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Elemental
Coordinado por Juan Carlos Galindo

Santiago Díaz: “Los lectores se las saben todas, así que hay que embaucarlos, engañarlos”

Guionista y escritor de ‘thrillers’ sigue la senda del éxito comercial con ‘El amo’, segunda entrega de las novelas protagonizadas por su policía gitano Jotadé

Santiago Díaz en Madrid el pasado martes.Jaime Villanueva

Santiago Díaz (Madrid, 55 años) no escribiría si no se divirtiera e hiciera que los demás disfrutaran con sus novelas. Cuesta imaginar a qué se dedicaría entonces porque, asegura, no vale para otra cosa: “Me pides que te cuelgue un cuadro y se te cae la pared. Para lo demás soy un inútil”, cuenta a EL PAÍS un martes de finales de abril en un céntrico hotel de Madrid. Su última novela, El amo (Alfaguara), lleva unas semanas en el mercado, colocada, como las anteriores, entre los primeros puestos de lo más vendido. Díaz no se esconde: “Si consigues hacer un poco de mejor literatura o dejar una huella, genial, pero mi finalidad, mi ambición y mi objetivo es que la gente se lo pase bien. Busco momentos espectaculares y giros inesperados”.

El amo es la segunda entrega de la serie de thrillers protagonizada por Jotadé, un policía gitano de peculiar idiosincrasia que conduce por Madrid un Cadillac Eldorado del 89. Él y su equipo tienen que investigar la muerte de una joven desaparecida años antes, un crimen que guarda relación con otros anteriores, todos con un autor en común: el inspector Pedro Osborne. Que nadie se asuste ni se indigne por el destripe: el lector conoce al asesino desde las últimas páginas de la anterior novela y sigue sus pasos en esta, por delante de la policía. Díaz reconoce el juego, la idea de meter a los lectores en la piel del criminal, de pactar con ellos en una apuesta arriesgada, de buscar en otros recursos la tensión y el nerviosismo.

Las tramas de este guionista metido a autor de novelas negras fluyen siempre de igual modo, con mucho oficio. Hay algo envolvente, una especie de emboscada: “Como guionista en una serie tienes que ir a un momento concreto de lo que quieres mostrar, porque no tienes tiempo, porque no tienes dinero; en una novela te puedes recrear en aspectos que te pueden interesar de la psicología de los personajes y llevar de la mano al lector, preparando el giro inesperado. Los lectores se las saben todas, así que hay que embaucarlos, engañarlos”, cuenta.

Al igual que en las anteriores entregas, la acción vertiginosa y una historia que transita en ocasiones muy al límite de la verosimilitud son sus dos grandes características del libro. “Hay tres líneas a las que me intento acercar lo máximo posible sin pasarme para no causar rechazo: el humor, el sexo y la violencia”, reconoce. En efecto, las novelas de Díaz son violentas, a veces extremas (torturas, cadáveres eviscerados, abusos de menores…), herederas directas de la vía abierta en la ficción criminal española por Carmen Mola, trío del que forma parte su hermano Jorge Díaz. “Los Mola se pasaron, pero a la gente le encantó”, resume.

Su personaje Juan de Dios Cortés, alias Jotadé, vive entre dos mundos. Así lo define el autor en la carta de presentación del policía: “Ser gitano cierra muchas puertas en el mundo payo, y, si además eres policía, las puertas se cierran también en tu propia comunidad. Jotadé Cortés no se avergüenza de ser ni una cosa ni la otra, aunque, eliminando una de ellas de la ecuación, su vida sería mucho más sencilla”. Al hablar largo y tendido con Díaz poco después de haber leído la novela se produce un efecto extraño, como si los dos personajes se solaparan. “Es como yo, pero sin filtros”, reconoce. “Mis amigos me dicen que menudo morro, que he creado un personaje clavado a mí: malhablado, amante de los chistes malos, campechano…”. También leal y honesto, uno de los grandes valores de la novela, que ha sido bien recibida por la comunidad gitana. “Solo me dicen que hay algo impensable: que caiga igual de bien a payos y a gitanos”, admite con una sonrisa franca de la que no se desprende en toda la entrevista.

La acción se desarrolla casi al completo en Madrid, pero no busquen grandes descripciones o planteamientos atmosféricos, nada que distraiga al lector del ritmo infernal. Dos características rematan la apuesta de Díaz: humor y buenos diálogos. Con el primero, argumenta, se trata de aligerar, de no prolongar durante casi 400 páginas una tensión que entonces perdería el efecto, pero sin caer en la caricatura, sobre todo con el protagonista. A través de los diálogos, por otro lado, da fluidez a la trama, ese pasar página tras página sin descanso que tanto le preocupa: “Llevo toda mi vida en ello y era mi punto fuerte como guionista. Me gusta porque con una frase puedes revelar todo. Pero tienen que tener estructura y un sentido en la historia”, explica, cómodo en su discurso, casi sin mover ese corpachón cercano a los dos metros.

Varias tramas paralelas enriquecen la principal y atienden el devenir de otros personajes que, como Jotadé, nacieron en Indira, la trilogía anterior de Díaz, un verdadero punto de inflexión en una carrera lanzada desde entonces. En una de ellas conocemos a un joven que representa el mal absoluto, un demonio hecho carne, descrito con un punto de maldad casi imposible, pero manejado para que enganche. “Con un malo todo vale, te puedes dejar llevar: lo único que vas a conseguir es que lo odien más y quieran más al protagonista”, asegura este autor, que señala cierta tendencia a procrastinar como su gran defecto, si bien lleva ya un tiempo añadiendo a su bibliografía una novela cada año.

El personaje de Indira Ramos albergaba en su propia condición la fecha de caducidad, era una policía muy particular que con su final abrupto se despidió en la tercera novela. No es lo habitual en las series dentro del género, pero Díaz lo tenía claro: “Prefiero que la echen de menos a que la echen de más”. Ahora bien, conocedor del negocio, admite que no iba a poder parar ahí, que no lo iban a dejar, es el precio del éxito —que le pregunten si no a Arthur Conan Doyle cuando tuvo que resucitar a Sherlock Holmes—, y por eso empezó a probar a Jotadé como secundario. Ahora, el único policía gitano del panorama negrocriminal vuela en solitario hacia la tercera novela de la serie, ya en proceso de escritura. ¿Habrá más o se quedará también en trilogía? “No me importaría hacer una cuarta si se me ocurre un caso que lo merezca, pero no quiero que se prorrogue mucho. Quiero que la gente se los lea todos y se siga divirtiendo”.

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