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Canastas que van a cambiar vidas

La Minicopa Endesa, el torneo infantil de la Copa de la Reina que se disputa este fin de semana, se consolida como un escaparate y una experiencia inolvidable para niñas menores de 14 años, clave para fortalecer su vínculo con el baloncesto en una edad tras la que cuatro de cada cinco abandonan el deporte colectivo

Awa Fam con el Valencia Basket.

Esta es una de esas vivencias que cambian el rumbo de una vida. Awa Fam guarda todavía nítido recuerdo del ruido del pabellón Würzburg de Salamanca, del cosquilleo de enfrentarse, sin siquiera haber cumplido los 12, a las mejores niñas de España, con algunas de las jugadoras de básquet del momento mirando y animándola desde la grada. Era 2015, acababa de salir de Santa Pola para incorporarse a la cantera de Valencia Basket. Y aquel marzo levantó el trofeo de la Minicopa LF Endesa, torneo que se disputa en paralelo a la Copa de “las mayores”. “Es algo que recordaré toda la vida”, rememora la pívot, hoy convertida en una de las jugadoras españolas más prometedoras: pieza clave en el Valencia —aspirante al título en esta Copa de la Reina 2026—, pilar de la selección española y una de las jóvenes que más interés despiertan del otro lado del Atlántico, en la WNBA.

Para Fam fue “inolvidable”, y no solo por lo que sucedió en el parqué: algunos de “los recuerdos más bonitos” que refiere tienen que ver con todo lo demás: con los viajes en bus, con la convivencia, con la experiencia de sentirse profesionales por vez primera. Son historias como esta las que configuran el espíritu de este torneo infantil que este año celebra su novena edición —nació en 2017 y sufrió su única interrupción en 2021, por la pandemia—, y que se disputa hasta el 29 de marzo en Tarragona. 16 equipos enfrentados, las canteras de la Liga F Endesa cara a cara, las mejores jugadoras menores de 14 años de España poniéndose a prueba en un contexto único.

Lo que viven es un cúmulo de primeras veces compartidas con sus compañeras: el viaje, las concentraciones en hoteles, la convivencia con las jugadoras del primer equipo, los pabellones más señeros de nuestro baloncesto llenos para verlas. Es una ventana desde la que atisban, aunque sea fugazmente, el que podría ser su futuro en el baloncesto.

Made Urieta (Amurrio, 1981), entrenadora del Kutxabank Araski, conoce bien ese impacto. Su equipo acudió en 2017 a la primera edición femenina del torneo, en Girona, y desde su comienzo defiende el enorme valor formativo de la competición. “Todas las niñas están deseando formar parte de los equipos que participan en la Minicopa”, asegura Urieta. “Quieren vivir la experiencia de compartir esos días con el resto de equipos, de las acciones que se organizan con jugadoras veteranas; las visitas de las internacionales españolas o del propio seleccionador… es una experiencia increíble donde el baloncesto se convierte en la mejor excusa para un fin de semana muy especial”.

La entrenadora cree que ese recuerdo puede ser determinante en una edad crítica. Según detectó el proyecto Basket Girlz, impulsado por Endesa en colaboración con la FEB y el CSD, con el estudio que llevó a cabo la exbase internacional y psicóloga Mar Rovira, en torno a los 16 años se produce el mayor abandono de la práctica deportiva: cuatro de cada cinco chicas dejan los deportes colectivos durante la adolescencia. “Cuando llegan el instituto y los estudios universitarios y cambian las prioridades, llega el abandono”, señala Urieta. “Pero vivir experiencias como esta hace que el vínculo con el baloncesto sea más fuerte y que cueste más soltarlo”.

Sentirse profesionales por unos días

El ecosistema es de veras, en miniatura, el del baloncesto profesional: una preparación física y táctica específica, ruedas de prensa, la presencia de los técnicos de la selección en la grada… “Durante cuatro días se sienten como las jugadoras profesionales a las que admiran”, resume Urieta, que añade que “en Araski incluso les hacemos una equipación especial, con patrocinadores y presentación en el ayuntamiento [Vitoria, Álava]. Todo esto deja una huella muy fuerte”.

El nivel deportivo también ha crecido una barbaridad con los años. Las canteras de los clubes de la Liga F Endesa prestan cada vez más y mejor atención a las etapas de básquet de formación y cada edición reúne a jóvenes que pronto aparecen en las selecciones autonómicas y nacionales. “Se ven auténticos partidazos”, asegura la entrenadora vasca. “Para muchos equipos es una oportunidad de medir el nivel real que hay en España”.

Pero lo que prende y se graba a fuego en la memoria no suele ser el resultado, ni siquiera una canasta anotada o un rebote recuperado. Lo que hace especial a este torneo es lo que Fam relata con un tono todavía emocionado: “El apego por esas compañeras que se convierten en amigas, los planes que hacíamos juntas, las anécdotas que volvéis a recordar y que demuestran lo especial que fue, todo eso hace que después quieras seguir yendo a los entrenamientos, que quieras jugar”.

Una historia que va de Astou Ndour a Awa Fam

El referente de la niña Awa Fam era Astou Ndour, la pívot senegalesa nacionalizada española que dominó la pintura con la roja durante años.

Y ahí es donde aparece Begoña Santana, alma mater del Spar Gran Canaria. Es uno de los clubes más influyentes en el baloncesto formativo español: 53 títulos nacionales en su haber, más de 100 jugadoras internacionales y ¡hasta siete medallistas olímpicas surgidas de sus filas! Nada de esto habría sido posible sin las cuatro décadas de trabajo de Santana.

Fue ella la que viajó a Senegal para hablar con la familia de Astou Ndour, para convencerla de mudarse a las islas. “Cuando llegó pensé que no aguantaría ni una semana”, cuenta Santana. No solo aguantó: con 14 años ya era una leyenda de la cancha, capaz de hacer mates en campeonatos de España. Una de las mejores pívots de Europa, como lo es ahora Fam.

Para Santana, torneos como la Minicopa LF Endesa son fundamentales en el proceso. “Para ellas se abre un mundo: ver tantos equipos, jugar contra tan buenas jugadoras, viajar, competir, divertirse… solo participar ya es un premio”.

Ella conoce de primera mano el baloncesto femenino español desde 1979. Es, quizá, la voz más autorizada, alguien que ha tutelado la carrera de más de 8.000 jugadoras y que siempre confió en que ocurriría lo que ahora vemos: el despegue definitivo. Por eso hay que hacerle caso en lo que dice a continuación: “Yo he practicado también natación y otras disciplinas de carácter individual. Y el deporte colectivo te aporta algo distinto, que difícilmente aprenderías de otra manera. Aquí se comparte lo bueno y lo malo, te apoyas en tus compañeras, trabajas en equipo, convives con caracteres diversos… Eso es algo a lo que no deberíamos querer renunciar nunca”.

Un aprendizaje que va más allá del balón

Lo fundamental del baloncesto ocurre, sobre todo, antes de que suene el silbato del árbitro. Es un conjunto de valores que permanecen y constituyen luego a quien ha sido jugadora. Y ahí reside la verdadera esencia de la Minicopa LF Endesa. Es una cita que se prepara con mimo: “Llevamos tres semanas y no te imaginas la ilusión que le han puesto”, cuenta Santana, que afirma que “ha mejorado mucho su capacidad de trabajo”, por ese entusiasmo.

Un aprendizaje acelerado pero duradero. “Desde el desayuno en el hotel hasta cuando se montan en el autobús —en la guagua, pronuncia Santana—, todo, absolutamente todo es parte de una enseñanza muy valiosa”.

“Yo les diría a las que vayan a jugar por primera vez la Minicopa que, sobre todo, disfruten”, aconseja Fam. “Que piensen que lo que van a recordar no será si ganaste o perdiste sino todos esos pequeños momentos que se quedan marcados. ¡Y que disfruten de lo que significa competir con amigas! Cuando llega la Minicopa, esta vivencia hace que quieras seguir practicando baloncesto”.

Un desafío pendiente

El crecimiento es mesurable: en las medallas que acumulan verano a verano las selecciones de todas las categorías, en la visibilidad de la Liga F Endesa o de torneos como esta Copa de la Reina, en las oportunidades que se les brindan a las jugadoras en universidades extranjeras o ligas profesionales.

Pero el abandono temprano sigue siendo una preocupación mayúscula. La presión académica, la falta de apoyo de entornos familiares o de amigos o nuevas formas de ocio (“Las nuevas tecnologías les roban un tiempo que no perdíamos en mi época”, afirma Santana) están entre las causas detectadas en el diagnóstico. Lo que falta es ponerle remedio. Y experiencias como la Minicopa LF Endesa pueden jugar un papel decisivo: “Permite que nuestras jóvenes vislumbren un futuro”, dice Santana; visión que comparte Urieta: “Cuando comparten vestuario con el primer equipo, cuando son sus referentes quienes acuden a un pabellón a verlas a ellas, entienden que el baloncesto puede acompañarlas durante muchos años”. Lleguen a profesionales o sean meras aficionadas que siguen reuniéndose con sus amigas en torno a una canasta. ¿Acaso no es eso también lo que sigue haciendo aquella niña de Santa Pola que levantó la Minicopa de 2015 y por cuyas manos pasa el futuro del básquet español?

Endesa lanza la segunda edición de los premios Basket Girlz y premiará con 10.000 euros a una iniciativa que fomente el baloncesto femenino

El proyecto Basket Girlz busca visibilizar las causas del abandono del baloncesto femenino en edad adolescente y promover acciones que ayuden a revertirlo. Si tienes un proyecto o iniciativa enfocado en el baloncesto femenino, Endesa puede ayudarte a hacerlo realidad. Además de los 10.000 euros, el proyecto ganador contará con una jornada de guía y formación con Mar Rovira, psicóloga deportiva y autora del informe Basket Girlz para seguir desarrollando su iniciativa. La convocatoria está abierta hasta el 14 de abril.

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