‘Águilas de El Cairo’: la supervivencia de una estrella de cine en un régimen represor
El sueco de padres egipcios Tarik Saleh lleva años radiografiando la realidad egipcia a través del cine de género: el policiaco, el criminal y el ‘neonoir’


Las relaciones entre el artista y el poder autoritario tienen en las películas del húngaro István Szabó su principal y más reiterado exponente cinematográfico. Mephisto (1981), basada en la novela homónima de Klaus Mann, fue su más renombrado acercamiento al tema, con aquel pacto de carácter fáustico con el que un ambicioso actor de teatro, a base de medrar, se acababa convirtiendo en la gran figura de su arte gracias a los favores de los jerarcas nazis. Pero, además del precio moral por el éxito futuro, Szabó trató también el tema con respecto al mantenimiento del prestigio forjado durante muchos años atrás, a costa de los ideales verdaderos y de la ética personal dentro de un nuevo régimen que no permite matices y que además necesita la propaganda del artista como forma de sostenimiento popular y político. Aquella segunda película de Szabó era Taking Sides (2001, rebautizada en España como Réquiem por un imperio), y estaba inspirada en una figura real: Wilhelm Fürtwangler, director de la Filarmónica de Berlín durante el Tercer Reich.
Una segunda vertiente, la de la estrella del arte o del espectáculo que termina colaborando con un régimen autoritario, a la que se ha acercado también el sueco de padres egipcios Tarik Saleh en Águilas de El Cairo, aunque con tres interesantes singularidades. La primera, que el apodado Faraón de la Pantalla, un sibarita y vanidoso que pasa sus días a cuerpo de rey sin demasiadas preocupaciones políticas y ninguna social ni económica, se ve obligado por los mandatarios a interpretar un determinado papel en una producción amparada por el régimen, tras variados chantajes y amenazas de muerte. Segunda, que el tono de la película es, durante buena parte del relato, mucho más desprejuiciado; en algunos momentos casi cercano a otro título que trataba colateralmente el tema: la comedia Ser o no ser, de Ernst Lubitsch. Y la tercera, y quizá la más importante, que el personaje en cuestión al que se ridiculiza y critica en Águilas de El Cairo, y el régimen que comanda, están vivos y coleando, pues se trata de Abdel Fatah al Sisi, presidente de Egipto desde 2014.
“Dicen que estás a favor de los derechos humanos y de la democracia”, le dicen los adláteres de Al Sisi a la estrella del cine como medida de presión. De poco más lo pueden acusar, salvo de llevar una existencia un tanto disipada en lo sentimental. Pero el régimen lo necesita para su propaganda, y nada menos que para interpretar una hagiografía del propio presidente desde sus tiempos de militar condecorado. Que “el faraón de la pantalla”, interpretado por Fares Fares, actor fetiche de Saleh, sea un tipo delgado de gran nariz aguileña y mida 1,85 metros, mientras Al Sisi es un pequeño gordito y calvo que “no pasa del metro y medio”, según un jocoso diálogo de la película, no parece obstáculo para que el “más grande actor” haga del “más grande mandatario”. La comedia, por supuesto, está ahí. Pero también la acción, el espionaje, las detenciones, el miedo, el poder de la vigilancia y de la censura, las listas negras y, en la parte final, tras un inesperado y brutal giro, la crueldad del drama.

Desde Suecia, Saleh lleva años radiografiando la realidad egipcia a través del cine de género: el policiaco, el criminal y el neonoir. Así, El Cairo confidencial (2017), ambientada en los días previos al estallido de la Primavera Árabe, y Conspiración en El Cairo (2022), con las luchas de poder entre las altas esferas política y religiosa, acudían a la garra y al entretenimiento de la mano de lo que siempre fue el mejor cine negro: sociedades violentas, corrompidas y cínicas. En Águilas de El Cairo, al menos en su núcleo central, cuando deambula un tanto entre el disparate y la profundidad, está un escalón por debajo de aquellas.
Sin embargo, en su parte final, después de haber tenido el atrevimiento de representar en la película de fuera (la de Saleh) al presidente egipcio a través de un actor (en la de dentro, la del cine dentro del cine, es, claro, Fares), el director sueco se acaba luciendo con el tono. Calibra notablemente la altura moral de su personaje, reflexiona sobre el resbaladizo concepto del compromiso político, y refleja la malsana negrura de las dictaduras. Y bien lo sabemos en España, que hasta el comunista Paco Rabal tuvo que protagonizar durante el franquismo dos películas anticomunistas (por otro lado, casi notables en lo artístico), Murió hace quince años (1954) y El canto del gallo (1955), por aquello de, simplemente, sobrevivir.
Águilas de El Cairo
Dirección: Tarik Saleh.
Intérpretes: Fares Fares, Lyna Khoudri, Zineb Triki, Amr Waked.
Género: thriller. Suecia, 2025.
Duración: 127 minutos.
Estreno: 13 de marzo.
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