Jorge Verstrynge, politólogo: “La derecha española enloquece cuando ve el poder cerca”
‘Rara avis’ política, nacionalbolchevique y populista, fue secretario general de Alianza Popular bajo la presidencia de Manuel Fraga y luego transitó hacia espacios de izquierda. Ahora publica sus memorias


Jorge Verstrynge (Tánger, 77 años), politólogo, expolítico, profesor de la Complutense, es un rara avis ideológico que transitó el poco frecuentado camino de la derecha, como secretario general de Alianza Popular, a la izquierda, como simpatizante de Podemos después de pasar por el PSOE. Recibe en su casa de Madrid, rodeada de pavos reales y árboles con grandes hongos. En la puerta han colocado una biblioteca para el vecindario, o sea, para el pueblo, y el primero que sale a recibir es su enésimo perro boxer, raza de su predilección desde que, de niño, uno “le adoptó”.
Ahora Verstrynge publica sus memorias políticas, sobre todo centradas en su etapa en la naciente AP, bajo la presidencia de Manuel Fraga: Memorias de un transeúnte (El Viejo Topo). ¿Transeúnte? “Bueno, supongo que es porque he estado recorriendo varias posibilidades políticas…”. Pero siempre se define como nacionalbolchevique y populista.
Pregunta. Parece que se ha movido mucho para no moverse tanto. ¿Qué es eso de nacionalbolchevique?
Respuesta. Siempre lo he sido, aunque aquí suene exótico (no tanto en Alemania). Es muy sencillo: es deseable una revolución socialista, incluso comunista, pero no es posible realizarla en tanto el país no sea independiente. Sin independencia no hay revolución: es el resumen al que he llegado. Yo tengo sentido patriótico, aunque tenga tres países: Marruecos, donde nací, Francia y finalmente España.
P. ¿Y populista?
R. La democracia por y para el pueblo parece que no funciona, así que me han gustado aquellos líderes que recurren a plebiscitos o referéndum, o que son elegidos por sufragio directo, como Charles de Gaulle en Francia. Todo eso da al pueblo la posibilidad de intervenir.
P. De Gaulle es para usted una referencia ineludible.
R. De Gaulle es considerado como un señor de derechas, pero era más complicado que todo eso. Hay estudios que intentan demostrar que el gaullismo fue un comunismo de derechas... Yo creo que tampoco tanto, pero sí un socialismo bastante avanzado. Ahí se levanta el Estado de Bienestar francés y se nacionalizan muchos sectores. Yo pensé que eso podría ser en España… y que sería Manuel Fraga.
P. ¿Y lo fue?
R. A veces pensé que sí, cuando decía que había que crear una red para que ningún español cayera en la miseria. Pero lo suyo era un gaullismo autoritario.
P. ¿Fraga tenía mala leche?
R. Depende con quien, lo cual es peor, depende de si trataba a un marqués o un subordinado. Pero no hay que exagerar: no era un tirano, pero si veía que no había forma de llegar a una solución, se imponía. Era un tipo paradójico: generoso y duro, de una gran cultura, con gran capacidad memorística, con gran sentido del servicio, pero al mismo tiempo con una ambición de poder muy importante. Cuando llegaba un sondeo que le daba subidas lo terminaba jodiendo, porque volvía a planteamientos más radicales.
P. Como si tuviera vía libre.
S. Exacto. En las últimas elecciones en las que participé vinieron buenos datos. Entonces, en un mitín en Valencia o Alicante, no recuerdo, al lado del obispo, empezó a decir que no al divorcio, que no al aborto… Una parte de AP, yo incluido, quedamos estupefactos. ¡Se ha vuelto loco! La derecha española enloquece cuando ve el poder cerca o cuando ve que se le escapa. Lo he visto en Fraga, también en Aznar.

P. En AP usted tuvo que levantar el partido territorialmente y trató de evitar su derechización.
R. Fui secretario de Estudios, luego de Organización, luego General, también diputado… Fraga me quería preparar para sucederle, quería que pasase por todas las comisiones del Congreso, empezando por Interior. Ahí me quité de en medio: Fraga quería aplicar a ETA el decreto Noche y Niebla (Nacht und Nebel) que utilizaban los nazis contra la Resistencia.
P. ¿Qué es eso?
R. Se trataba de hacer desaparecer sin rastro a la gente. Y yo me negaba a aplicar eso con mi propia gente, porque eran españoles. Si la lucha con ETA era una guerra, pues que se dijese claro. Mientras tanto, eran españoles, que podrían merecer un trato duro, acabar en la cárcel, incluso pena de muerte si se decidiese legal, pero no acabar en un cubo de cemento tirado en la bahía. Y Fraga no era el único que quería hacer la guerra sucia, porque estaba claro que aquello era insostenible y que iba a haber un golpe de Estado.
P. ¿Por qué?
R. Cada vez que íbamos al País Vasco era a enterrar a alguien. Recuerdo los entierros, la gente acojonada… En uno de ellos, de pronto un ayudante, Javier Carabias, se me puso a gritar: “¡Vámonos de aquí, vámonos de aquí!”. Decía que había escuchado a alguien decir: “¿Le matamos ahora o no?”. Era de locos. Una vez llegué a la comandancia de la Guardia Civil de San Sebastián. Me dijeron que ellos dominaban un radio de siete kilómetros. ¿Y fuera? Fuera es ETA.
P. Y hubo un golpe.
R. Sí, ETA sirvió de excusa, pero así un rey que no era legítimo, como Juan Carlos I, se logró legitimar por su supuesta oposición al 23-F. Supuesta, digo, porque luego se ha sabido que fue uno de los inductores.
P. Usted no quería que AP fuera un partido de derechas.
R. Claro, porque yo no lo era. Yo no soy creyente, me la refanfinflan las tradiciones, soy repartoso, me gusta que se reparta la riqueza… Pero ahí encontré la posibilidad de modificar la realidad. Luego me di cuenta de que ellos iban por su camino y yo iba por el mío.
P. ¿Qué hubiera hecho si hubiera llegado a presidente?
R. Como dice mi mujer, no mucho, porque me hubieran puesto una bomba a los tres días. Hubiera nacionalizado la banca, las compañías de seguros, las grandes superficies, las eléctricas, la industria pesada y la automovilística… Así que, de alguna manera, me alegro de no haber llegado.

P. Luego se hizo del PSOE.
R. Sí, pero cuando yo llegué ellos ya volvían. Me llegó al alma ver que apoyaban la guerra en Serbia. Y también me decepcionó cuando dijeron que había que domiciliar las cuotas en los bancos: un montón de militantes no tenían por qué tener una cuenta. O cuando Felipe González dijo que los que estaban contra el PSOE eran los orillados por la mundialización: era su trabajo que no fueran orillados, o, en todo caso, socorrerlos. Así que me quedé enseñando en la facultad.
P. ¿Por qué es más común que la gente se derechice con la edad, y no a la inversa?
R. Porque la gente se hace excesivamente prudente... o prudente a secas.
P. ¿La izquierda es imprudente?
R. La izquierda, si es izquierda, es osada. Y si no es osada, no es izquierda.
P. Usted llegó a Podemos.
R. Sí, surgió como un movimiento populista transversal…. Estaba en la universidad cuando apareció, me avisó Juan Carlos Monedero de que estaban haciendo un partido. Me interesó porque iba a las manifestaciones del 15M y la gente no tenía a quién votar. Y ayudé, aunque no siguieron todos mis consejos. No hicieron una implantación territorial profunda que amortiguase un retroceso electoral. Y chocaron contra el estado profundo, que se los cargó. Y después me jubilé. Siempre he estado buscando el sitio, y, en el fondo, puedo decir que no lo he encontrado.
P. ¿Cómo ve a la izquierda?
R. La izquierda se ha salchichoneado en diferentes colectivos, las mujeres, los inmigrantes, los obreros, la clase media… Y la derecha está encantada con eso. El pueblo unido jamás será vencido, pero si no está unido, está follao.
P. ¿Cuál es su postura con respecto a la migración?
R. La inmigración surge en Europa por un interés empresarial: la mano de obra barata. Ya Karl Marx habló del ejército de reserva que son los parados, y cuando no son parados, pues se traen de fuera. Cuando los alumnos se enfadaban conmigo por esto les decía: ¿Conocen alguna patronal que esté en contra de la inmigración ilegal? No estoy dispuesto a que el nivel de vida de las clases trabajadoras se mantenga bajo por una mano de obra extranjera a la que ni siquiera se trata bien. Llamémosle trata de personas. Dicen que es porque los españoles ya no quieren esos puestos; pero es por los salarios de mierda que se ofrecen. Que paguen mejor.
R. No sé muy bien si me reconozco en eso, supongo que es por el pardo de los nazis y el rojo de los comunistas. En fin… Yo lo que conozco es el nacionalbolchevismo.
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