Capítulo 2: Nuestro norte
¿Cuál es la esencia del Real Racing Club? La voz del ‘speaker’ Jose Barba relata cómo se hereda y transmite el legado verdiblanco a través de las historias de Tomi, Alicia e Íñigo


A veces, las palabras no bastan. Por eso, es mejor hacerle caso a Jose Barba, que para algo lleva más de 20 años atendiendo a los racinguistas desde la taquilla y poniendo voz a sus sentimientos desde la cabina de ‘speaker’ de los Campos de Sport de El Sardinero. En este capítulo de la serie 42 LEGADOS nos asomamos a la esencia de un club que está en el corazón de Cantabria y que ha dejado un legado verdiblanco de valores y de pasión que ejemplifican mejor que nadie las historias de Tomás Carrera, Alicia Ruiz e Íñigo Sainz-Maza.
Ser del Real Racing Club es apretar los dientes cuando arrecia la tormenta y mirar aun así con optimismo al futuro, es humildad y resistencia, es parecerse a esa tierra verde y montañosa bañada por el Mar Cantábrico; esa conjunción de arraigo y valores es lo que los racinguistas denominan: “Nuestro norte”. El norte como un rumbo, un faro para no desfallecer frente a ninguna adversidad, y como fidelidad a una forma de ver el fútbol y la vida.
Nadie encarna esas virtudes como nuestros tres protagonistas: Carrera, jefe de mantenimiento, el empleado más veterano del club; Ruiz, una capitana que hasta los 15 años ni siquiera pudo militar en las filas de un equipo federado y aun así triunfó; o Sainz-Maza, que porta el brazalete desde los 23 años, que ha sabido respaldar a su club en las duras y las maduras y que, además, es un vecino más, en su pequeño pueblo, Ampuero.
A Tomás Carrera ni siquiera le gustaba el fútbol. Hijo de mecánico, manitas incansable, entró en el club en 1994 para arreglar lo que hiciera falta: el césped, una máquina estropeada, un vestuario a medio montar… Y, sin pretenderlo, acabó salvando la propia entidad. A pesar de las instrucciones que había recibido de la presidencia, en 2014 decidió desobedecer y abrió las puertas de El Sardinero a los accionistas para celebrar una asamblea extraordinaria que supuso un cambio de rumbo cuando la entidad atravesaba sus peores momentos. Aquella reunión todavía se conoce hoy como Junta de la Liberación y todos los aficionados celebran a Tomi por su valentía, por su compromiso con unos colores que ha transmitido a su hijo Hugo, convertido en su mejor discípulo.
Hoy, su hijo Hugo, utillero del filial, lo observa con admiración silenciosa. Él sí creció enamorado del balón. Y ¡todavía juega! Pero quiere seguir los pasos de su padre. No por la medalla, por el legado de valores que ha recibido, por esa lección íntima de dignidad que se hereda sin discursos. También por lo bonito de heredar una profesión y sobre todo por el orgullo que uno siente al defender un escudo día tras día, aunque sea alejado de los focos.
Alicia Ruiz sólo podía pisar el césped de los campos en los descansos de los partidos de su hermano. No había clubes para esta hija de una familia en la que todos eran aficionados del Racing. Especialmente su padre: aunque no la podía llevar a El Sardinero porque trabajaba los fines de semana en un restaurante, siempre la apoyó en su decisión de intentar ser futbolista. La plaza de su urbanización fue su terreno de juego hasta que Pedro Munitis acudió al restaurante de su padre y le dijo: “Apunta a Alicia al equipo que entreno”. De ahí surgió el actual Racing femenino. El club en el que ahora Alicia despunta como capitana. Igual de zurda que cuando la entrenaba la gran leyenda Pedro Munitis…
Llegó al Racing cuando el club aún vivía sus días de gloria por competiciones europeas. Y le tocó tomar el timón cuando vinieron peor dadas. Íñigo Sainz-Maza personaliza la humildad y resistencia de las que puede presumir este club. Un capitán que, además, lejos del cliché del futbolista moderno, hace cundir su ejemplo desde Ampuero, el puebluco en el que nació y creció y donde, para todos, es simplemente Íñigo. Vecino querido, y un modelo por su calidad humana (y en el campo).Ojalá su abuelo, la persona con la que se enamoró de esa esencia tan única del Racing, hubiera alcanzado a verlo con el brazalete en El Sardinero.
Este vídeo se grabó entre los días 3 y 6 de febrero de 2025 en Santander, Ampuero y Solares. Muchas gracias a todos los que abrieron sus casas para que fuera posible: a Aurélie, más cántabra que francesa ya y casi más racinguista que su marido Tomi; a la enorme leyenda Pedro Munitis, que sigue inspirando y educando a futuras generaciones de deportistas; a José Barba, a todos los trabajadores del club que tan fácil nos lo pusieron en las instalaciones de la ciudad deportiva y en el estadio para hacer esto posible, a la academia de tecnificación Futbox y, por supuesto, a Tomi, Alicia, Íñigo y Hugo.
Los cinco cortometrajes de no ficción de este proyecto de Prisa y LALIGA narran historias reales que demuestran cómo el fútbol se convierte en un legado que trasciende generaciones transmitiendo la pasión por un club.
Esta iniciativa se enmarca dentro de la campaña de marca de LALIGA “42 Legados, 42 formas de ganar”, cuyo objetivo es potenciar el sentido de pertenencia y poner en valor la emoción, cultura e historia de los 42 clubes de LALIGA.

