecutiva internacional? ¿Podrían incluir alguna otra mujer profesional, además de la enfermera y la chacha, en su anuncio de ofertas de traba o "Anúnciese en EL PAÍS"? Una imagen vale más que mil palabras. /
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