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crítica teatral
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

‘Noche’: los bajos fondos del alma

El Teatro Español estrena una adaptación feroz y desoladora de una novela naturalista radical de Alejandro Sawa, el autor de la bohemia finisecular sobre el que Valle-Inclán modeló el personaje de Max Estrella

La desigualdad económica, el egoísmo feroz y el adoctrinamiento moral son los temas que Alejandro Sawa aborda en Noche, última de sus novelas naturalistas radicales, adaptada y dirigida por Mariano Llorente en el Teatro Español. En todas ellas, el escritor sevillano, sobre cuya gallarda figura Ramón María del Valle-Inclán cinceló el personaje protagonista de Luces de bohemia, mostró la vida de las clases bajas de manera cruda, sin eufemismos, a la manera de Zola. Conocía la miseria de primera mano. Tras llegar a Madrid, con 18 años, “un día de invierno en el que Pi y Margall me ungió con su diestra reverenda, concediéndome jerarquía intelectual, me quedé a dormir en el hueco de una escalera, por no encontrar sitio menos agresivo donde cobijarme”.

Sawa fue un quijote, un proletario del arte y la figura central de la bohemia madrileña. A pie de calle, retrató enérgicamente el bucle insidioso de la pobreza. Sin embargo, no cabe en la versión escénica de Noche el detalle con el que su autor pintó el padecimiento de Lola y Paca, las hijas de Francisco, víctimas de la beatería de su padre, de su desconocimiento del alma humana y de su nimia empatía. En su labor dramatúrgica, Mariano Llorente se ha visto obligado a escoger los cogollos de ambas partes de la novela. Luego, los ha troceado y los ha aliñado sabrosamente, de manera que el relato naturalista se transforme en un gran guiñol, género dramático idóneo para poner en pie el tremebundo desenlace de la primera parte del relato original, convertido en el final absoluto de su escenificación.

Hay en los diálogos de Noche (1888) detalles que anticipan la prosa del Valle-Inclán de los esperpentos o que encuentran un eco en Bodas de sangre (1933). Orquestada por Llorente, la escena de la bella joven encamada con la que arranca el espectáculo recuerda la de la esposa moribunda de La rosa de papel (1924), porque el director la ha dispuesto teniendo en cuenta montajes anteriores de esa cima del esperpento. La tonalidad acre, descarnada y desengañada de los diálogos resulta muy exigente para los actores. Roser Pujol hace una afinada composición física de la madre, pero su prosodia resulta demasiado pulida para semejante personaje. Àstrid Janer se deja el cuero encarnando a ambas hermanas: su afortunada fisonomía está más próxima a la descripción literaria de Lola que a la de Paca, más poquita cosa. En sus apariciones videoproyectadas, Jorge Varandela le presta una presencia inquietante a los tres hermanos varones.

Alberto Jiménez hace de Francisco un hombre alucinado ante los reveses que, en hora y media de función, va recibiendo de sus hijos y de la vida que tan erróneamente ha gestionado. Cuando maldice a parte de su descendencia, se convierte en un Júpiter tonante. Además, tiene temperamento y hechuras para resolver de modo inapelable la afiladísima escena última, donde se desdobla en el papel de Don Gregorio, sacerdote insidioso cuya única aparición será monstruosa pero inolvidable. Hace tiempo que no veía al público salir tan desolado de una representación, con el aforo completo.

Sawa contextualiza en el marco finisecular unas conductas que seguimos identificando a día de hoy, pues son pasto tanto de la sección de sucesos como de la de internacional: el adoctrinamiento de los niños, el abuso de autoridad, la resolución de conflictos por la fuerza, el crimen sin castigo… Se ha escrito que Sawa fue protofeminista: en Noche señala a las hijas como víctimas sacrificiales del proceder paterno.

Noche’. Texto: Alejandro Sawa. Versión y dirección: Mariano Llorente. Madrid. Teatro Español, hasta el 1 de febrero

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Sobre la firma

Javier Vallejo
Crítico teatral de EL PAÍS. Escribió sobre artes escénicas en Tentaciones y EP3. Antes fue redactor de 'El Independiente' y 'El Público', donde ejerció la crítica teatral. Es licenciado en Psicología, en Interpretación por la RESAD y premio Paco Rabal de Periodismo Cultural. Ha comisariado para La Casa Encendida el ciclo ‘Mujeres a Pie de Guerra’.
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