Así es la tortura de organizar un concierto de Morrissey
La última cancelación en España del exlíder de The Smiths, ayer mismo, pone sobre la mesa las inquietudes que sufren los promotores

Tenía todos los ingredientes para ser un evento histórico, pero no pudo ser. Apenas unas horas antes de su esperada actuación en el Auditorio del Palau de les Arts de Valencia, Morrissey canceló el jueves el que iba a ser su primer concierto en España en diez años alegando que no había podido pegar ojo la noche anterior.
Según un comunicado publicado a través de la web del artista, la causa de esta “falta de sueño” fue el ruido procedente de una verbena con música electrónica instalada cerca del céntrico hotel que había reservado para él su oficina de producción, a pesar de que los promotores locales habían advertido de los problemas de bloqueos de calles y actividad nocturna que se da en el centro de Valencia durante estos días previos al inicio de las Fallas.
Morrissey describió su estancia en el hotel en la plaza de Manises como “un infierno indescriptible”. “Me llevará un año recuperarme. Y eso es quedarse corto”. A pesar de esta inquietante afirmación, la gira española, enmarcada en el tour europeo de presentación del álbum Make-Up is a Lie (Sire/Warner Records), previsiblemente continuará el sábado 14 de marzo en el Auditorio de Zaragoza y el 16 de marzo en el Cartuja Center CITE de Sevilla.
Esta cancelación en Valencia alimenta más si cabe la reputación de Morrissey (Mánchester, 66 años) como artista emocionalmente ciclotímico y proclive a romper sus compromisos profesionales por las razones más peregrinas. No le pone tampoco las cosas fáciles a su amplia y fiel base de seguidores, que observa cómo las continuas controversias y exabruptos de su ídolo opacan su incontestable valor como uno de los músicos más brillantes e influyentes del pop británico del último medio siglo.
Diversas fuentes de la industria musical en España reconocen que trabajar con Morrissey supone un verdadero quebradero de cabeza. “Un infierno”, llegan a decir. Cuentan que cada vez es más difícil conseguir una aseguradora dispuesta a cubrir a un artista que tiene un ratio medio de cancelaciones cercano al 30 por ciento. Sus espantadas han pasado al acervo popular en forma de memes e incluso existen webs que llevan un recuento de todos los conciertos que exlíder de The Smiths ha cancelado o pospuesto a lo largo de sus 40 años de carrera musical: 408 cancelaciones y 1725 abreviados.

Esta es de hecho la segunda ocasión consecutiva en la que el artista británico deja colgado a su público en España, y además con SF Music, la empresa promotora que coproduce la actual gira española de Morrissey junto a Primavera Sound. El año pasado, Morrissey suspendió el recital que iba a ofrecer dentro del ciclo Noches del Botánico de Madrid justificando su ausencia por una “sinusitis aguda”. En aquella ocasión, el seguro indemnizó a los promotores, que este año han tenido que buscar a otra empresa.
Fue la propia agencia de management del artista la que escogió las fechas, ciudades y recintos en los que Morrissey quería actuar en España: el Auditorio del Palau de les Arts de Valencia, con un aforo de 1.200 personas; el Auditorio de Zaragoza, con capacidad para 1.500 personas, y el Cartuja Center CITE de Sevilla, donde caben 3.400. Son espacios cómodos, con buenas condiciones acústicas y notablemente más pequeños de los que suelen acoger las actuaciones de Morrissey.
De hecho, todas las entradas de esta gira, con un precio medio de 110 euros, volaron en pocos minutos. “Se podían haber vendido cuatro veces más entradas con facilidad, pero estamos muy ilusionados porque creemos que estos conciertos van a ser históricos. El público en España no ha tenido la oportunidad de ver a Morrissey tan de cerca”, comentaban el miércoles por la mañana fuentes de SF Music.
2004: cientos de fans llorando
Es razonable pensar que detrás de la elección de estos recintos “especiales” existe un interés genuino de Morrissey por presentar sus canciones en las mejores condiciones ante sus fans españoles, muchos de los cuales todavía recuerdan el jarro de agua fría que supuso su sonada cancelación en el Festival Internacional de Benicàssim en el año 2004.
Joan Vich, exdirector del FIB, recuerda muy bien esa “durísima” jornada en la que vio a cientos de fans de Morrissey llorando a los pies del escenario al enterarse de que su ídolo no iba a aparecer. La expectación era más alta de lo normal, porque aquel año se había publicado You are the Quarry (2004), un disco fantástico que marcaba el regreso del vocalista y compositor tras diez años de silencio. “Ellos abrían el escenario grande, y todo estaba montado con su set, que era un homenaje a Elvis con unas letras gigantescas de bombillas rojas”, recuerda Vich, que en aquellos años ocupaba el cargo de jefe de prensa del festival. “Lo peor de todo es que su manager informó de la cancelación dos horas antes del concierto. La banda estaba allí preparada, la prueba de sonido estaba hecha, y había mucho público esperando en primera fila. El manager dijo que a Morrissey le había dado un ataque de pánico cuando iba a subir al avión privado que debía traerle desde Inglaterra. Personalmente, yo sigo creyendo que no vino porque se le cruzó un cable y no quiso”, señala Vich.
En 2006, Morrissey resarció al FIB de alguna manera al ofrecer un concierto “increíble”. “No solo eso, sino que además accedió a que se emitiese en directo por RTVE, que es algo raro en artistas de su nivel”, apunta Vich. Su paso por Benicàssim dejó también algunas anécdotas “de camerino”. Además de exigir que no se vendiese ni consumiese carne en el recinto del festival —exigencia que siempre incluye su contrato—, el artista británico pidió que el conductor que le fue a buscar se cambiase sus zapatos de cuero por otros “veganos”.

Con una experiencia de casi tres décadas como responsable de contratación y programación de artistas de todos los niveles, Vich concluye que el caso de Morrissey es muy singular. “En general en este mundo todos damos por hecho que cada parte cumple con rigor sus responsabilidades profesionales, y solo se cancela cuando existe un motivo justificado”. “Al final, con estas cancelaciones las únicas que ganan son las ticketeras [webs vendedoras de boletos], porque devuelven el dinero de las entradas, pero se llevan la comisión”, agrega.
Más allá de su opinión como profesional del sector, Vich también es un fan hastiado. “Intento separar al hombre de la obra, pero mi opinión sobre Morrissey es básicamente que es una mala persona, un misántropo y un racista al que le da igual cancelar aunque su banda esté ya en el recinto y no vaya a cobrar, o que su equipo tenga que soportar la vergüenza de tener que dar la cara por él. Te lo digo yo, que he comprado una entrada para ver a Morrissey en Sevilla la semana que viene. Es una pena, porque creo que después de pasar un tiempo estancadísimo musicalmente, estos últimos singles son dignos”.
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