‘Niño parabólico’: un libro astuto, poco complaciente e imaginativo sobre el panorama actual de la producción artística en España
Constantino Molina escribe un manifiesto contra la idealización de la pureza y el mercadeo cultural, en un paisaje de descontento y plena crisis de la subjetividad

Termino de leer Niño parabólico, de Constantino Molina (Pozo-Lorente, Albacete, 40 años), y experimento un episodio cuántico. Ese instante ahora metafísico, nombrado así gracias a la filosofía, es un momentum del que Molina se sirve para hablar de aquellas ocasiones en las que se nos revela una certeza en una intimidad compartida (o no). Solo entonces nos encontramos verdadera y paradójicamente solos. En la televisión, salen Los del Río cantando el himno hoy global que captó la esencia española para 1993. Ese fue el año en el que nací yo, pienso. Mientras, mi suegra se queja de la humedad desde el sofá reclinable contiguo y mueve con timidez, al compás de aquellos alalás de acento andaluz, sus piecitos en el aire.
Molina nos ofrece —tras la publicación de algunos poemarios estimulantes y luminosos— Niño parabólico, un libro excelente en clave autobiográfica, en el que se oye hablar copiosamente (eso sí, no con muchos interlocutores) y se abordan un sinfín de asuntos, cuya naturaleza oscila entre lo más elevado y lo más llano: se escribe tanto de Miguel Milá como de los bollycaos; del viejo loco que despacha en su tasca favorita como de Carme Pinós, Javier Marías o Virginia Woolf. Al margen de esto, no me atrevería a considerarlo novela, o no directamente. ¿Tal vez diario, cuaderno…? Puede que tuviese la poca cautela de encorsetar el libro en un género en prosa, de cercenar parte de su vida, si nos encontrásemos en el XIX y Molina fuese coetáneo de Gómez de la Serna o Eugenio Noel, que escribió La novela de la vida de un hombre; empresa que, para Noel, como también para Molina, se trató del cuento de nunca acabar. En cualquier caso, y traicionando el dicho aquel de que la falta de prudencia es atrevida, al cerrar sus páginas parabólicas llego a la conclusión de que Constantino Molina no es un autor de este siglo, pues ha escrito su propia automoribundia.
La obra es un compendio brillante de experiencias vitales en puro alud, en el que se recogen los temas principales del ser humano: la infancia, el paso del tiempo, el amor y la muerte; no obstante, codificados por su propia vivencia, como es natural, que para eso se pide la palabra. Por ejemplo, Molina, como El caminante sobre el mar de nubes, de Caspar David Friedrich, desea retratarse en lo que da en llamar la Proa de Madrid, un edificio alto del barrio de Argüelles, encallado en el paseo del Pintor Rosales, a la altura del número 82. Esto no es azaroso, porque para el escritor “en ese vértice la ciudad se acaba de manera tajante, delimitando la frontera entre lo urbano y la naturaleza mediante un corte limpio”. Esta hazaña, la de llegar hasta ahí, es su viaje del héroe o aventurilla principal, que no la única. Lo que lo frena, sin embargo, es que se trata de un inmueble privado y tiene que pedir permiso. Una lástima esto de la propiedad privada, todo hay que decirlo. Al mismo tiempo, Molina escribe un proyecto nuevo de poesía —que más tarde sabremos que se titulará Premio Cervantes—. El asunto aquí es que la prosa de Niño parabólico sale a borbotones, no exenta, eso sí, de mucha disciplina; la misma con la que Montaigne, Vicente Aleixandre o Goya se enfrentaron a sus porvenires artísticos en los momentos aciagos y que Molina disecciona. A lo largo del texto, y esto es importante, se menciona levemente el trabajo alimenticio del escritor, para que el otro oficio, que también es trabajo, aflore. Porque lo que planea sobre el texto es algo muy serio, una crisis general de la subjetividad tan grande como un país. También que cualquier carrera o competición por prosperar al tiempo será polvo de estrellas.
Las inquietudes metafísicas de Constantino Molina tienen que ver con eso que nos conduce, aunque no sepamos muy bien de qué se trata, al borde de un trance de ruptura existencial
Las inquietudes metafísicas de Constantino Molina tienen que ver con eso que nos conduce, aunque no sepamos muy bien de qué se trata, al borde de un trance de ruptura existencial. ¿Te duele España? Escribe. ¿Te has enamorado de una chica noruega? Escribe. ¿Te quieres quedar embobado mirando Las meninas? Venga, ponte a escribir. ¿Qué puede ir peor? ¿Y si hacemos hablar al final del todo a Felipe VI sobre la transmutación y entonar un poema hipotético de Fernando Pessoa? La nueva subjetividad, que es la subjetividad de siempre, no se hace sola. En este sentido, el libro tiene mucho de juego, puesto que está escrito por un absoluto Homo ludens. La propuesta del autor para salvar tan magno abismo y empezar de nuevo, ya que el tiempo es circular, es resetear el yo poético a través de la observación. De este modo, y por medio del niño parabólico que es el poeta, conseguiremos que la física y la poesía se encuentren en una suerte de Big Bang lírico.
Tras Los del Río, aparece Bertín Osborne hablando sobre el emérito. Luego, una concursante de varios programas de telerrealidad que ha tenido un año tumultuoso, y es entonces cuando atravieso mi segundo momento cuántico y me convierto, por fin, en una niña parabólica. Es todo lo que siempre he querido.

Niño parabólico
Periférica, 2025
200 páginas. 19,50 euros
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.
Archivado En
Últimas noticias
Rebajas de enero 2026: ¿cuándo empiezan los descuentos de Zara, Mango o El Corte Inglés?
La ‘rave’ del pantano del Cenajo de Albacete amenaza con durar hasta el día de Reyes
Will Smith, demandado por un violinista de su última gira por presunto acoso sexual y despido injustificado
La policía de Indonesia investiga si hubo negligencia en el naufragio de un barco con españoles
Lo más visto
- Al menos 40 muertos por un incendio en el bar de una estación de esquí en Suiza
- El vestido de Cristina Pedroche en las Campanadas 2025: un traje hecho con sus anteriores estilismos y en recuerdo a las personas con cáncer
- Campanadas 2025, de Pedroche a José Mota: baratas, escasas y recicladas
- Nuevas reglas de tráfico para 2026: los conductores que no señalicen con la baliza V16 serán multados
- Los cuatro puentes largos que hay en 2026 y el resto de festivos del calendario laboral




























































