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El día que lanzaron a Antonio Ordóñez un rollo de papel higiénico en una plaza mexicana, los españoles tomamos nota de cómo se podía ofender a un torero si le faltaba el coraje. El día en que el público español vio a través de televisión la lluvia de papelillos del River Plate bonaerense, los aficionados al fútbol comenzaron a confundir la alegría con la chufla. Los papelillos argentinos producen un espectáculo de truco cinematográfico que resulta vistoso. En España, porque es más cómodo, se ha adoptado el rollo higiénico y el rollo de la calculadora. Es así como se desvirtúa el significado de los papelillos. Pero también así se demuestra que a los futboleros les va el rollo.


























































