Estrella Morente: “El amor brujo’ podría ser el himno de España”
Recién galardonada con la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes, la cantaora granadina se rodeará de orquestación sinfónica los días 24 y 25 de enero para homenajear a Falla en el Festival Internacional de Música de Canarias, que ella califica de “un acto de paz” al servir de puente entre géneros musicales y diferentes generaciones de público
Su voz es herencia y futuro del flamenco. Y volverá a sonar, después de que le fuera concedida en diciembre de 2025 la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes, arropada por violines y violas, por flautas y oboes, por el vigor de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, bajo la batuta del británico Karel Mark Chichon, durante la 42ª edición del Festival Internacional de Música de Canarias (FIMC). Una voz, la de Estrella Morente (Granada, 1980), que buscará rendir homenaje en el 150º aniversario de su nacimiento a un compositor que para ella es casi un ser querido; el que, en su opinión, mejor dibuja con sus obras el ADN de la música española: Manuel de Falla. Dos conciertos muy especiales, el 24 de enero en Las Palmas de Gran Canaria y el 25 de enero en Santa Cruz de Tenerife, para una cantaora entusiasmada por participar en un festival que “lleva casi medio siglo haciendo accesible la música a todos los rincones del archipiélago y contribuyendo a la creación de público joven”.
Pregunta: El tenor canario Alfredo Kraus defendía que el flamenco, como arte, compartía raíz con la ópera, que era el bel canto español. ¿Los siente géneros cercanos?
Respuesta: Mi padre lo llamaba “el canario doble”, a Kraus. Tenían una relación entrañable. De admiración. Y tuve la fortuna de casi estrenar, cantando con mi padre, ese maravilloso auditorio con el mar de fondo que lleva su nombre en Las Palmas de Gran Canaria. Me unen muchas cosas, a la clásica y a Canarias. Siempre se nos tachó a los flamencos de improvisadores, de artistas que no sabían leer música. Pero mi padre, como Paco de Lucía, terminó aprendiendo solfeo y leyendo partituras en clave de Sol o en clave de Fa. Fue un estudioso de la clásica y eso nos lo inculcó. No estamos tan lejos flamencos y clásicos. Eso creía él y eso considero yo.
P. ¿Qué le gustaba? ¿Qué les ponía?
R. De todo. De coros gregorianos a voces búlgaras. En casa se respetaba y estudiaba mucho la clásica. Nos llevaba a ver ópera al Teatro Real y nos pedía que prestáramos atención a cualquier tema, así fuera la Quinta Sinfonía de Mahler o un romance anónimo. Aprendí que cualquier pieza puede servirme de alimento, y yo he intentado repetir eso con los míos.
Morente evoca recuerdos de infancia, mañanas de sábado y domingo en las que, aprovechando que no tenían cole, su padre, el mito Enrique Morente, repasaba con ella y con sus hermanos Soleá y Kiki las lecciones de piano, en las que sintonizaban la radio o escuchaban juntos a Beethoven, a Schubert o a Bach. “Desde niña, la Callas o Edita Gruberová [soprano eslovaca], o las españolas Victoria de los Ángeles o Teresa Berganza, han sido reinas para mí”.
P. ¿Y hay algún sonido o momento que se le haya quedado clavado desde entonces y tenga pendiente en su carrera?
R. El Adagio de cuerda de Samuel Barber me acompaña desde siempre. Es un réquiem, profundo, triste; no sé por qué, para mí es algo clave, recurrente. No sé en qué momento de mi vida sonará, pero me persigue tenaz y estoy segura de que sonará.
En mi casa, Lorca y Falla han sido como un tío abuelo más
P. ¿Qué significa para una granadina que ya ha rendido tributo a Federico García Lorca encarnar personajes de Manuel de Falla?
R. Podría hablar sobre esto durante horas, días, meses. Me sucede con Falla como con Federico. Son creadores que se han colado dentro de mi piel; en mi casa, son como dos tíos abuelos más. Si yo tuviera que definir musicalmente a España, y fíjate que uno podría decantarse por [Enrique] Granados, por [Isaac] Albéniz, incluso por cualquier tema de mi padre, pensaría en él; yo creo que nada describe España como El amor brujo.
P. ¿Por qué?
R. Porque en El amor brujo está todo. Las cuevas del Sacromonte, tan cerquita de mi casa; ahí están nuestros cielos y mares, la tierra, nuestros monumentos, la magia y la brujería, el fuego fatuo, los toros, nuestros caballos, los monumentos. Es romántica y tenebrosa, enamora, asusta. Hay pasajes que, por mucho que escuche, no dejan de asombrarme y enloquecerme.
Morente se detiene en un fragmento conocido como El romance del pescador, no tan llamativo a priori, dice, más nostálgico, pero de una belleza de un calibre insólito, a su juicio. “Hay muchas obras que han tratado de las esencias de España, pero ninguna como esta. Creo que estaríamos todos de acuerdo: en vez del que hay, el himno español debería ser cualquier pasaje de El amor brujo”.
A la rotundidad de tal afirmación le sigue un segundo de silencio que Morente rompe con otro aspecto que considera crucial de la obra: el libreto es, en realidad, de María de la O Lejárraga: “Al principio lo firmó su marido, Gregorio Martínez Sierra. ¡Qué mutilación! Todavía hoy me debato sobre cuál sería su postura: ¿fue una víctima o lo haría por sentido de la generosidad? ¿Por amor? Cuando lo canto, quiero reivindicar también a todas las mujeres artistas silenciadas de la historia”. En sus conciertos en el FIMC, Morente interpretará también como solista El sombrero de tres picos, otra de las cumbres del compositor gaditano, un músico que, según la cantaora, goza de un crédito mayor en el extranjero que en su propia tierra, algo que la entristece y que le da pie a su siguiente reclamación: “Me cuesta mucho trabajo aceptar el pesimismo que impera aquí. En España andamos a rebosar de talento”.
P. ¿Y qué opina entonces de la apuesta del FIMC por juntar a lo mejor de la escena internacional con el talento local? ¿Y de su vocación de arraigo al territorio?
R: Soy flamenca, andaluza, y voy a cantar con una orquesta clásica en Canarias. Estos conciertos son un acto de paz, en tiempos donde esta no tiene buena prensa. Lo que lleva todos estos años ocurriendo en Canarias, así sea acercando a los vecinos de La Graciosa o a los grandes auditorios todos estos géneros de música, sirviendo de puente, es una maravilla. Yo también quiero contribuir a este acto de fe, a este encuentro también con las nuevas generaciones. Lo que hace este festival debería imitarse en Extremadura, en Andalucía, en Baleares, en Cataluña… Es un ejemplo, y estaría muy bien que todas esas cabezas pensantes que nos gobiernan tomaran una postura así de clara por la cultura.