Violencia futbolística
Me refiero al artículo firmado por Alfredo Relaño, aparecido en el número 159, bajo el título «Amenaza de bombas contra el fútbol nocturno.»Pienso que no hay que llegar al extremo de colocar bombas o artefactos explosivos en los campos de fútbol, aun cuando se dé aviso de su colocación para, como dice la nota, evitar víctimas, pues éstas pueden producirse en la precipitada huída, además de llevarse un buen susto. Tampoco creo que estos artefactos deban ser colocados en los coches de las personas que acudan a presenciar los partidos pues estas cosas, en el mejor de los casos, lo único que producen son pérdidas económicas.
La violencia no puede ser justificada nunca, cualquiera que sea el fin que con ella, o a través de ella, pretenda conseguirse.
Pero sí estoy de acuerdo en que los partidos de fútbol pueden y deben colocarse de día. No sé si esto supone o no un considerable ahorro, pero el efecto que causan en los ciudadanos esos derroches de luz es deprimente, máxime cuando nos están mentalizando con machaconería para que ahorremos energía, obligándonos, entre otras cosas a circular a 100 kilómetros por hora sabiendo que el ahorro que se pretende con esta medida de reducción de velocidad es nulo. Estoy convencida de que si esta norma es cumplida, es por miedo al «palo» -leáse multa- pues en España seguimos viviendo, amenazados como si pendiera sobre nuestras cabezas la espada de Damocles.
Después de ver la iluminación que tenía el Santiago Bernabéu el sábado día 30 de octubre, no se puede seguir insistiendo en que apaguemos la luz del pasillo en nuestra casa. Creo, por tanto, que como reza la clásica frase «o jugamos todos o rompemos la baraja». Es hora de acabar, de una vez por todas, con tanto favoritismo.
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