Empate de fe, juego y goles entre el Levante y el Espanyol
El equipo granota, revigorizado con Luís Castro, sella las tablas con un rival de granito


El fútbol son las piernas y la cabeza, también la confianza y la fe, que bien pueden hacer de motor para ambas cosas. Y en el Ciutat de València se midieron dos conjuntos que de repente se lo tienen creído, sobre todo un Espanyol que está cuajando una temporada de ensueño, atornillado en los puestos de Europa después de años de penurias. Pero también está con la flecha verde y hacia arriba el Levante desde que llegara el técnico portugués Luís Castro, que en apenas un par de semanas le ha dado bríos nuevos al equipo, desde el sistema hasta los figurantes, desde la actitud al fútbol, que por eso ya le hizo un roto al Sevilla en el Sánchez Pizjuán. Igualados en ambición y prestaciones, las tablas definieron un resultado lógico que hace ver al Levante que la salvación es posible y al Espanyol que Europa no es una quimera.
Salió al campo el Levante sin complejos ni ataduras, como si estar en las catacumbas de la tabla fuera un acicate y no una condena. Cuestión mental. Y la puesta en escena fue deliciosa, pocos toques y muchos metros, contras de aúpa, pases a las espaldas de los laterales adversos, ocasiones a chorro. Lo intentó por dos veces Kareem Tunde —que pasó por la cantera del Espanyol, también del Barça—, pero en una le faltó puntería porque la pelota le cuchicheó al palo; y en la otra le sobró Dmtrovic, que hizo una estirada fílmica. También lo probó Iker Losada, pero el esférico no cogió portería. Chasquidos de lamento desde la grada y aplausos a rabiar para Carlos Álvarez, que desde la mediapunta movía los hilos, facturador de contras. Curiosamente, desde el otro lado de la red el Espanyol no se descomponía, gestos sobrios y ningún aspaviento, decidido a madurar el partido porque nunca se le dio nada fácil, empeñado en hacer de las áreas su botín, con Calero inconmensurable en la propia y con Kike García en la rival.
Eso y, claro, pelota a Edu Expósito, corazón y catapulta blanquiazul, origen y hasta final de las jugadas porque bajaba a recibir para construir, al tiempo que pisaba el área rival para definir. Un chut a la maraña de rivales; otro negado por Matthew Ryan; uno más entremezclado, a las piernas del rival y a los guantes del portero; y uno último por arriba después de un centro-chut de Jofre. Su criterio y aparición, su persistencia por relacionarse con la pelota, bastó para devolver al Espanyol al partido, uno en el que también quería dejar su muesca Kike García, que se peleaba hasta con su sombra, siempre en busca del remate. Una advertencia de que medio despiste podría ser un castigo entero. Pero se alcanzó el entreacto sin goles, capaz el Espanyol de rebajar la fiereza rival, quizá porque la fe mueve montañas. Y con Manolo González en el banquillo, hasta cordilleras.
Cosa que aclaró Carlos Romero poco después, tras una contra impulsada por Jofre que hundió a la zaga contraria. Su centro no pasó a mayores, pero Romero, que tiene vocación de extremo y que está cuajando una temporada de diez, controló con el interior y, a bote pronto, soltó un latigazo que se coló por la escuadra contraria. Aunque no le dio tiempo a celebrar al Espanyol, que se despistó en la siguiente jugada. Fue con una jugada a balón parado desde su campo y con un pelotazo a la diagonal de Iker Losada, que se metió entre Omar y Calero para dormir el esférico con el pecho y, también a bote pronto, batir a Dmtrovic. Estalló el Ciutat de València y por poco no repitió con otra contra —dirigida por Caros Álvarez, quién sino— que Losada erró al final, toda vez que saltó antes de tiempo y no fue capaz de marcar los tiempos en el remate de cabeza. Pero, una vez más, el revés no fue suficiente para desfigurar al Espanyol.
No le sucedió lo mismo a Javi Puado, que reapareció en el pasado derbi después de tres meses con la rodilla a la virulé, y volvió a pedir paso ante el Levante. Pero el infortunio y una mala frenada, volvieron a enviarle a la rebotica, apenas dos minutos después de entrar en el terreno de juego. El capitán maldecía su suerte como también lo hacía el Levante, que perdía a Arriaga tras un sprint. Algo que, sin embargo, se veía venir porque ya se quejó al inicio del choque, mantenido en el césped por su físico y músculo, también omnipresencia. Pero Arriaga no sabe jugar a medias y a la que forzó, se rompió. El envite, en cualquier caso, guardó las formas y el resultado, un empate de juego y fe, de confianza y fútbol.
| Clasificación | PT | PJ | PG | PE | PP |
|---|---|---|---|---|---|
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16
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19 | 19 | 5 | 4 | 10 |
|
17
|
18 | 19 | 4 | 6 | 9 |
|
18
|
17 | 19 | 3 | 8 | 8 |
|
19
|
14 | 18 | 3 | 5 | 10 |
|
20
|
13 | 19 | 2 | 7 | 10 |
| Clasificación | PT | PJ | PG | PE | PP |
|---|---|---|---|---|---|
|
3
|
41 | 18 | 13 | 2 | 3 |
|
4
|
38 | 19 | 11 | 5 | 3 |
|
5
|
34 | 19 | 10 | 4 | 5 |
|
6
|
29 | 19 | 7 | 8 | 4 |
|
7
|
26 | 18 | 6 | 8 | 4 |
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