Marina Abramović, artista: “Ahora que me puedo permitir las malas críticas, no encuentro ninguna”
La artista serbia estrena en el Liceu de Barcelona ‘Balkan Erotic Epic’, un espectáculo inmersivo que indaga en los antiguos rituales de fertilidad a través de la figura de su madre y los conflictos históricos de la zona

En su viaje a los orígenes de su propio mundo, a la Yugoslavia rural que conoció de niña, Marina Abramović (Belgrado, 79 años) se ha permitido un homenaje a Courbet: en la cuarta escena de Balkan Erotic Epic varias mujeres muestran sus vaginas al público. “Este ritual antiguo me lo enseñó mi abuela y servía para detener las lluvias torrenciales”, cuenta la artista y pionera de la performance desde un camerino del Liceu, donde este sábado se estrena un espectáculo inmersivo que fusiona mitos ancestrales de los Balcanes y tradiciones folclóricas ligadas a la fertilidad del cuerpo y de la tierra. “Hoy la gente confunde erotismo con pornografía”, explica por videoconferencia. “Esto se debe a que hemos perdido la capacidad de contemplar la desnudez de una forma poética”.
Balkan Erotic Epic es el resultado de 25 años de investigación. “He creado una nueva forma de arte anterior a la propia ópera, allí donde el cuerpo y la voz preceden a la representación”, se jacta. La música de Marko Nikodijević combina electrónica con cantos ceremoniales de la Edad Media, mientras que las coreografías de Blenard Azizaj, como una violenta danza tradicional con cuchillos, llevan la experiencia escénica al extremo con la ayuda de las animaciones de la artista española Sonia Alcón. “Desde el principio el proyecto fue concebido de manera colectiva”, detalla Abramović, que lidera a un grupo de 70 intérpretes. “Mi idea era que todos pudieran participar, también el público. No me basta con que observe desde la distancia, quiero que esté presente”.

Nada más izarse el telón, aparece Danica, la estricta madre de Abramović. “Fue una heroína condecorada y comunista convencida que llegó a comandar un escuadrón de la Segunda Guerra Mundial y, sin embargo, a lo largo de su vida no conoció el deseo ni el placer”. Quien la encarna sobre el escenario, la artista y performer hispano-serbia Maria Stamenkovic, llega a desprenderse de toda la ropa para cantar, sobre una mesa, un pasaje de lo más provocador y explícito en su invocación de rebeldía. “Además de liberador, este reencuentro con mi madre ha resultado ser mucho más terapéutico de lo que imaginaba”, asegura. “La pregunta que yo planteo es: ¿para qué sirven realmente nuestros cuerpos?”, reflexiona. “Para mí son espacios de misterio, poder y transformación”.

El escenario adopta la forma de una kafana, como se conoce a la taberna tradicional en esta zona de Europa. “El término designa un lugar de libertad absoluta donde se celebran los grandes y pequeños momentos de la vida”, explica Abramović. “En estos salones-restaurantes todo puede suceder”. Allí el contratenor Aleksandar Timotić brinda y llora con la viuda de Josip Broz Tito, el líder de la Yugoslavia comunista que dirigió la resistencia partisana contra los nazis. “Uno de los momentos más emocionantes llega con la danza entre albaneses y serbios, enemigos históricos, que acaba convirtiéndose en una declaración de amor”. Los músicos de la banda no se limitan a acompañar las escenas, sino que “subrayan cada gesto del relato” con sus instrumentos.

La obra dura unas cuatro horas y no tiene intermedios, pero el público puede abandonar la sala, descansar en el bar del Liceu y volver a su butaca cuando le plazca. Los únicos requisitos: ser mayor de 18 años y entregar el móvil a la entrada. “Esta experiencia no se puede vivir a través de una pantalla, requiere dedicación plena y cero distracciones”, advierte Abramović. “Lo de requisar los teléfonos lo probamos en Manchester y funcionó muy bien”, añade sobre el estreno de la instalación del mismo título que tuvo lugar el pasado octubre en la nueva sede de Factory International, y que llega a Barcelona en una adaptación escénica coproducida por el Berliner Festspiele, la Trienal del Ruhr y la Park Avenue Armory, entre otras instituciones de ambos lados del Atlántico.

El regreso de Abramović al Liceu se produce tres años después del estreno de Las siete muertes de Maria Callas, otro híbrido entre ópera, videoarte y performance en el que ella misma encarnaba los sacrificios rituales de Tosca, Desdémona, Carmen y Norma, entre otras, como homenaje a la mítica soprano. “Aunque en Balkan Erotic Epic mi presencia es mucho más discreta, no concibo un trabajo de dirección sin un cierto grado de implicación escénica”, comenta. “Necesito sentir ese vértigo, exponerme ante los demás y asumir riesgos”. Incluso firmó un contrato con Taschen para publicar las previsibles críticas negativas que finalmente no recibió en Manchester. “Ahora que me las puedo permitir y no tengo nada que demostrar, no encuentro ninguna”, se carcajea.

El próximo noviembre la artífice de la vanguardia más radical y transgresora de las últimas décadas cumplirá 80 años y lo celebrará con una función de Balkan Erotic Epic en Nueva York. “Me ha preocupado mucho la muerte, pero ahora dedico mucho más tiempo a pensar en mi legado”, admite. “He defendido siempre la performance como un lenguaje serio, con reglas y responsabilidades, no como algo que pueda hacer o imitar cualquiera”. Así se lo reconocen la Royal Academy of Arts (cuya sensacional retrospectiva se puede visitar en Viena estos días) y la Bienal de Venecia, que acogerá su próxima exposición individual. “Es evidente que a cierta edad se van perdiendo facultades”, confiesa. “Pero ni por un momento cambiaría lo que soy ahora por lo que fui a mis 18 años”.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































