Un giro inesperado en su azarosa historia lleva la valiosísima colección Gelman de arte mexicano a España
El Banco Santander anuncia que gestionará una parte del importante conjunto de obras, desaparecido desde 2008 y que ahora resurge bajo el poder de empresarios coleccionistas


El Banco Santander ha anunciado este miércoles que gestionará una parte —160 de unas 300 obras— de la colección Gelman, uno de los más importantes conjuntos de arte mexicano del siglo XX. Desde la muerte de sus creadores, Jacques y Natasha Gelman —grandes mecenas que construyeron su fortuna durante la época dorada del cine mexicano—, la colección pasó a manos de Robert R. Littmann, un albacea (que no propietario) que se encargó de pasearla por algunos de los mejores museos del mundo, a pesar de que el testamento especificaba que debía exponerse en conjunto y en una institución privada en México. Desde 2008, con Littmann ahora desaparecido de la vida pública, no se ha expuesto en su país y se le había perdido el rastro, con apariciones puntuales de algunos cuadros en distintos museos del planeta. Según ha informado el banco en una rueda de prensa este miércoles, se expondrán como plato principal del nuevo centro cultural Faro Santander, que el banco inaugurará en junio de este año en la capital cántabra. El acuerdo de préstamo de larga duración lo han cerrado con la familia Zambrano, los poderosos empresarios de México que, hasta hoy, se desconocía que eran propietarios del conjunto.
El acuerdo anunciado levanta un sinfín de preguntas, que empiezan por el debate sobre la protección y custodia del patrimonio cultural mexicano. Muchas de las obras de dicho conjunto están protegidas por la legislación mexicana con una Declaratoria de Monumento Artístico que no les permite abandonar el país permanentemente, pero la Fundación Santander tiene la intención de exponerlas, cuidarlas y almacenarlas en España. “Cumpliremos con las obligaciones aduaneras y las responsabilidades que tenemos. Sin embargo, es una legislación flexible en la que el INBAL [El Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura de México] tiene mucho que decir y trabajaremos con ellos de la manera más flexible posible”, ha explicado Daniel Vega Pérez, director del nuevo Faro Santander.

Las obras protegidas por la ley mexicana —para empezar, todas las de Orozco, Rivera, Siqueiros o Kahlo— suelen tener licencias de exportación temporal, normalmente de uno o dos años, que, asegura Vega, “pueden ser extendidas por decisión del INBAL”. La ley mexicana lo estipula así: “El INBAL podrá autorizar excepcionalmente la exportación de una o varias de dichas obras siempre que otorguen las garantías necesarias para garantizar su reingreso al país, o bien de manera definitiva cuando sean adquiridas por un museo o galería de exposiciones de reconocido prestigio con el fin de ser exhibidas públicamente en condiciones convenientes para el bien cultural en México”.
Para Vega, lo del regreso habitual a México es “un mero trámite”. “Ha habido excepciones en el pasado y tenemos una conversación abierta con ellos [el Gobierno mexicano]. La necesidad de control aduanero se contrapone con cuestiones como la preservación de las obras”, ha reconocido. Tampoco, aunque el director del centro cultural reconoce la intención de hacerlo en algún momento, hay planes próximos para exponerlas en México. De hecho, habla de una “presencia permanente, pero dinámica” de las obras en su nuevo centro cultural. Es decir, la idea es “que haya siempre presencia de la colección en Faro, pero que vaya cambiando y que sea siempre dinámica”.
La otra revelación que desvela el acuerdo es la propiedad de la colección por parte de la familia Zambrano. Un capítulo más en una historia disparatada que empieza con sus propietarios originales: el matrimonio de Jacques, nacido en San Petersburgo y llegado a México en 1938, y Natasha, de origen checo. La fortuna la forjaron como impulsores de la época dorada del cine mexicano: Jacques produjo exitosas películas y catapultó la carrera del gran cómico mexicano Mario Moreno Cantinflas. Con su influencia consumada, además de su mecenazgo, estrecharon lazos cercanos con artistas como Diego Rivera, Frida Kahlo o Rufino Tamayo. Terminaron con tres grandes colecciones: la Gelman, otra de escultura precolombina y otra más de arte moderno europeo con obras de artistas como Picasso, Mondrian, Kandinsky o Dalí, que se expone desde hace años en el MoMA de Nueva York.

Cuando él murió en 1986, ella continuó haciendo crecer la colección e hizo migas con el estadounidense Robert R. Littmann, comisario, director de galerías de arte y asesor de la coleccionista en sus últimos años. Cuando ella murió, 12 años después que su esposo, legó la colección al estadounidense como albacea. Entonces Littmann insistía a la prensa mexicana en que cumpliría con el testamento, que aseguraba que contemplaba la exhibición de las obras en conjunto y en una institución privada en México. Aquello no sucedió, pero para resguardar el acervo fundó la Fundación Vergel en 1999. Las obras viajaron por el mundo entero, lo que generó ingresos que le permitieron al comisario incluir muchas obras más a la colección. En 2004 el conjunto regresó finalmente a México para ser expuesto en el Centro Cultural Muros, en Cuernavaca, Morelos. El convenio preveía la exposición durante 15 años. Duró solo cuatro antes de desaparecer.
Los motivos: una serie de demandas contra el albacea, que decidió dejar de exhibir los cuadros. La más mediática fue por parte del hijo adoptivo de Cantinflas, Mario Moreno Ivanova, que tenía una relación cercana con el matrimonio. Moreno Ivanova acusó al comisario de fraude, alegando que cuando la mujer testó padecía alzhéimer. Incluso presentó documentos médicos para acreditarlo. La justicia de la Ciudad de México concluyó finalmente que el hijo del famoso cómico había falsificado los documentos y desestimó el caso. También primos lejanos y medios hermanos de Natasha Gelman reclamaron ser los legítimos herederos del matrimonio. En 2007, el abogado Fuentes León y su hijo, Enrique Fuentes Olvera, compraron la cesión de derechos testamentarios a un medio hermano de Natasha, Mario Sebastián Krawak, por 20.000 dólares (unos 17.000 euros) poco antes de morir, y demandaron sus derechos sobre las obras. Una jueza les concedió la titularidad, pero la decisión fue tumbada en los tribunales unos años después.
En 2024, la colección volvió al foco mediático cuando el Gobierno mexicano paralizó una subasta en Sotheby’s de varios de los cuadros del conjunto, algunos protegidos por la legislación del país. Littmann, siendo albacea, parecía desmantelarla. Pero había más: algunas de las obras de aquella subasta figuraban con la procedencia de un coleccionista anónimo de Monterrey (México), lo que auguraba que, quizá, aquello no era solo un desmantelamiento, sino que el estadounidense la había vendido por completo.

Con el anuncio del Santander, parece confirmarse que aquel misterioso coleccionista del norte de México era en realidad la familia Zambrano, una de las mayores fortunas del país. Vega, director del nuevo centro de la Fundación Santander, lo demuestra: “La familia Zambrano compró la colección a Littmann hace poco, en 2023”. ¿Es esto legalmente posible siendo Littmann un albacea?
Vega lo tiene claro: “Es un tema que hemos mirado muy cuidadosamente. El testamento es claro en que le entrega la propiedad a Robert Littmann”. Dicho documento nunca ha sido público, “ni tiene por qué serlo”, ha dicho el directivo. “Nosotros hemos hecho todas las pesquisas necesarias para poder confirmar la información. No tenemos ninguna duda sobre la capacidad de Robert Littmann para transmitir los bienes a los Zambrano”, asegura. Armando Gálvez Pérez Aragón, el notario que dio fe a ese testamento, fue asesinado a tiros en las calles de la Ciudad de México en 2013, aunque no se ha encontrado la causa.
Santander asegura que han mantenido una buena comunicación y “acompañamiento” del INBAL mexicano y dicen, en voz de Vera, que sus esfuerzos “van en la dirección opuesta a todo lo que ha sucedido en el pasado”. “Queremos sacarlo al disfrute público y dejar el pasado olvidado”, ha comentado el directivo. El INBAL señalaba en 2023 a este periódico: “A partir de la información publicada por Sotheby’s, se estima que parte de dicha colección se encuentra en Estados Unidos [...] del resto de las piezas no se cuenta con información”. Ahora saben dónde está parte del acervo cultural que deben proteger. Su futuro, sin embargo, no se adivina en México.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































